Visionado: ‘Carol’, de Todd Haynes. ‘Instantes sin horizontes’

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tres estrellas

Al principio, fue tan solo una visión fugaz. Luego, un instante que lo llenó todo, un cruce de miradas que llevaba suspendida una certeza. Y entonces, sucedió. Dos mujeres comenzaron a enamorarse. Las dos mujeres que se encuentran en la película se llaman Carol y Therese. Carol (Cate Blanchett) es la mujer de un banquero, madre de familia y prisionera de una vida desgraciada. Therese (Rooney Mara) es una joven que trabaja de vendedora en un centro comercial, sueña con convertirse en fotógrafa y mantiene por inercia una relación amorosa con un muchacho de su edad. Therese descubre el mundo triste de Carol y, entre fascinada y abrumada, se deja llevar. Inician, despacio, una relación que se preocupan de ocultar en un primer momento.

El argumento de la película Carol parte de una anécdota personal que protagonizó la escritora Patricia Highsmith (Extraños en un tren; El talento de Mr. Ripley) cuando trabajó de vendedora en unos grandes almacenes siendo una joven veinteañera. Un día, alcanzó a ver, entre los mostradores, a una mujer “misteriosa” y “bella”. Fue aquel un encuentro fortuito que logró desconcertarla completamente hasta el punto de que, según cuenta el propio director de la película (Todd Haynes), llegó a enfermar. La pasión acabó cristalizando en literatura, en una novela llamada El precio de la sal: el punto de partida desde el que Carol realiza su viaje cinematográfico.

Carol es una película de una elegancia melancólica. Un film de miradas breves, que se cruzan a duras penas; de frases cortas que cuentan un mundo; de  gestos que se quedan a medio camino, pero en nuestra imaginación son capaces de emprender la huida para convertirse en una bella y natural expresión de amor. Es una cinta que recorre, a través de sus personajes, los instantes de una pasión prohibida en una época y una sociedad opresivas para la mujer.

Tal y como confesó durante su gira promocional, a Haynes le interesaba más capturar la representación pura del amor que detenerse en el aspecto lésbico de la historia. Y en ese sentido, tan solo habría que reprocharle que no lograra captar del todo la libertad que experimentan las dos mujeres al dar rienda suelta a sus sentimientos sin prejuicios. Al fin y al cabo, el de ellas es un amor oculto, sometido a ciertas circunstancias, pero también un territorio lleno de promesas, de desafíos. No es una pasión convencional en el marco de la época que vivieron.

Por ello, en la película se echa en falta la lucha, el reto, incluso el escándalo.  Las pasiones encontradas que viven y sufren los protagonistas acaban resultando demasiado sobrias, a veces torpemente educadas, tal vez demasiado conscientes de su destino inevitable. Una resignación a la que le sobra vehemencia, pero  que acaba quedando en el olvido en los  últimos instantes del film gracias a la magistral interpretación de Catte Blanchett. Otro instante sin horizontes en la película, capaz de encerrar un universo de significados.

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