Píldoras cinetarias: David Bowie, "starman" de cine

 
Next Day es el nombre del regreso del gran David Bowie a la música después de una década silenciosa. El título de su nuevo álbum, que acaba de salir a la venta con excelente acogida, no podría haber sido mejor carta de retorno, tras varios años completamente desaparecido como compositor, artista, productor y también colaborador esporádico pero intenso en películas de todo tipo. El disco, bien resguardado de rumores y anunciado por sorpresa en enero, pudo escucharse entero en streaming (es todo un señor y se lo puede permitir) y muchos de sus fans estamos ahora atentos cada día al anuncio de una posible gira, que terminaría de consagrar al White Duke como uno de los mejores artistas de la historia de la música.
 
Pero en Cinetario, fiel a nuestra mitomanía incurable, queremos hoy rendir un pequeño homenaje al paso de Bowie por el celuloide, que no ha sido precisamente escaso. Este genio británico siempre dejó que su capacidad para ser un camaleón de ficciones y su fascinación por el cine fueran evidentes desde los años 70, cuando el glam, el rock y el concepto de vinilos conceptuales se unieron para formar parte de su mejor discografía. Así intentó reflejarlo Todd Haynes en la película Velvet Goldmine (1998), pseudo-biopic sobre los años locos de Bowie, honesta con el tiempo que retrataba pero excesivamente maquillada en especulaciones.
 
Al margen de su vida y estridencias, creemos que desde el Major Tom de Space Oddity hasta su legendario Ziggy Stardust, los personajes de sus discos no son sino almas cinematográficas a las que dio vida a través de sus composiciones. Además esa tónica permanecería en las tres décadas posteriores y David Robert Jones seguiría regalándonos su mirada bicolor y sus canciones tanto en escenas como en títulos de crédito iniciales y finales, que consiguió hacer más carismáticos solo con sus letras o su presencia.
 
No están todos (para eso haría falta un monográfico), pero a continuación recopilamos, en orden cronológico, los que consideramos sus mejores coqueteos con el séptimo arte, ya sea mediante la encarnación de personajes o a través de la utilización de sus canciones en bandas sonoras que quedaron para el recuerdo de su inmensa y apasionada contribución a lo audiovisual.
 
– El hombre que vino de las estrellas, de Nicholas Roeg (1976). Cuando Ziggy y sus arañas de Marte ya habían vivido su aventura en La Tierra, Bowie protagonizó esta extrañísima e hipnótica historia sobre un extraterrestre que llega del planeta Anthea y acaba como dirigente de una multinacional gracias a sus inventos. En plena eclosión del cine de ciencia-ficción, la película tuvo su público y además influyó claramente en la posterior aventura espacial de su primogénito Duncan Jones Zowie, hoy reconocido cineasta independiente especializado en este género.
 

 
El ansia, de Tony Scott (1983). Poco o nada se habla actualmente de esta película, una de las más peculiares del género vampírico y precursora de otras lamentables interpretaciones sobre los acólitos del Conde Drácula. A raíz del reciente y misterioso fallecimiento de su director, algunos de sus fanáticos seguidores volvieron a rescatarla del olvido, y junto a ella el papel de Bowie como John y sus juegos erótico-festivo-sanguíneos con Caherine Deneuve y Susan Sarandon.
 

 
Dentro del laberinto, de Jim Henson (1986). Sin duda su película más conocida y comercial, no solo por su carismático papel del villano y ochentero Gareth sino porque compuso casi en su totalidad la banda sonora. Pese a que el tiempo y la tecnología ha pasado factura a la artesanía de los muñecos de Henson, sigue resultando una maravilla contemplar la historia de la adolescente Sarah (Jennifer Conelly) perdida en un mundo de fantasía. Y ese baile de máscaras entre ambos, imposible de olvidar.
 
 
Mala sangre, de Leos Carax (1986). El inclasificable cineasta francés entronaba para siempre al atlético intérprete Denis Lavant como su fetiche particular y como el perfecto mimo de sus historias grotescas y fantásticas. A nuestro homenajeado le encontramos de esta guisa pero solo con su música, cuando el atormentado Alex (Lavant) pasa del tullimiento a la locura coreográfica mientras se escucha el potente tema Modern Love, uno de los singles más poperos de Bowie.


La última tentación de Cristo, de Martin Scorsese (1988). Solo dos años después Bowie debutaría en uno de sus roles más realistas y de la mano de unos de los grandes cineastas de la historia. Su papel de Poncio Pilatos en esta libre y polémica adaptación de la vida de Jesús de Nazaret le valió muy buenas críticas y muchos comenzaron a pensar que el cantante realmente había encontrado su encaje en los papeles más atrayentes y magnéticos que encontraba.


Twin Peaks. Fuego, camina conmigo, de David Lynch (1991). La precuela cinematográfica de la que probablemente sea una de las mejores series televisivas de la historia horrorizó a todos los fans de esta última, pero sin embargo sirvió para que volviéramos a ver al cantante británico en otra revisión de su enorme pasión por los personajes surrealistas, inescrutables y enigmáticos, y además en plano junto a Lynch. Los dos juntos, todo un regalo.


Basquiat, de Julian Schnabel (1996). Este caótico biopic independiente sobre el artista neoexpresionista Jean-Michel Basquiat consagró a Bowie, encargado de interpretar a Andy Warhol, como un auténtico imán de personajes con chispa. Es uno de los roles cinematográficos que él mismo recuerda con más cariño, por lo bien que se lo pasó durante el rodaje y porque pudo rendir tributo particular a uno de sus referentes culturales más admirados. Y una nueva secuencia de lujo, con Dennis Hopper y Benicio del Toro.


Carretera perdida, de David Lynch (1997). Por entonces no era habitual arrancar una película con un tema musical conocido. Fue con el I´m Deranged del cantante británico como Lynch vino a decirnos que estaba empezando una nueva etapa en su carrera, una de sus grandes obras maestras, consiguiendo paralizarnos de inquietud desde los títulos iniciales de crédito con Bill Pullman conduciendo su coche en medio de un bucle infinito.



Dogville, de Lars Von Trier (2003). Resultó muy extraño que una película rodada en una nave industrial con los muros de las casas pintados a tiza y con un presupuesto tan comedido finalizara con escenas de todo tipo sobre la vida norteamericana. Para explicarlo, nada tan fácil como escuchar la letra de la canción que suena. El tema Young Americans de Bowie resume la esencia de un pueblo algo podrido pero dispuesto a guardar su esencia como un tesoro.

 

The Prestige, de Christopher Nolan (2006). De nuevo recreando a un personaje real, en esta historia sobre el enfrentamiento de dos magos, el artista inglés se dejó convencer por el asombroso Nolan para darle cuerpo y voz al inventor y científico revolucionario Nicola Tesla. Y lo cierto es que su encriptada voz y su perfecto guion dio la réplica de maravilla a Hugh Jackman y Christian Bale, por entonces ya actores consagrados.
 
Control, de Anton Corbijn (2009). Aunque relativamente reciente, este film sobre los últimos años de Ian Curtis, líder del grupo Joy Division fue un éxito en los circuitos independientes y se ha convertido en símbolo de la generación post-punk. Una de sus secuencias más famosas es precisamente aquella en la que Sam Riley (que interpreta a Curtis) emula a Bowie bajo el himno Jean Genie:
 
 
Malditos bastardos, de Quentin Tarantino (2009). Shosana (Melanie Laurent) está a punto de consumar su venganza contra el coronel caza-judíos que mató a toda su familia. Vestida para la ocasión, de rojo fuego, parece dejarse guiar en su plan por la letra sinuosa del tema Cat People de nuestro cantante, una de las joyas de la banda sonora de esta fabulosa película.
 
 

No descartamos que Bowie vuelva a sorprendernos con un nuevo cameo. O confundimos deseo con creencia. Queremos que en el futuro también podamos hablar de su next movie como de su nuevo álbum, y que otra vez un hombre de las estrellas se pasee por la gran pantalla. Sin miedo a aquello que Ziggy Stardust advertía ante los terrícolas en el tema Starman, nada más llegar a nuestro planeta: 
 
“There´s a starman waiting in the sky
He´d like to come an meet us
But he thinks he´d blow our minds”
 
(Hay un hombre de las estrellas esperando en el cielo
Le gustaría venir y conocernos
Pero cree que haría estallar nuestra mente)

Que nos haga saltar por los aires. Él es grande. Es Bowie.
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