Visionado: ‘Star Trek: en la oscuridad’, de J. J. Abrams. ‘Trepidante entretenimiento’

tres estrellas

La nueva entrega de la franquicia de Star Trek, firmada por J. J. Abrams, es un entretenimiento trepidante que bien vale una buena tarde de cine. Tiene el encanto de las aventuras bien pergeñadas, acción muy bien elaborada y dosis de humor. Sin embargo, los guiños a los fans de la saga se prodigan demasiado, tanto, que se convierten en un tic que mendiga, demasiado explícitamente, su bendición.
En esta ocasión, la historia comienza cuando la tripulación del Enterprise logra salir airosa de una misión en un planeta, aún sin civilizar, y situado en los confines del universo conocido. A su regreso, el capitán Kirk (Chris Pine) y su segundo, Spock (Zachary Quinto), se dan de bruces en la Tierra con un nuevo problema. Un atentado de proporciones desmesuradas acaba de asolar la ciudad de Londres. El autor de la masacre es John Harrison (Benedict Cumberbatch), ex miembro de la Flota Estelar. A la Enterprise, entonces, se le asigna una nueva misión: perseguir y atrapar a Harrison para acabar con su inesperada y aterradora amenaza.
En la oscuridad cuenta con muchas de las virtudes contempladas en el manual del buen cineasta. Por un lado, tiene una secuencia inicial que recuerda la exuberancia adrenalítica de las entregas de Indiana Jones (al realizador se le escapa el fervor a su ‘padre artístico’, Steven Spielberg). En ella, aterrizamos bruscamente en una persecución donde unos ‘encalados’ alienígenas, de una tribu primitiva, persiguen para dar caza al capitán Kirk. Además, el film cuenta con un actor monumental encarnando al villano, Benedict Cumberbatch, y con las dosis adecuadas de vitalidad que requieren unos personajes que hace tiempo se convirtieron en iconos.
De este modo, el capitán Kirk y Spock ‘bailan al son’ de su conflictiva y entretenida amistad, mientras que el propio Spock brilla en soledad con su irresistible flema, gracias a que protagoniza algunas de las mejores secuencias (Zachary Quinto sigue apropiándose del personaje con dignidad y talento). Pero al personaje también le da tiempo para jugar al tira y afloja sentimental con Uhura (Zoe Saldana). Llama la atención, sin embargo, cómo otros secundarios resultan un tanto fantasmales o bien presencias prescindibles, como el de la científica Carol Marcus (Alice Eve), que no aporta demasiado a la trama. Su aparición únicamente parece justificarse por el posado en ropa interior que luce para alegría y desconcierto de un capitán Kirk que siempre parece estar de servicio para las féminas.
Sin embargo, el principal aliciente de la película es su villano. Cumberbatch da una lección de clase desplegando su arsenal de matices interpretativos para componer la tensión vital de un personaje inquietante y traumatizado, de un hombre con increíbles cualidades sobrehumanas. Un personaje que esconde muchos secretos y, una vez más, nuevos guiños a los seguidores de la saga. La escena en la que Harrison se emociona al confesar la amarga historia que arrastra es la más inquietante de toda la película. Por cierto, el actor tiene una de las voces masculinas más fascinantes que han podido ser escuchadas en el cine, en los últimos tiempos.
Aunque el director J.J. Abrams tiene el detalle de respetar al espectador virgen que todavía desconoce a los personajes y a la saga Star Trek, esta es una película demasiado consciente de sí misma y de las expectativas que le rodean. Se echa de menos cierta independencia, cierta frescura o cierta revolución interna que pusiera patas arriba el universo trekkie con alguna audacia ingeniosa, capaz de convencer a los más conservadores fans de la saga. Somos conscientes de que quizás pidamos demasiado, aunque lo cierto es que han existido cineastas con los arrestos suficientes como para encontrar esta piedra filosofal. Sin ir más lejos, Christopher Nolan supo hacerlo al coger las riendas de las películas de Batman.
Dentro de poco, el mismo Abrams tiene por delante un nuevo y más difícil reto donde podrá mostrar su capacidad para reinventar la saga de ciencia ficción más grande de todos los tiempos: Star Wars. Talento no le falta para ser un gran artesano, aunque para resucitar la franquicia quizás se necesiten las dotes de un visionario.
 
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