Visionado: ‘Antes del anochecer’, de Richard Linklater. ‘Un ocaso que deslumbra’

 cuatro estrellas

Casi 10 años después, los espectadores volvemos a encontrarnos con Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy) inmersos en su ‘orgánica’ historia de amor. Los vemos, en esta ocasión, al sur del Peloponeso (Grecia), en un bello paraíso del Mediterráneo, compartiendo una vida juntos y siendo padres de dos niñas gemelas.  Están de vacaciones, en casa de un grupo de intelectuales donde Jesse saca adelante su última obra y la feminista Celine intenta ‘meterse’ en el único traje que tiene disponible en aquellos lares: el de madre, cocinera y ama de casa.
Sin embargo,  ese plácido verano que funciona como telón de fondo para la historia, se convierte en un momento catártico donde irán apareciendo las miserias que la pareja ha ido alumbrando a lo largo de su relación. Aquellas que  se han ido dejando por el camino y que les enfrentan, cara a cara, a sus propias decisiones. Las que no tienen vuelta atrás o exigen la felicidad como único sacrificio.
Y es que Antes del anochecer nos muestra la imagen del paso del tiempo en el reflejo de una relación sentimental que se creía invencible, mientras la pasión alimentaba fantasías e ignoraba las diferencias. Sin embargo, con el desgaste inevitable de los años, las experiencias comunes de Celine y Jesse fueron atrincherándolos, a cada uno, en sus propios miedos o en lo que quedaba de su propia identidad. Y en ese punto, explota el detonante.
La intensidad emocional de la película bebe de pequeños instantes llenos de humor, de amargura, pero también de fruslerías. De conversaciones íntimas y seductoras, compartidas por una pareja que parecía haber perdido la capacidad de sorprenderse, o bien junto a un grupo de amigos, durante una buena sobremesa. El sexo y los primeros instantes de un flechazo, las historias agotadas, el egoísmo de los hombres, las mujeres que viven para los demás, el sentimiento de culpa que no logra esquivarse o esa vida empeñada en escaparse mientras nos deja al margen. Son muchos y muy interesantes los temas que fluyen a lo largo de la película con una naturalidad abrumadora. 
Y es así gracias a unos diálogos que se las saben todas para resultar convincentes y convertirse en cómplices del espectador. Hay mucho esfuerzo, mucha  estudiada creatividad detrás de las palabras. Quizás  también demasiada experiencia vital de los tres autores del guión (Richard Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy) fundida con la vida paralela que han llevado los personajes, en la imaginación de este trío creativo, a lo largo de los años. El resultado final, en cualquier caso, es impresionante.
La película reserva momentos muy especiales. Como aquel en el que la anciana comensal reconoce que ha olvidado los rasgos del marido fallecido, mientras brinda por ‘los que estamos de paso”. O aquel otro en el que Julie Delpy tuerce amargamente el gesto mientras contempla cómo se oculta el sol. Y, por supuesto, el final, para nosotros más abierto y enigmático que nunca, aunque pudiera parecer que la cámara se aleja definitivamente de los protagonistas.
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