Publicaciones de la categoría: De otros mundos y aventuras

Nuestra despedida

Hace diez años, Alicia Avilés Pozo y Dolores Sarto, periodistas y cinéfilas, comenzamos la aventura de este Planeta Cinetario para compartir nuestra pasión por el cine, que sigue traspasando los límites de lo racional.

Después de una década de críticas, homenajes, ‘versus’ contrapuestos, disecciones, píldoras, algunos premios y nuestra aventura en eldiario.es, consideramos que hemos terminado un ciclo. Nos despedimos de este proyecto no porque haya disminuido nuestro amor por el séptimo arte, sino porque todo círculo se cierra, y a este le llegó su hora.

Mantendremos nuestros posts en https://cinetario.es/ y https://www.eldiario.es/clm/cinetario/ para todos aquellos que quieran seguir visitándolos.

Decimos adiós con la misma melodía con la que comenzamos en 2009, la que Nino Rota compuso para ‘La Strada’ de Fellini. Y quién sabe, a lo mejor del cohete incrustado en el ojo de la luna de Méliès vuelven a salir habitantes algún día. Hasta siempre y mil gracias.

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‘Tiempo después’, de José Luis Cuerda: autotributo amanecista y social

Por Alicia Avilés Pozo

Hace poco se cumplieron tres décadas del estreno de ‘Amanece, que no es poco’, esa rara avis del cine español que ha provocado, a lo largo de los años, uno de los fenómenos de fans más singulares de nuestra cinematografía: los autodenominados ‘amanecistas’. Pocos filmes patrios han conseguido aglutinar la pasión primaria de tantos hombres y mujeres de toda idiosincrasia. Y mucho menos, en torno a una historia coronada como la más surrealista y absurda del séptimo arte ‘made in Spain’. Su director, José Luis Cuerda, intentó pocos años después repetir esa genial enciclopedia tridimensional del humor absurdo en ‘Así en el cielo como en la tierra’, pero no terminó de cuajar. Era lógico. En ‘Amanece’ lo había dicho casi todo: aborda prácticamente todos los temas universales que podamos imaginar, por imposible que parezca.

El caso es que también algunos años después comenzó a fraguarse en la cabeza del cineasta la idea de una distopía. También esencialmente rural, pero no solamente rural. Sí tenía claro que en ese mundo del futuro habría una clase social dominante y otra dominada. Sin medias tintas ni explicaciones vanas. El hecho de que los gobernantes y ricos se alojaran en el mítico edificio de las Torres Blancas de Madrid, en medio del desierto del Monument Valley de John Ford; o que los marginados y parados quedaran relegados a un paupérrimo campamento en un bosque, fueron aspectos del guion que surgieron después. Mucho tiempo después. Tanto “tiempo después” que al final no le quedó más remedio al cineasta albaceteño que regalarse un tributo. Beber del amanecismo que él creó y brindárselo a los fans que durante 30 años habían estado repitiendo sin complejos sus diálogos y disparates por España y parte del extranjero.

¿Por qué no? La película de 1989 siempre fue precaria en cuanto a producción, montaje y en algunas interpretaciones. Su culto traspasa su calidad, sin duda. ¿Por qué no demostrar que era capaz de montarse otra fábula con su recurrente fantasía futurista, pero repleta de guiños a ‘Amanece, que no es poco’? El post-apocalipsis, nada más y nada menos, señoras y señores. Y así lo hizo. Consiguió el respaldo financiero y un nuevo reparto de lujo, y allá que se puso. Con el resultado de una historia divertida, trepidante, nostálgica, inteligente y maravillosamente adornada (la producción artística no tiene nada que envidiar a los juegos futuristas de Hollywood) y, sobre todo, fabulosamente interpretada.

 

Ni uno solo de sus actores sobra. Están como recién salidos del horno de la magia del cineasta albaceteño. Destacamos desde luego a Roberto Álamo, a Miguel Rellán (la primera herencia amanecista), a Blanca Suárez, a Arturo Valls, a Carlos Areces, a Manolo Solo, a Gabino Diego (la segunda herencia amanecista), a Berto Romero, a Saturnino García (dichosos los ojos, ‘Justino’), y algunos cameos de Andreu Buenafuente y Eva Hache. Más de uno suelta algún que otro monólogo que bien le habría valido un Premio Goya. Y, por supuesto, no hay forma de entender cómo esta película ha sido tan abiertamente ignorada por la Academia. Al final de la gala, Buenafuente envió un saludo a Cuerda mencionando entre en barullo del escenario que el cineasta era “lo mejor del cine español” y seguramente por ahí iban los tiros.

Es probable que ‘Tiempo después’ no sea una película sembradora de premios. Pero no sería la primera vez que se ofrece algún tipo de reconocimiento a determinadas películas por lo que significaron en las carreras de sus directores. Cuerda ha tenido mucho reconocimiento con auténticas maravillas como ‘La lengua de las mariposas’, entre otras, y no hay que olvidar que gracias a él contamos hoy en día con ese genio llamado Alejandro Amenábar del que han bebido a su vez otros muchos. Su historia futurista es su forma de seguir soñando, de revisionar su propio mundo para darle un mensaje social del que ‘Amanece’ carecía y del que tan necesitados estamos. Es un acto de valentía.

Si un parado se desnaturaliza por vender zumo de limón, si los cantos del gallo ayudan a entrar en edificios inaccesibles, si la juventud no se compromete con las causas imposibles porque “ha quedao”, si los muertos visitan a sus asesinos para reconfortarles en sus noches de arrepentimiento y si la revolución definitiva al final será cutre y del todo bochornosa, qué más da. El mundo real, en la mayoría de las ocasiones, no ofrece cosas mejores. Mejor intentar desentrañar los discursos filosófico-humanistas de los marginados y apelar a la espiral del caos más absurdo. Disfrutar con ello. Darle la vuelta a la realidad cotidiana. Acompañar a Cuerda en su visión desmadrada del fin del mundo. Si total, hasta donde sabemos, siempre seguirá amaneciendo por donde debe.

‘Ralph rompe Internet’, de Rich Moore y Phil Johnston: inteligencia digital

Por Dolores Sarto

Era cuestión de tiempo. Alguien tenía que viajar por su imaginación para dar con el paradero de Internet e inventarle un aspecto animado. La factoría Disney ha realizado su particular descubrimiento del espacio virtual donde pasamos buena parte de nuestro tiempo. Y el resultado es espectacular. Al recrear la red, en la película ‘Ralph rompe Internet’, ha pintado una imagen de ciudad futurista frenética, caótica, pero también arrebatadora. Una megalópolis surcada por autopistas de correos electrónicos y poblada por rascacielos flotantes, sedes de las redes sociales más célebres, las webs más visitadas y los buscadores más frecuentados.

En cualquier caso, es el marco ideal para seguir las andanzas de una conocida pareja de amigos, Ralph (voz de John C. Reilly) y Vanellope (voz de Sarah Silverman). Para quienes no tuvieron el placer de conocerles hace algunos años, son los protagonistas de ‘¡Rompe Ralph’!, nominada a la Mejor Película de Animación en los Premios Oscar de la Academia de Hollywood del año 2012.

En esta ocasión, el ‘malote que no quiere serlo’ y la pequeña corredora de carreras electrónicas se embarcan en una nueva aventura de dimensiones digitales. Colándose primero por un router para escapar de los viejos videojuegos en los que viven, sumergiéndose en Internet y entrando en eBay, donde se endeudarán hasta las cejas al comprar un repuesto para una de sus máquinas. En ese nuevo territorio les pasará de todo: se toparán con un simpático spam que les llevará a los bajos fondos para hacerse con un virus; conocerán a una auténtica heroína del asfalto, curtida en un videojuego online y cada vez que se vean en apuros, acudirán a su particular oráculo, un motor de búsqueda con pinta de empollón.

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‘Los crímenes de Grindelwald’, de David Yates: cuando lo oscuro es necesario

Por Francisca Bravo

La jugada maestra de márketing que hizo J.K Rowling al escribir los guiones para una nueva serie mágica es indudable. Los acérrimos fans de Harry Potter encontraron en la novedad un nuevo nicho donde descargar las emociones que ha ido creando una de las colecciones más importantes de literatura y cine juvenil de la historia. Sin embargo, más allá de captar a este público, lo que ha ocurrido con la saga de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos ha supuesto un giro en cómo entendemos el mundo mágico. Newt Scamander, al que da vida un brillante Eddie Redmayne, cogió a todos los ‘potterheads’ y los sacó fuera de Hogwarts. De cabeza al mundo real, y con más magia que nunca.

En ‘Los crímenes de Grindelwald’ encontramos un trabajo que dista mucho de la primera entrega de ‘Animales Fantásticos’. Al cruzar las fronteras en un carro tirado por thestrals, Grindelwald, el villano, abre la puerta a una parte del mundo mágico desconocido hasta ahora. Personajes oprimidos, con un toque de maldad, miedo y desesperanza que la aleja del espíritu más juvenil de Harry Potter. Pero lo mejor, es que la historia no nos deja olvidar las entrañables paredes de Hogwarts y, además, nos presenta a Albus Dumbledore (Jude Law) y a otros profesores icónicos de la saga como Minerva McGonagall (Fiona Glascott).

Y es que siempre resulta entrañable volver a ver los vastos campos de la escuela mágica más importante de Gran Bretaña, y especialmente desde el punto de vista de un Hufflepuff y una Slytherin. Newt Scamander y Leta Lestrange ofrecen un romance adolescente que es suficiente para rememorar a Harry, Hermione, Ron y Ginny y no perder la esencia de la historia. Podemos conocer las rarezas del joven magizoologista y su paso por el instituto, además de disfrutar con alusiones divertidísimas a momentos inolvidables de los libros de Harry Potter, como ocurre con la aparición de un ‘boggart’.

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