Visionado: ‘Django desencadenado’, de Quentin Tarantino. ‘Gloriosa epopeya de un hombre libre’


cuatro estrellas

 
Querido Quentin: ya se te notaban las ganas de western con el impresionante arranque de homenaje a El Álamo en Malditos bastardos y con la sangrienta boda en El Paso de Kill Bill Vol.2, entre otras muchas referencias. Con Djando desencadenado te has desquitado, y a lo grande. Hablando más bien de southern, por aquello de la ambientación en el sur más retrógrado en plena pre guerra civil estadounidense, y mezclado con un sinfín de géneros y estilos, que van desde la comedia bizarra hasta la novela bizantina de los amantes separados, ya vemos que no has bajado la guardia, que te mantienes fresco y conectado con tu público. Sobresaliente con mayúsculas merece sin titubeos tu particular y controvertida visión de la esclavitud, tu regalo de puro entretenimiento, maestría de dirección, guión casi perfecto y técnica cinéfila para contarnos la historia del esclavo Django (Jamie Foxx) convertido en hombre libre y en cazarrecompensas gracias al desconcertante y amable Dr. Schultz (Cristoph Waltz).
 
Querido Quentin: tu amor al cine, aunque revestido de violencia y sangre tan elegantes como efectivas, es tan patente que sabemos que para ti es casi una obsesión. Eres un maníaco obsesivo, casi enfermo por darle a tus películas todas las influencias que salen disparadas de tu cabeza. Hemos visto una epopeya, con su héroe, sus rasgos sobrenaturales, sus hazañas casi imposibles: la gloria de un hombre liberado, atravesando los límites del racismo para reescribir la historia a tu antojo, como ya hiciste en Malditos bastardos, y dejarnos soñar con un Mississipi donde hubo un hombre que venció antes que Abraham Lincoln. Lo malo de tu declarado amor por Sergio Corbucci y su Django de 1966, es que superas la copia del rojo de los títulos de crédito, el tema inicial de Luis Bacalov y el fantástico cameo de Franco Nero para convertir la serie B en prácticamente lo mejor de tu filmografía. Vamos, que dejas lo que admiras a la altura del betún, con perdón.
 
Querido Quentin: qué emoción seguir contemplando en estos tiempos a dos cabalgando  juntos y libres, y además hacerlo con la naturalidad de quien lo viviera por primera vez. Solo los treinta primeros minutos de la película, donde observamos en todo su esplendor al personaje del Dr. Schultz, ya constituyen una historia autónoma y la construcción de uno de los mejores personajes de tu filmografía, algo desdibujado después, pero con una fuerza, magnetismo y carisma asombrosos. ¿Qué le haces a Cristoph Waltz para que interprete así para ti? Más todavía, ¿qué palabras susurraste al oído de Jamie Foxx para que su rostro fuera el de uno de los mejores iconos del siglo XXI? Y aunque sabemos de tu desavenencias con Leonardo DiCaprio (lo has dejado para el arrastre, que se nos retira un tiempo, vamos), ¿a qué acuerdo llegasteis al final para que, incluso pasada una hora de película, la aparición de Calvin Candie sea un golpe de efecto tan espectacular?
 
Querido Quentin: conocemos la leyenda alemana de Broomhilda y Sigrido, la que quieres que veamos como el chasis de la historia, pero nos quedamos más que nada con tu revisión honesta, vengativa, cómica y socarrona de la esclavitud. No queremos mandar a Spike Lee a ningún sitio desagradable por meterse contigo, que está en su derecho, pero si no utilizamos la magia del cine para estas cosas, ¿con qué nos quedamos? ¿solo con la desgracia? ¿tenemos que pensar que no hubo negros héroes anóminos que rompieron sus cadenas? A lo mejor no encontraron a liberadores verborreicos, ni se vistieron con las ropas dieciochescas del cuadro Blue Boy del pintor Thomas Gaingsborough, ni llegaron a enfrentarse a un magnate del algodón y de la compra de esclavos. O a lo mejor sí. Como no podemos saberlo con certeza, dejamos que tu humor insaciable, el de los diálogos de las dos opciones, el de la disparatada teoría de los cráneos de los negros, el de los disparos a quemarropa y de sopetón, nos hagan pensar que si la gesta no fue posible entonces, que lo sea ahora.
 
Querido Quentin: pese a algunas lentitudes en escenas que pudiste haber acortado, no encontramos en tu Django más pegas que las que tú mismo te haces con tu enfermizo perfeccionismo, desde el primer duelo hasta tu final a lo chulesco. En todo este trazo, además, nos regalas los cameos de un Don Johnson idiotizado, una Zoe Bell casi invisible, un Franco Nero ya mencionado, y los casi irreconocibles Samuel L. Jackson, James Russo y Umber Tumblyn, en tus retorcidos homenajes al western, dejando para ti mismo un despreciable personaje con un explosivo final y otros guiños veloces como balas que huelen a Taxi Driver, a la esencia del cine violento, a pólvora y fuego para ganar la batalla de los que matan para vivir.
 
Querido Quentin: los que no te entienden, que han pasado a ser los que te odian, llevan las mismas capuchas que los protagonistas de la escena más hilarante de la película: apenas pueden ver nada. No ven tu pasión por el séptimo arte. No ven que tratas de hacer una antología de todos los géneros habidos y por haber (alguien nos decía tras ver la película que te falta una de piratas) y que ya lo estás consiguiendo. No ven que los que te seguimos desde hace veinte años recibimos de ti más de lo que nos das, cuando despiertas nuestra inteligencia, nuestra capacidad de reírnos de lo más sagrado, nuestro ingenio buscando tus pautas, nuestra propia enfermedad cinéfila. No queremos verte caer. Así que solo un ruego, maestro. Cuando ya no sepas, no lo hagas. Mientras sepas, sigue.

Primero el tráiler y, después, el maravilloso tema de inicio de Luis Bacalov, que también abría el Django de Corbucci de 1966:



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2 comentarios

  1. Una decepción 'Django', no me esperaba un clásico pero sí una película más divertida. Apenas aparecen esos diálogos crujientes marca de la casa, y como siempre, qué pena que sus pelis estén tan vacías. ¿Cuándo encontrará messieur Tarantino algo para lo que tan bien sabe hacer: contar? Un saludo!

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  2. Muy evidente que no coincidimos contigo. De hecho, si algo consideramos que hay en Django es diversión y diálogos. Pero agradecemos igualmente tu comentario, como siempre, y te mandamos un saludo.

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