‘Una mujer fantástica’ de Sebastián Lelio: la voz de los marginados

Por Francisca Bravo

Es prácticamente imposible no recordar ‘Laurence Anyways’, de Xavier Dolan, al visionar ‘Una mujer fantástica’. Y no sólo porque ambos personajes protagonistas sean transexuales, sino porque el chileno Sebastián Lelio logró crear una atmósfera única en medio de un Santiago oscuro para contarnos la historia de Marina (Daniela Vega), una mujer transexual que está enamorada de Orlando (Francisco Reyes), un hombre mayor que colapsa y muere en sus brazos. De esto nos hablan los colores en esta obra que llega hasta lo más hondo de una sociedad que tiene problemas para esconder una transfobia latente. “No entiendo lo que eres”, le espeta Bruno (Nicolás Saavedra), el hijo de Orlando, a Marina.

Marina se enfrenta a la muerte de su amante después de celebrar un cumpleaños, hacer el amor y mirar con optimismo hacia su futuro. La muerte de Orlando hace que la burbuja en la que nos presentan a los personajes se reviente y nos muestre la realidad de de la protagonista, una cantante de ópera que trabaja como camarera. Ella es consciente de su conflicto; es consciente de la dificultad que supone ser una mujer transexual. Por eso, huye cuando muere su amante, tras las miradas de sospecha de los médicos que reciben a Orlando. Por eso, esconde su dolor en una insípida cabina de baño público de una clínica sin nombre.

¿Cómo retratar la transfobia? ¿Cómo entrar en este universo tan particular y olvidado? Cabe recordar que ‘Una mujer fantástica’ fue un hito histórico para el cine chileno, sin recurrir a los temas más comunes: la pobreza, la dictadura o la transición a la democracia. En este sentido es una bocanada de aire fresco, pero que no permite bajar la guardia. Porque la importancia de esta mujer fantástica no sólo recae en lo impecable de los planos con los que trabaja Lelio, la pulcra elección del elenco y una Daniela Vega magistral, sino en dirigirnos hacia los problemas de los más marginados. Y si a esto, le sumamos canciones tan magistrales como ‘Natural Woman’ de Aretha Franklin, tenemos un trabajo que no debería dejar a nadie indiferente.

Es imposible olvidar la escena de la camioneta, del ‘pseudosecuestro’ perpetrado por los familiares de Orlando después de que Marina intente acudir al velatorio de su pareja. “Para mí, en esto hay pura perversión no más. Discúlpame, pero cuando te veo no sé lo que veo. Una quimera. Eso es lo que veo. Perdona”, le espeta la expareja de Orlando, Sonia (Aline Küppenheim). “Tú no vas a ir a ningún velorio, entiende ¿Cómo quieres que te lo diga? ¡Daniel!”. Daniel, la identidad abandonada, un guiño a la vida de Daniela Vega, el insulto más profundo. La hostilidad que recibe Marina por parte de esta familia empieza con palabras y acaba con una escena de violencia tan cruda que dejará al espectador tiritando.

Marina sigue en la búsqueda de un secreto, algo que puede ser un tesoro que le ha dejado Orlando, un fantasma que se le aparece de noche y de día, en sus momentos más vulnerables. Un fantasma que no la abandona cuando recibe visitas de la Policía y cuando es obligada a desnudarse para descartar que su relación con su novio fuese de violencia y agresión. La lucha constante de una mujer que finalmente ve cómo su futuro se ilumina en una de las salas de espectáculos. Esa es la historia que hay que buscar en ‘Una mujer fantástica’, ese es el mensaje. Teniendo todo en su contra, Marina logra salir adelante, su carácter así lo permite, porque es el resultado de una historia que es realmente la historia de todos aquellos “marginados” como ella.

Y la música. El arte. Así se lo dice su profesor de canto cuando en un momento de flaqueza va a visitarlo: “¿Viniste a mejorar tu técnica o a esconderte del mundo?”. “Yo no tengo problema en que vengas tarde, mal y nunca. Pero yo soy tu profesor de canto. Lírico”. “Y no eres mi psicólogo y no eres mi papá. Chuta, y a qué vine entonces?”. “El amor no se puede buscar”, remata el profesor. Y la pantalla se ilumina con un rostro diferente de Marina, que comienza a cantar enfundada en un vestido vaquero, movida por el amor, por la desesperanza y la soledad, y luego se nos muestra a una mujer que debe luchar contra una ráfaga de viento, que la hace doblarse y casi perder el equilibrio. Una metáfora del viento santiaguino para mostrar la fortaleza de una forma fantástica. Y la voz de Daniela Vega cierra también la película, sin haber dejado a nadie indiferente, ni siquiera en la alfombra roja de los Óscar.

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