Archivos de etiquetas: películas navideñas

Visionado: ‘St. Vincent’, de Theodore Melfi. ‘El cuento de nunca acabar’

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tres estrellas

Había una vez, en la América de los sueños rotos, un viejo ogro cascarrabias de costumbres relajadas. Borracho, putero y astuto, el tipo sabía, sin embargo, esconder un buen corazón. Un músculo sonrosado que, para su vergüenza, se le quedó al descubierto cuando el destino puso en su vida a un niño de familia desestructurada. Es decir, nada nuevo bajo el sol. Una vez más, con St. Vincent, Hollywood nos receta un cuento de Navidad que no es sino una comedia fabricada en serie con su dosis de buenas intenciones y humor sin grandes sorpresas.

Y esto no quiere decir que St. Vincent no sea divertida, lo es a ratos, pero basa buena parte de su chispa en el carisma y el estupendo trabajo de dos de los actores protagonistas, Bill Murray y Naomi Watts, que se sobreponen a un guión predecible en su relato, pero con algunos golpes cómicos que se dejan querer. Y así se nos dibuja el santo varón del título, un tal Vin, un abuelo sin descendencia, pero con un montón de deudas de juego a sus espaldas, enganchado a una prostituta rusa embarazada y principal valedor de un gato con el hocico muy fino. Un primor al que le cambia la vida cuando una madre divorciada ocupa la casa de al lado con su hijo. Vincent acabará ganándose un dinerillo cuidando al niño mientras que su progenitora pasa largas jornadas en un trabajo mal pagado. Ahí comienza la gracia porque el viejo cascarrabias se dedicará a darle al chaval lecciones de vida de una manera poco ortodoxa, pero al parecer, bastante productiva.

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‘Qué bello es vivir’, de Frank Capra: ‘¿Y si no hubieras nacido?’ vs ‘Bajo cristianas ilusiones’

que bello es vivir

¿Y SI NO HUBIERAS NACIDO?

“La vida de cada hombre afecta a muchas vidas. Y cuando él no está, deja un hueco terrible”. Un abismo. Mucho más grande que el que se abría, con el ímpetu de un río, ante un tipo llamado George Bailey (James Stewart). Un hombre que, amargado, desea una y otra vez no haber nacido. Hasta que la frase hecha y deshecha por la desesperación se escucha en el cielo donde deciden darle una lección. Le envían a Clarence (Henry Travers), un ángel cachazudo, sin alas, más extraviado que caído y algo tontorrón y le dan una misión: mostrarle a Bailey qué es lo que le hubiera ocurrido a su pueblo y a sus gentes si él jamás hubiera existido. El resultado es Qué bello es vivir, de Frank Capra, una fantasía loca, bella, cristiana y sentimental, pero con la suficiente imaginación y mala leche como para convertirse en una inmortal obra maestra.

en el banco

George Bailey es un hombre ingenuo, simpático, que vive en un pueblo llamado Bedford Falls y que se quedó sordo del oído izquierdo cuando, de niño, salvó a su hermano de morir ahogado. Y ahí comenzó su condena. Empezó a recorrer una vida, que sentía como prestada, porque tuvo que renunciar a todos y cada uno de sus sueños. Y es que siempre entorpecían los planes de otros, de muchos otros. Incapaz de escapar de su buen corazón, George dirige con muchas dificultades la empresa familiar de préstamos y consigue que muchos vecinos sin recursos de su localidad tengan su propio hogar. En su camino, siempre se cruzará con los intereses del despiadado banquero, el Sr. Potter (un malo de manual, tremendo Lionel Barrymore) el hombre de negocios cínico que, en realidad, no soporta la visión de George, quizás el tipo que podría haber llegado a ser él mismo si le hubiera tenido menos miedo al mundo.  En cualquier caso, Potter aprovecha el ‘oportuno’ descuido de un tío de Bailey, compañero de trabajo, para conducirle a la idea del suicidio.

desesperado

Qué bello es vivir!es, precisamente, una película superviviente. Un film creado por el imprescindible Frank Capra que soporta, con el paso de las décadas, la insistencia de los programadores de televisión, que la pasan una y otra vez por la pequeña pantalla, los chascarrillos de los espectadores que nunca la vieron, o el sambenito de historia gravemente edulcorada que le persigue sin hacerle justicia. Y, sin embargo, quien se acerca a ella sin prejuicios, se encuentra con una película inteligente e irónica. Ágil, llena de guiños ingeniosos sobre el amor, las diferencias sociales y las cosas de la vida, es una película que toca la fibra sensible con descaro y sin ningún tipo de complejos. Tiene, además, un gusto visionario por mezclar géneros (ese cuento que se topa con el melodrama bien humorado) y una crítica tan ingenua como imprescindible hacia un capitalismo insaciable que devora a sus propios hijos.

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