Visionado. ‘Valor de ley’, de Joel & Ethan Coen. ‘Revisionismo de tiro al blanco’

 

cuatro estrellas

Parece bastante claro que cuando los hermanos Coen se remueven en sus sillas no lo hacen con la impaciencia del talento, pese a su prolífico y casi mecánico fluir de películas sino bajo la premisa de una inquietud, casi tan cíclica como las propias estaciones del año, que les lleva a embarcarse en una continua montaña rusa. Vaivenes de historias, guiones y aportaciones al estilo del multigénero que alternan obras maestras del cinismo y de un hilado y bizantino sentido del humor, con auténticos arrebatos de pedantería atropellada. Así, lo bueno (y lo malo) de Valor de Ley es haberse quedado a medio camino entre estas dos pautas. Algunos incluso agradecemos este vaso comunicante, que nos demuestra que estos amigos no tienen complejo de genios. Aunque hayamos echado de menos el puritanismo de estilo de Muerte entre las flores o El hombre que nunca estuvo allí.

Lo primero es conceder nuestro aplauso a lo que supone una perfecta adaptación del True Grit ya dirigido por Henry Hathaway en 1969 y al hecho de que sigan rescatando novelistas ‘eldorados’ y olvidados como Charles Portis. Valor el de estos hermanos haciendo el revisionismo de una película que no necesitaba ni boca boca ni recuperación salvo el reclamado a veces por la corta memoria cinematográfica. Homenaje, dicen ellos, casi disculpándose. Pero no hace falta la excusa porque lo cierto es que su reverencia a la historia ya filmada hace 40 años no tiene nada que envidiarle. Los Coen tiran sin arriesgar a un blanco enorme y fácil acertar, con fórmulas de Western poco modernizadas, pero con una intrépida dinámica narración que elogiaremos aquellos a los que se nos durmieron los pies con No es país para viejos o Un tipo serio. De hecho, por muy fácil que se la hayan puesto a sí mismos, lo importante es que este disparo sobre la historia de la niña vengadora de la muerte de su padre, muy Íñigo Montoya la mocosa, nos da entre ceja y ceja. Diálogos profundos y metódicos, personalidades ajustadas y firmes, acción galopante y tres cabalgando, a ratos juntos y a ratos separados. Vale, ya sabemos que Jeff Bridges no es John Wayne, pero nuestro querido Nota se pone chungo, interpreta con su afilado ojo izquierdo y hace una recreación tan sumamente divertida y a ratos enternecedora, del alguacil tuerto, borracho y de gatillo fácil .Rooster Cogburn, que huiremos de comparaciones anacrónicas. Como Matt Damon ( ¿este chico va en el contrato cada vez que Steven Spielberg escupe dólares por la boca?), casi irreconocible y con pinta de Butch Cassidy, que hasta resulta creíble como el ranger de Texas, Labeouf. Si esto no sirve para olvidarnos de los papeles de ambos en Tron Legacy y Más allá de la vida, bienvenidos sean. Sólo protestar por el escaso metraje que ocupa nuestro Gooni, Josh Brolin, que parece que siempre nos lo regatean.

La mención especial para la trenzada Hailee Steinfeld, que encarna a la niña Mattie Ross, con el corazón partido entre sus dos niñeros y compañeros de aventura, tan sobria y tan hierática como un ama de llaves de Hitchcock, y a la que en ningún momento quieres dejar de escuchar, con evidente complejo de inferioridad frente a su atemperada inteligencia y temeridad. Su proyección en el epílogo es tan coherente y triste que terminas por querer llevártela a tu casa para que te enseñe a no sufrir.

Nuestro equilibrio de apetencia y proclamas a esta película no olvida tampoco ni la profesional fotografía, de nuevo, de Roger Deakins, ni la espléndida banda sonora de Carten Burwell, colaborador habitual de los Coen, directores en ocasiones poco musicales, y que en esta ocasión le han dejado desplegar todo un todo un catálogo de melodías pegadizas de trotes y duelos que acompañan a la perfección las numerosísimas composiciones de lugar. Como no tenemos lealtades ciegas, podemos predecir que esta historia, aunque semi-comedia, no llegará a los altares de Fargo ni pasará el filtro de los que encumbraron el Sin perdón de Clint Eastwood, pero como nos da igual, la apuntaremos en la lista de los clásicos que dentro de unos años nos harán equilibrar y apuntalar el cine versátil de los O Brothers Cohen.



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2 comentarios

  1. ¡Es una obra maestra! Tendríais que haber puesto simple y llanamente eso.

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  2. Enric, es evidente que nuestra consideración no ha alcanzado tales cotas. Quédate con el final: quedará entre las grandes de los Coen.

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