Visionado: ‘Searching for Sugar Man’, de Malik Bendjelloul. ‘La grandeza de un misterio’

cinco estrellas
 
A finales de los años 60, un hombre toca su guitarra por las esquinas de Detroit hasta que dos productores se interesan por su música. Graba dos discos con filiales de la grandiosa Motown. Pero los álbumes son un fracaso comercial en Estados Unidos, ese hombre da algunos conciertos, no consigue apenas ventas ni público y desaparece en el olvido. Mientras tanto, en Sudáfrica, en plena época del Apartheid, las canciones de ese hombre se convierten en todo un himno revolucionario y llega a vender en este país hasta medio millón de copias, sin que él ni siquiera lo sospeche. Sus fans apenas saben nada sobre su vida, solo que se llama Sixto Rodriguez, que aparece refugiado tras unas gafas de sol en la portada de su primer vinilo y que los rumores o las leyendas urbanas dicen que se suicidó en pleno concierto.
 
Searching for Sugar Man arranca así con la historia de un misterio, de un nombre que no es más que una sombra, la obsesión de aquellos que le recuerdan porque marcó una época de sus vidas, un talento rescatado de la bruma de las calles, al que sin embargo resulta casi imposible llegar. Un mito ignorado en su país y admirado en la otra punta del mundo.
 
La cinta ganadora del último Oscar al Mejor Documental arranca con los testimonios cruzados de tres personas: un sudafricano de apodo Sugar que investiga el rastro del cantante, y los dos productores estadounidenses de sus primeros trabajos. Posteriormente, y en forma de rompecabezas, se añaden las declaraciones de los dos críticos musicales que iniciaron las pesquisas sobre el hombre difuminado, el desaparecido Rodriguez. Y al igual que en las mejores novelas de suspense, este inicio va formando la figura del cantautor de manera paulatina, a base de imágenes lejanas que poco a poco crecen y se hacen materiales y visibles conforme avanza el metraje.
 
La inteligente estructura narrativa de este documental, obra del sueco Malik Bendjelloul y donde se mezclan recreaciones de ficción con secuencias reales, cautiva desde los primeros acordes de ese tema, ya casi single tardío de Rodriguez, llamado Sugar Man. Su guion se teletransporta de las calles de Detroit hasta las de Ciudad del Cabo para construir un conjunto de muñecas rusas: tesoros que encierran otros tesoros aún más grandes. Al fin y al cabo, así sucede con los grandes misterios, o con el llamado efecto mariposa, que podemos comenzar a rascar con un alfiler y hacer caer todo un muro de contención.
 
Tanto es así, que podemos considerar esta sensacional historia como un doble regalo para el público. Por un lado es un relato real sobre la capacidad de un hombre para vivir con honradez, salir de la nada y volver a ella por propia elección, componer dos obras maestras de la música y aceptar que no existe garantía de éxito ni fama. Pero por otra parte, encontramos también toda una declaración de amor a la música en una etapa fundamental para el rock, de un misticismo sincero y nada superficial, que rezuma sentimentalismo del bueno, del que eriza el cabello. Aderezado todo con esas canciones de Rodriguez que casi ninguno conocíamos, pero que se te agarran como salidas de la pantalla nada más escucharlas. 
 
Creemos que han sido todos estos ingredientes los que han hecho que este documental esté arrasando en todo el mundo. A veces la clave es tan sencilla como hacernos creer que cualquier sueño es posible, que los milagros profanos existen, ya sea por el birlibirloque o por la obsesión melómana que nace de la admiración. No sabemos si nuestra vida cambiará como lo hizo la de los protagonistas testimoniales de Searching for Sugar Man, pero sí tenemos claro que somos más ricos: tenemos otra fabulosa historia que contar a futuras generaciones y un mito del rock, un poeta urbano más al que admirar y del que disfrutar. Y hasta aquí podemos leer. La sorpresa que encierra entre sus fotogramas este perfecto puzzle bien merece un respeto por nuestra parte.

A continuación el tráiler, y después nuestra canción preferida de Rodriguez, I Wonder. No podemos parar de escucharla.
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