Visionado: ‘Lincoln’, de Steven Spielberg. ‘La leyenda que se hizo grande al bajar del pedestal’


cuatro estrellas

“La medida más importante del S. XIX, aprobada gracias a la corrupción urdida por el hombre más puro de América”. En una secuencia de Lincoln (Steven Spielberg), Thaddeus Stevens (Tommy Lee Jones) suelta esta frase que queda en el aire como una sentencia grave, algo pesada, pero inapelable, mientras le entrega a su ama de llaves afroamericana un papel en el que ha quedado registrado un momento histórico: la aprobación de la decimotercera enmienda. Es un regalo, le dice a la mujer, y vaya si lo era. El documento era el fruto de la larga y compleja cruzada personal que emprendió Abraham Lincoln (Daniel Day Lewis) para poner fin a la esclavitud.
En esta reveladora secuencia, que se apresura hacia el final de la película, Thaddeus Jones se convierte en una especie de portavoz de unos espectadores que han quedado maravillados por el retrato inteligente que se les ha ofrecido de la democracia y sus contradicciones, pero también sorprendidos por el dibujo de un personaje que está bastante alejado del encorsetado mito del padre de la nación.
Lincoln es una película compleja y fascinante,  un universo cifrado en la grandeza de un hombre que,  con un vigor portentoso y sin complejos, sacó partido de los manejos de la política y de los bajos instintos que alimenta el poder.  La película está llena de reflexiones interesantes que desafían la moralidad de cualquier hijo de vecino y que, sin embargo, son tratadas abiertamente, con naturalidad y sin ningún pudor. Como esa posible paz incómoda para el presidente que amenaza con trastocar sus planes legislativos. …
La película nos recupera al gran político y al hábil estadista que fue Abraham Lincoln, pero también al marido atormentado y al padre ausente. No pretende santificar al héroe, revela su lado más comprometido, lo que no daña, ni remotamente, su imagen ni su legado. En Lincolnno recorremos  una biografía, nos colamos en el último e intenso año de la vida de un personaje para descubrir su esencia y su lucha más feroz. Atrapamos un instante de su eternidad.
La película no sólo es brillante en sus peripecias políticas sino también y, especialmente, en sus momentos más intimistas. Como la discusión que protagonizan Lincoln y su mujer (intensa Sally Field). Dos almas rotas por la muerte de un hijo. Un sentimiento de dolor que les enfrenta y les une con una fuerza indescriptible.
Desde luego, el guión está lleno de momentos memorables y frases con vocación de trascender. Su abuso es quizás el único ‘pero’ que le podríamos poner a un filme emocionante y vibrante. Cuenta con otro valor añadido: la perfecta sincronización de talentos que se dan cita a lo largo de la película. Es un auténtico placer disfrutar de la interpretación de todos y cada uno de los secundarios.  En especial, del trabajo del portentoso Tommy Lee Jones.
Spielberg tardó diez años en comprender cómo debía afrontar la historia que quería contar sobre la figura histórica de Lincoln. En el camino se quedó un eterno aspirante a encarnar el personaje del presidente, el actor Liam Neeson, aunque en la imaginación de Spielberg , Lincoln siempre había tenido el mismo rostro, el de Daniel Day Lewis.  A estas alturas ya se ha dicho todo sobre la interpretación de este actor epidérmico, intuitivo y voraz. Nos presenta a Lincoln como un hombre alto, físicamente imponente a pesar de su aspecto espigado y tímido. Un hombre de mirada algo distraída,  pero inteligente, que apenas sabe esconder un extraño  cinismo humanizado. Su voz es inesperada, un tanto frágil, poco autoritaria, pero con la capacidad de atraer el silencio a su alrededor. Un silencio que también forma parte del genial e hipnótico trabajo que realiza el actor.
 

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3 comentarios

  1. A mí me gustó la película, sobre todo en su segunda parte, a partir del momento en el que Lincoln decide ensuciarse las manos y empezamos a ver al hombre detrás del mito. A partir de aquí se vuelve magistral. Es una pena que en la primer hora sea un película un pelín demasiado arida y académica.Saludos

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  2. Estamos en parte de acuerdo, León, pero precisamente en ello reside parte de su grandeza, en un guion inteligente, aunque desde luego no apto para todos los públicos. A ver qué pasa con ella esta noche!

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