Visionado: ‘Los últimos días’, de Álex y David Pastor. ‘Nuestro propio final’

 
tres estrellas
 
Después del reciente ensayo apocalíptico de la española Fin, nos sorprendió gratamente encontrarnos con que no estaba todo dicho sobre las catarsis mundiales made in Spain. Los hermanos Álex y David Pastor, que llevan años intentando hacerse un hueco entre nuestra cinematografía a base de mucho esfuerzo y trabajo, han dado el gran salto a los primeros puestos de taquilla con esta película. A la cinta se le nota desde el inicio su ambición, su forma de decirnos que aquí también se pueden importar los instrumentos de las mejores películas de acción a la americana, y con ese objetivo está elaborada. Repite esquemas de la factoría “barras y estrellas” con una dirección prácticamente impecable y buenos personajes pero dejando siempre en un segundo plano el guion, deshilachado y algo enclenque.
 
Un nuevo ángel exterminador, como el que Luis Buñuel creó en 1962, impide de manera progresiva a las personas salir a la calle. Se trata de una especie de agorafobia que provoca que cualquier contacto de puertas para afuera desate crisis de pánico, arritmias, paros cardíacos y demás mortíferas dolencias. Los hermanos Pastor demuestran su inteligencia en la síntesis y tampoco le dan demasiadas vueltas al tema. Lo dejan más o menos explicado para que pensemos en una especie de furia ecológico-moral del planeta contra la humanidad, muy similar a la que Michael N. Shyamalan relataba en la insoportable El incidente, pero con la factura inquietante, macabra e incomprensible de la novela Ensayo sobre la ceguera del gran José Saramago.
 
Desde la infinita y extemporánea Barcelona, la historia se centra en el caso particular del joven Marc (Quim Gutiérrez), observador inicial de que algo raro pasa, y que hará todo lo posible por encontrar a su novia Julia (Marta Etura) cuando él también sucumba a los espasmos. En la búsqueda de la amada recibirá la ayuda del misterioso Enrique (José Coronado), de carácter algo agrio y movido por causas ocultas. Es el arranque del filme, con saltos temporales entre la actualidad y las jornadas precedentes al pánico agorafóbico lo mejor de la historia, cuando realmente pensamos que estamos asistiendo a un espectáculo en toda regla. Desde ese momento la vida transcurre para ambos entre subterráneos y excavaciones, con escenas de acción muy sorprendentes como las del transbordo de la estación de Sants y las del supermercado-barricada.
 
¿Dónde está el problema entonces? Que la película se va torpedeando a sí misma conforme avanza, lo que, desde nuestra humilde opinión, debería ser al contrario. El trastabilleo se debe principalmente a que llega un momento en que los diálogos, que ya desde el principio tampoco son para tirar cohetes, se vuelven completamente tópicos y previsibles. Desde luego que no vamos a exigir a nuestro cine lo que no le pedimos a las grandes producciones norteamericanas, pero si por algo hemos destacado siempre es por nuestros trabajados guiones. Solo hubiera faltado saber encajar ese talento en un thriller de acción de tan buen cuerpo como Los últimos días.

También hay que decir que ese vacío en la narración lo cubren con gran solvencia las asombrosas partituras de Fernando Velázquez (muy lanzado desde Lo imposible) y la siempre agradable presencia de José Coronado. Es el gran soberano y héroe maximus de la historia, con esa oscuridad física y mental que tan buenos resultados le está dando desde No habrá paz para los malvados y El cuerpo. Su carisma se come un poco al resultón Quim Gutiérrez, que no obstante resulta bien parado y por fin alejado de su papel de pardillo, mientras que a Marta Etura comenzamos a verla cada vez más encasillada en esa eterna mujer frágil en apuros. Correcta, pero siempre igual. Le recomendamos un cambio de chip.   
 
Al final, estábamos en la tesitura de considerarla una película memorable y totalmente pionera, incluso pensamos en concebir el guion como un elemento secundario perdonable. Pero nos encontramos con un desconcertante desenlace que nos dejó tan perplejos que todavía hoy no somos capaces de unirlo todo en la misma película. Realmente es como si el filme durara hasta un plano determinado de sus momentos finales, y después comenzara un epílogo alternativo que dan ganas de destrozar a golpe de machete. Hemos comprobado que, en su gran mayoría, a la gente le ha gustado. Aquí hemos decidido proceder como siempre hacemos cuando se nos atraganta un the end: quedarnos con la que hubiera sido nuestra última secuencia inicial y olvidar el resto. Y tan a a gusto.
 
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