‘Quién te cantará’, de Carlos Vermut: melodía de mujeres y máscaras

Por Alicia Avilés Pozo

El costumbrismo sofisticado de Carlos Vermut es como una canción sin estribillo. Crees que te la sabes, que has desentrañado el núcleo principal sobre el que gira la letra de la película, cuando de repente todo se vuelve surrealista, se rompe la continuidad narrativa y te debates entre la admiración y el desprecio. Pero ocurre que el cineasta sabe cómo vestir sus crípticos relatos para que al final caigas en la trampa. Sucedió con ‘Diamond Flash’, sucedió con ‘Magical Girl’, y con más razón en ‘Quién te cantará’, su película más redonda en cuanto a la facilidad para identificar todo su simbolismo.

Sigue sin ser fácil, sin embargo, aceptar sus cartas. El cineasta no termina de encontrar el hueco existencial de sus personajes en el espacio que les rodea. Mantiene una lucha constante, diríamos que casi imposible, entre lo exterior y lo interior. Eso provoca que sus protagonistas sean tan extrañas como mágicas, magnéticas y cotidianas, y al mismo tiempo, lejanas y algo extraterrestres. La solución sí es sencilla: Vermut está fraguando cada vez con más fuerza su propia realidad cinematográfica con una sofisticada visión que poco o nada tiene que ver con nuestro mundo. Se disfraza de un elegante Pedro Almodóvar, se adentra en las pesadillas hipnóticas de David Lynch. Se lanza al precipicio y se salva.

En ‘Quién te cantará’, la llave de su arriesgado experimento son sus actrices. Najwa Nimri y Eva Llorach (barredora de premios) son las absolutas protagonistas de su compleja historia, que vuelve a someter al espectador a una radical lectura. La primera interpreta a una famosa cantante que ha perdido la memoria tras un accidente justo antes de volver a los escenarios; y la segunda, a la trabajadora de un karaoke y su mejor imitadora. Son Lila y Violeta. El mismo color con diferentes matices. Los mismos traumas con otros nombres de mujer. Mujeres rotas y paralizadas por el miedo. Y la misma canción saliendo de los labios de ambas con la misma intensidad pero con diferente voz.

Porque al contrario que en ‘Eva al desnudo’, Violeta no irrumpe en la vida de Lila para pasar de la sombra a la luz a costa del sabotaje. La melodía de Eva Llorach, cantada por Eva Amaral y entrando en el laberinto amnésico de Najwa Nimri, en sus juegos de máscaras y miradas, las perlas guardadas para las fabulosas Carme Elías y Natalia de Molina, esconden sorpresas insospechadas, la apertura del ataúd donde enterramos los sueños no conseguidos. Sueños zombis que todavía son capaces de bailar “pareciendo gilipollas”. De aplazar una decisión para adoptarla más tarde pero con otra ropa, otro nombre, otra determinación. Ahí el conmovedor final de la historia eclipsa todos los sentimientos anteriores.

Se está bien en esta trampa sin estribillo. Transcurre la película y sus extrañas y extemporáneas canciones mientras nos crece el antifaz en los ojos para aprender a mirarla y comprenderla. Si se arrastra un ligero escepticismo, queda mutilado en su magistral desenlace, un camino muy estrecho de dos finales en uno, “siguiendo la ruta de un pájaro herido”. Como lo cantan todas (las dos Evas y Najwa) en “Procuro olvidarte”:

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