Homenaje: Sara Montiel. ‘Desde La Mancha hasta Hollywood’

Llega un momento en que una estrella de cine es mucho más que una persona. Cuando se hace leyenda, cuando se convierte en símbolo y referencia de varias generaciones, cuando sobrepasa los límites de un país y empieza a dar forma a los sueños de hombres que la aman y mujeres que la imitan en todo el mundo, abandona su individualidad y adquiere la forma etérea de los antiguos dioses. Así se crean los mitos. Y nuestra Sara Montiel, que murió esta semana, fue uno. Lo que ayuda a concebir esa subida a los altares es que llegó hasta lo más alto en tiempos difíciles, digamos que casi imposibles, para que una muchacha de pueblo, hija de agricultores, diera con sus pies en tierras californianas y le hiciera sombra a algunas rubias estrellas con su voluptuosidad, belleza y elegancia.
 
María Antonia Abad Fernández, nacida en 1928, pasó su infancia y adolescencia entre los molinos manchegos de Campo de Criptana (Ciudad Real), donde vino al mundo, y la localidad alicantina de Orihuela. Recibió una educación muy primaria y elemental, que supo sustituir por una temprana atracción por el mundo de la canción. La joven se arreglaba y cantaba delante del espejo como una auténtica artista, y nunca pensó que sería cantando una saeta durante una procesión de Semana Santa cuando cambiaría el rumbo de su vida. En ese momento la fichó el productor Vicente Casanova y comenzó a aparecer en papeles secundarios de películas como Te quiero para mí y Empezó en boda, ambas de 1944. 
 
 
Años oscuros se vivían en España. La victoria del bando nacional, que no la paz, planeaba sobre las vidas de los supervivientes de una mortífera guerra civil, un país en blanco y negro que olvidaba a marchas forzadas su reciente pasado libertario y avanzaba hacia atrás. En este contexto, gracias al gran éxito de Locura de amor (1948), de Juan de Orduña, Sara decidió que el mundo era más grande de lo que querían hacer creer, y ella, algo más que una cara guapa. Partió rumbo a México avalada por esta película. Entre finales de los años 40 y comienzos de los 50 la actriz encontró en este país reconocimiento y éxito en cintas como Cárcel de mujeres, Piel canela, Furia salvaje o Se solicitan modelos, compartiendo protagonismo y caché con las grandes divas mexicanas María Félix, Katy Jurado o Dolores del Río.
 
Entonces llegó 1954 y su belleza, buen hacer y carisma le abrieron las puertas de Hollywood. Y llegó Veracruz, de Robert Aldrich, y su interpretación salvaje de una luchadora mexicana, junto a Gary Cooper, Burt Lancaster y Charles Bronson. Y llegó el éxito. Y llegó el momento en el que los españoles vieron asombrados como en los créditos aparecía a gran tamaño “Sarita Montiel”, la Sara de diez años antes, hecha fuerte y más bella que nunca, marcando el exotismo y morbo femenino del western antes de otras heroínas mediterráneas como Claudia Cardinale. 
 
 
Se negó a firmar un contrato vinculante con ninguna productora hollywoodiense, y decidió trabajar como actriz independiente, siempre pensando en la posibilidad de regresar a España. Su carrera norteamericana quedaría así marcada por dos películas más. Gracias a Serenade (1956), conoció a su primer marido, el legendario cineasta Anthony Mann, y se codearía con estrellas como Elizabeth Taylor o James Dean, que rodaban Gigante en un plató próximo. Su última escala en tierras californianas fue Yuma (1957), de Samuel Fuller, donde rodó junto a Rod Steiger. Y en ese punto, y pese a tener varias propuestas sobre la mesa. Sara decidió que era momento de volver a España.
 
Lo más curioso es que pese a lo grandilocuente de haber sido la primera actriz española en triunfar en la meca del cine, en España siempre nos gusta recordarla en el que aquí consideramos el mejor papel de su carrera: la decadente y nostálgica María Luján en El último cuplé, de nuevo con Juan de Orduña. Fue una película de bajo presupuesto y está muy lejos de las obras maestras del cine español, pero forma parte de ese folclore melodramático y culebronesco que no podemos negar a nuestra historia cinematográfica, por más que queramos. Sara prácticamente no cobró por esta película, pero su gran éxito de taquilla y su rompedor estilo de cupletista (con voz áspera y grave, aprendida de Greta Garbo, en ese adaptado y famoso Fumando espero), hizo que muchos vieran en ella un auténtico talismán.
 
 
Al final, y como profeta en su tierra, consiguió un contrato multimillonario para trabajar en varias producciones españolas, italianas y francesas, y siguió maravillando al público en cintas de éxito como La violetera (1958), Carmen la de Ronda (1959), Mi último tango (1960), La bella Lola (1962), o Vairetés (1971), esta última bajo la batuta de Juan Antonio Bardem. Después, su madurez coincidió con la llegada de la transición democrática, el rescate de las libertades y el destape en todos los ámbitos del arte. Decidió dar por finalizada su carrera de actriz y dedicarse al mundo de la canción como cupletista y protagonista de espectáculos de variedades.y teatrales de más o menos relevancia.
 
A partir de este momento, fueron sus discos y su cacareada y por momentos bochornosa vida personal los que marcaron el protagonismo de Sara Montiel y sus muchas veces innecesarias apariciones en revistas y televisión. Aparte de su apoyo al movimiento gay y de algún que otro hit noventero bastante chisposo, solo queremos destacar el gesto amable que tuvo con el cineasta debutante Óscar Parra de Carrizosa, manchego como ella, al aparecer en su película Abrázame (2011). Algo muy curioso, después de rechazar durante años las propuestas de su admirador y también manchego universal Pedro Almodóvar. Era imprevisible, sí, pero también coherente, amiga de sus amigos y tremendamente cercana a su público. Su cortejo fúnebre y entierro ha sido tan monumental como lo fue su persona, siempre una estrella. Desde La Mancha hasta Hollywood nos quedamos con su mirada aterciopelada, su belleza y su talento para la seducción. Para siempre, Sara.

Y por cambiar un poco los homenajes vistos y oídos hasta ahora, centrados básicamente en el tema Fumando espero, os dejamos otra canción que siempre nos encantó de El último cuplé:
 
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2 comentarios

  1. Hola amigos. Os invitamos a participar en la Asociación de Blogs de Cine.www.asociaciondeblogsdecine.blogspot.comPara uniros tenéis que solicitar admisión en este link: http://www.facebook.com/groups/asociaciondeblogsdecine

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  2. Gracias, compañeros.Le hemos echado un vistazo, y nos apuntaremos, cómo no. Estupenda iniciativa.Un saludo

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