Visionado: ‘Gravity’, de Alfonso Cuarón. ‘Para dejarse flotar en la belleza’


cinco estrellas

 
Para cualquier cinéfilo que se precie, no hay mayor satisfacción que darse cuenta de que está siendo testigo de un avance en la historia del cine. De que aunque su arrebatado disco duro de películas parece muchas veces no dar más de sí, existen momentos mágicos en que detecta que el cerebro está reaccionado a una belleza nunca antes vista. Gravity es ya esa nueva forma de soñar. Una odisea espacial repleta de originalidad, buen gusto y perfectísima técnica que se nos ha quedado grabada en la psique como esos cuadros que no puedes dejar de mirar por más que quieras.

Un atronador silencio desde el espacio, contemplando La Tierra a medias, en el que poco a poco se va escuchando una breve música y las primeras voces encasquetadas en trajes espaciales, componen uno de los arranques más impresionantes que hemos visto. Después, la cámara se acerca, se aleja, rodea y acaricia a los protagonistas: la doctora Ryan Stone (Sandra Bullock) y el comandante Matt Kowalsky (George Clooney), que trabajan en la reparación de un satélite durante una misión exterior. Tras esta breve presentación de dos personajes contrapuestos en personalidad, la gran experiencia audiovisual comienza cuando una lluvia de basura espacial impacta sobre ellos y ella queda a la deriva en el espacio.

Casi imposible resulta describir el cúmulo de sentimientos en zig zag, entre la maravilla y el terror, que se desatan a partir de ese momento. El mexicano Alfonso Cuarón, en estado de gracia tras reservarse para la ocasión desde la ya lejana y magnífica Hijos de los hombres, decide que el espectador se ajuste desde ese momento el traje espacial de la doctora Stone, metiéndonos y sacándonos de su casco, dándonos el vértigo de la nada, viviendo en ella, y no con ella, una space movie experimental, con una heroína a lo Major Tom que se debate entre sobrevivir o dejarse ir.
 
De esta forma se comprende que el argumento solamente sea una excusa para contemplar la angustia desde otra perspectiva. No es aquella que todo el mundo se empeña en comparar erróneamente con 2001: Una odisea del espacio, cargada de simbolismos y alegorías en las que Gravity apenas se detiene, sino más cerca de cualquier drama existencial, íntimo, donde la cercanía de la muerte hace que todo, incluso esa Tierra que da vueltas y que no dejamos de contemplar, sea un simple consuelo. El guion hace uso de algunos elementos afectivos, como el drama personal de la doctora Stone o el vínculo emocional con Kowalsky, para abundar en un sentimiento de angustia que las imágenes y la acción ya provocan por sí solas.
En la sugestión del espectador cumple un papel embellecedor una increíble banda sonora que casi percibimos como tercer protagonista. El compositor Steven Price ejecuta una astronómica partitura de tensión y épica que solo se silencia en contadas ocasiones, y que incluso vibra y sublima cuando creemos no escuchar nada. Crece conforme lo hace el deseo de luchar y sobrevivir, y se hace orquesta en un final a la medida de la película, cuando ayuda a que ese último contrapicado corporal nos haga sentirnos tan pequeños como grandioso es lo que hemos contemplado.
“Quien no arriesga no gana”, frase manida donde las haya, adquiere en esta película un significado más grande en boca de una Sandra Bullock embellecida en su naturalidad, a la que despojamos de toda su irregular carrera, sobre todo en ese plano fetal, uno de los más conmovedores de la cinta. Una historia para ver en pantalla grande, para dejarse flotar en la belleza, para soltarse de lo que nos ata y contemplar la existencia del mundo desde fuera del mundo, en órbita, sin gravedad y sin peso, donde la vida es imposible. Espectadores ligeros y caóticos. Casi libres.
A continuación uno de los muchos tráilers de la película y después una lista de reproducción de la fabulosa banda sonora:

 

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2 comentarios

  1. “Para cualquier cinéfilo que se precie, no hay mayor satisfacción que darse cuenta de que está siendo testigo de un avance en la historia del cine.”
    Coincido plenamente. Según escuché en la noche de los Oscars, Alfonso Cuarón tardó cinco años en desarrollar la tecnología necesaria para llevar a cabo este prodigio de la técnica. Desde luego, se nota: verla en cine en 3D es una auténtica gozada para los sentidos.

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    1. Fue la sensación que con más intensidad estuvo presente cuando vimos la película. No sucede a menudo. Y nos alegramos mucho de que todo ese esfuerzo que mencionas haya sido recompensado, no ya con los Oscars, sino con la taquilla. Gracias por tu comenrario, Livingstone.

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