Visionado: ‘The Imitation Game (Descifrando Enigma)’, de Morten Tyldum: ‘Héroes matemáticos’

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cuatro estrellas

Solamente el paso del tiempo sirve para hacer verdadera justicia a los héroes que ganaron guerras desde los frentes alejados de tanques y fusiles. Más allá del épico desembarco de Normandía, de las bombas atómicas y de la caída de Berlín, el final de la Segunda Guerra Mundial estuvo también en manos de personas que quizás no arriesgaron sus vidas, ni mancharon de sangre sus manos pero cuyas inquietas y científicas mentes hicieron que la balanza se inclinara por el rumbo de la historia europea que hoy conocemos. Mientras el mundo tiritaba de espanto con el avance casi sobrenatural de las tropas alemanas de Hitler, la instalación militar de Bletchley Park en el condado inglés de Buckinghamshire fue donde Alan Turing, matemático, criptógrafo y pensador, resolvió junto a un equipo de científicos los códigos secretos de operaciones navales nazis escondidos en la máquina Enigma.

De la factoría de los todopoderosos hermanos Weinsten, The Imitation Game (Descifrando Enigma) es el esperadísimo biopic de este genio de las ciencias exactas, interpretado por un majestuoso Benedict Cumberbatch que ya se prepara para su más que posible, y desde luego merecida, nominación al Oscar. La encarnación de este genio narcisista, soberbio, introvertido y valiente sobrepasa los límites de la pantalla con la mirada espigada y azul de uno de nuestros Sherlocks más queridos, recubierta de inteligencia y buen gusto, casi a la medida de su creciente talento. Le cortejan en el reparto la frescura de la siempre eficiente Keira Knightley como única cuota femenina, y grandes actores británicos de la talla de Mark Strong, Charles Dance, Matthew Goode o Tuppende Middleton, todos en estado de gracia.

El escritor Graham Moore debuta en el guion con la adaptación de la biografía de Turing escrita por Andrew Hodges, convertida en la gran pantalla en un thriller histórico a las órdenes del cineasta noruego Morten Tyldum, conocido por la gamberra Headhunters y que dirige por primera vez fuera de su país. La sobriedad en las secuencias y un endiablado ritmo narrativo son las marcas personales del relato, que aborda el trabajo desarrollado por Turing y su equipo en la descodificación de Enigma durante la Segunda Guerra Mundial, acosado por las encomiendas del ejército inglés, las presiones de los altos mandos y las estrategias de los servicios de inteligencia. En paralelo se suceden incisivos saltos temporales al pasado (la adolescencia del matemático en un internado) y al futuro (la caída en desgracia del protagonista en los años 50).

Tres líneas de narración perfectamente encajadas en una escalada argumental en la que únicamente sobran algunas escenas bélicas, muy breves y sutiles, pero que poco aportan a las conclusiones de la película. Su trama y diálogos son lo suficientemente fuertes, irónicos y originales, a caballo entre el interés humano y el científico, para constituir por sí mismos, sin necesidad de imágenes épicas ya vistas mil veces, una fuerte filosofía emocional. Los héroes matemáticos capitaneados por Turing no solo se enfrentan al desafío criptográfico más importante de la historia sino también a la arrolladora personalidad del científico, convertido asimismo en otro enigma distinto al de la máquina pero igual de complejo y apasionante.

Por todo ello, resulta especialmente admirable la honestidad y sencillez con la que Cumberbatch en su piel y Tyltum tras las cámaras, nos descubren la pena vital y traumática de este personaje, su visión del amor personalizada en el bautizo de su máquina como ‘Cristopher’, su trágico final condenado por su condición homosexual y su entrega a una causa que parece perdida porque nadie sabe buscarla o porque, como dice esa frase repetida tres veces y que completa su círculo al final de la película, “a veces la persona que nadie imagina capaz de nada es la que hace cosas que nadie imagina”. Puede que a ratos peque de cierta simpleza o excesiva compasión por el protagonista, pero a esas alturas del metraje, las concesiones de director y guionista ya están más que perdonadas. Es más, cuentan con la estupenda fantasía musical del maestro Alexandre Desplat, que da a luz otra magnífica banda sonora para la historia.

Tampoco queremos dejar de mencionar que no es la primera vez que Alan Turing es objeto de culto en el séptimo arte. Producciones televisivas y cinematográficas anteriores ya intentaron reconstruir la figura de este mago de la computación, padre de los ordenadores y de los códigos binarios. The Imitation Game forma así parte de la restitución de su legado y de su figura. Teniendo en cuenta que hasta 2009 el Gobierno británico no se disculpó por el trato que dio a Turing durante sus últimos años de vida y que hasta 2013 no recibió el indulto, no está de más que el cine contribuya a que estas figuras de la historia, para muchos desconocidas, sean objeto no ya de nuestra ignorante curiosidad, sino de nuestro respeto y profunda admiración.

A continuación el tráiler y seguidamente una de las piezas musicales de Desplat, del inicio de la película:

 

 

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