Visionado: ‘Tú eres el siguiente’, de Adam Wingard. ‘Slashers sí, bodrios no’

 
una estrella
 
Entre los numerosos subgéneros cinematográficos que han ido apareciendo en las últimas décadas debido a la multiplicación de los estrenos y producciones, se encuentra el ‘slasher’. Su digna inclusión dentro de la categoría del terror y su identificación con psicópatas enmascarados que se dedican a matar jóvenes en plena efervescencia sexual, ha convertido esta etiqueta en una de las mejores garantías de taquilla. Con raíces temblorosas en la serie B, y desde Pesadilla en Elm Street hasta las sagas de Scream y Destino final, los adolescentes sometidos a las burradas de un loco también se han ido sofisticando con el tiempo.
 
Pues bien, por mucho que nos digan, ni por asomo es el caso de Tú eres el siguiente. Estrenada en el Festival Internacional de Toronto hace dos años, pero recién llegada a nuestro país, esta cinta del escritor y cineasta Adam Wingard es uno de los engaños publicitarios más solventes de los que hemos sido víctimas en mucho tiempo. No es solo que la historia de una familia numerosa que se ve atacada y masacrada por un grupo de enmascarados provoque desde el principio un bostezo tamaño elefante, es que conforme avanza, todo empeora casi de forma inverosímil.
 
La historia es predecible hasta el infinito, los actores se comportan como si estuvieran en la casa del terror viendo a un muñeco dar vueltas sobre sí mismo (hacía tiempo que no asistíamos a una interpretaciones tan terribles), las que se suponen que son las escenas violentas están resueltas con planos cortados y elipsis que eliminan cualquier gusto por el gore, y el guion se cae y se levanta tantas veces que acabas queriendo empalar a los buenos, a los malos, a los del sonido y, sobre todo, a la script (innumerables los fallos de racord).
 
Seguimos insólitos por algunas de las críticas que no paramos de leer sobre este bodrio incatalogable. Que si hay homenajes y que si recupera la esencia de no sabemos muy bien qué. Se nos tiene que haber escapado absolutamente todo, pero está claro que no vamos a volver a verla para comprobarlo. Con lo fetichistas que somos y lo en serio que nos tomamos siempre los símbolos, y hasta las caretas ovinas nos hacían reír al mínimo movimiento. Y esa falta de empatía iconográfica no puede ser solamente culpa nuestra. Eso sí, muy chula versión que el grupo bilbaíno Mind the Gup hace del tema Looking for the magic, de Dwight Twilley Band, y que se repite en bucle en un alarde de sistematización musical que te deja más frío que otra cosa.
 
Nuestra perplejidad por haber asistido a una película de un cutrerío tan perfecto nos obliga a volvernos pancarteros por una vez: slashers sí, bodrios no, gritamos desde aquí. Que viva el terror a los borbotones de sangre creados para el gusto del público y que avanzan en originalidad e incluso en métodos de tortura. Pero que mueran las tomaduras de pelo, el marketing ya no engañoso sino manipulador, y el insulto a la inteligencia exigible para saber dar miedo, para saber cazarnos de verdad.
 
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