Visionado: ‘Begin Again’, de John Carney. ‘Que la música haga su trabajo’

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cuatro estrellas

Afortunadamente, todos los veranos encontramos ese resquicio cinematográfico de frescura por el que poder respirar entre una taquilla hecha a la medida de una estación tan deseada como absurda. Este año nos lo ha proporcionado el director irlandés John Carney, quien hace siete años abrió con la maravillosa Once la puerta hacia un nuevo tipo de película musical, más realista y comprometida, pero también repleta del optimismo inherente de las comedias trabajadas e ingeniosas. Begin Again, su nuevo y absoluto homenaje a la música pop-rock, no solo se ha convertido en un fenómeno aupado por el boca a boca sino que se suma sin complejos a ese listado particular de films contemporáneos que se hacen entender por los acordes de una guitarra, como lo han sido en el último año A propósito de Llewyn Davis, Alabama Monroe o el documental Searching for Sugar Man.

El quinto largometraje de Carney es una suerte de Once, pero revisada para un público más mayoritario, cambiando Dublín por Nueva York, sin que por ello pierda su fabuloso paralelismo en el núcleo de un argumento que va mucho más allá del chico conoce chica. Concretamente, una primera parte de la película la componen los dos brillantes y precisos flashbacks de sus protagonistas: el tocamiento de fondo de un productor musical recién despedido (Mark Ruffalo) y su encuentro con una compositora británica (Keira Knightley) abandonada por su novio músico, que acaba de hacerse enormemente famoso (Adam Levine, líder del grupo Maroon 5). Diferentes pero iguales, y ayudados por su compartida desolación, ambos ponen en marcha la segunda parte de la historia cuando deciden trabajar juntos en la edición de un álbum grabado al aire libre, por las calles, parques y azoteas de la Gran Manzana, fuera de la contaminación de la industria y con músicos desconocidos, para dejar que sea la música la que haga su trabajo.

Descubrimos así el diamante de la película, más de una docena de canciones insertadas en un maravilloso guion (obra también de Carney) que hacen de la música la verdadera protagonista de la película. Su alma máter es el cantante, compositor y productor estadounidense Gregg Alexander, creador de ese grupo llamado New Radicals que lo petó con un único álbum (Maybe You’ve Been Brainwashed Too) a finales de los años 90. Junto a sus letras y melodías, aparecen los nombres de otros tantos compositores, arreglistas y letristas como James Corden y el propio director, y donde destaca el nombre de Danielle Brisebois, compositora que colabora con Alexander desde hace más de veinte años y cuya historia recuerda de manera muy curiosa al papel de Keira Knightley en la película. Canciones como Lost Stars (en dos versiones, la acústica interpretada por Knightley y la industrializada a la que pone voz Devine),  Tell Me If You Wanna Go Home, A Step You Can’t Take Back o Like a Fool suenan como si siempre hubieran formado parte de nuestra vida. ¿Cómo se consigue eso? Ni idea. Pero esperamos que ni el cine ni la música puedan nunca dar respuesta objetiva a algo que es producto de la sensibilidad.

También es cierto que en la magia de las mejores escenas de Begin Again resultan destacables las interpretaciones de los dos protagonistas. Knightley rebajó su caché y persiguió al director hasta hacerse con un rol que le queda como un guante y al que contribuye adorablemente espontánea y con una fabulosa voz solista. A Ruffalo da gusto encontrarle fuera del cine fantástico y de los superhéroes como un crápula carismático y arrollador. En cuanto al resto del reparto, el cantante de Maroon 5 sorprende en lo que prácticamente supone una autocrítica a todo su trabajo; la guapísima e imparable Hailee Steinfeld como hija de Ruffalo sigue aportando la misma sobriedad que en Valor de ley y El juego de Ender; al igual que la envidiable madurez de la musa ‘indi’ Catherine Keener. Como curiosidad, el simpático cameo del actor y rapero Mos Def interpretándose a sí mismo y con un papel crucial en la historia.

Hay además en esta película otros ingredientes que consiguen que olvidemos cierta ingenuidad y complacencia en sus diálogos. Escenas como aquella en la que Ruffalo imagina el acompañamiento instrumental de una de las canciones, el paseo de los protagonistas por las calles de Nueva York escuchando canciones para demostrar que “la música convierte cualquier banalidad en algo bello” o las grabaciones urbanas e improvisadas, eclipsan casi todo lo demás. Es más, hay que esperar al final, y casi a su original epílogo, para descubrir que Begin Again, bajo su apariencia de comedia simpática y chispeante, esconde una dura crítica a la industria musical y a su marcada apuesta por la industrialización de aquello que únicamente necesita su esencia instrumental para brillar. Se autoparodia a sí misma al defender que cualquier canción muere al “ponerla en una película” pero al mismo tiempo nos demuestra, con realismo y buen gusto, que siempre puede haber una excepción.

A continuación, el tráiler subtitulado y seguidamente una de las mejores canciones de la película, Tell Me If You Wanna Go Home:

 

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