Píldoras cinetarias: contagio de Mahler en ‘Muerte en Venecia’

 

Nadie más que Luchino Visconti tuvo los arrojos necesarios para adaptar al cine en 1971 una de las grandes novelas europeas del siglo, Muerte en Venecia, de Thomas Mann, logrando una de las películas más desgarradoras, tristes y agónicas de la historia del cine. Para ello se sirvió de un maravilloso reparto encabezado por el británico Dirk Bogarde, que ya había trabajado con el cineasta italiano en La caída de los dioses, y que ofreció una apasionada interpretación del compositor enfermo y fracasado Gustav von Aschenbach, que pasa un verano en la Venecia de principios del siglo XX, donde queda cautivado por la belleza de un adolescente, el olvidado Björn Andrésen.
 
Y entre los canales de una ciudad decadente y amenazada por el cólera, los recuerdos del viejo compositor sobre la filosofía de la belleza y su matrimonio marcado por la tragedia, la impresionante ambientación de la ciudad y la pasión enfermiza que el protagonista intenta controlar, los sentimientos quedan entrelazados por piezas casi completas del compositor checho Gustav Mahler. Los violines del romanticismo tardío de este genio acompañan a su tocayo (y acaso alter ego) por las finas membranas de su agotamiento físico y mental, por la búsqueda desesperada de la mirada del joven, y por los asideros de su decadencia irremediable.
 
Entre todas las piezas, queremos rescatar la Sinfonía Nº 5: Adagietto del compositor checo. Es la que más contagia los sentimientos de esta obra maestra de Visconti, es la que se escucha entre el paseo de madera a la playa veneciana, donde el joven amado juega entre los barrotes a marear la pasión del viejo compositor, y es la que acompaña al ya humillado, transformado y grotesco protagonista en su última caricia a la belleza más grande hallada en su vida.
Anuncios

3 comentarios

  1. Antes de ver Muerte en Venecia, me habló de ella mi cuñado, que me la resumió así: “trata de un hombre mayor que va en busca de la belleza y la encuentra en un niño”. Yo aquello lo entendí como que descubría lo bello de las cosas sencillas, de explorar el mundo como si fuera nuevo; en fin, los pequeños placeres que con el paso de los años olvidamos. Meses después, no recuerdo el contexto en el que surgió la conversación, le expliqué Muerte en Venecia a mi amiga Mayte, que fue bastante contundente: “sí, ya, las cosas sencillas… ¡seguro que se lo quería follar!”. Mujer de gran desparpajo que era Mayte, no le di mucha importancia a descripción tan sucinta como expresiva, y asumí que se trataba de uno de sus muchos chascarrillos. Ayudó bastante esta característica mía de vivir en las nubes. Así que olvidé el exabrupto… hasta que finalmente vi la película. Y en efecto, queda fuera de toda duda: se lo quería follar. Con todas las letras.Yo, que confieso ambiciones similares, aunque fundamentalmente con mozuelas en vez de chavalotes, y que además estén más creciditas (que no quiero yo líos con el defensor del menor), tengo al protagonista de Muerte en Venecia como a uno de mis alter egos. Los patéticos churretes de tinte que le corren por la frente son absolutamente gloriosos, una caricia para el espíritu de cualquier viejo verde que se precie.Y luego está el Adagietto.

    Me gusta

  2. Fíjate, Raúl, que teníamos la casi absoluta certeza de que este post te iba a gustar, y eso que seguimos dudando de tu (im)postura de viejo verde. La verdad es que siempre se habla más de "El Gatopardo" de Visconti que de esta obra maestra, por eso hemos querido rendirle un pequeño tributo, a través de su música.Al fin y al cabo habla del amor, con todas sus consecuencias.Totalmente de acuerdo en los momentos finales. Es lo más grotesco y decadente del filme. Un prodigio.Y divertidísima tu anécdota sobre la película… eso te da para contarlo tú en un post aparte, eh?Gracias por tu comentario, como siempre

    Me gusta

  3. No acabo de ver tan clara la intención sexual. Se ve una creciente obsesión, pero podría muy bien ser un amor platónico, no realizable. También hay que entender que para cada persona el enamoramiento es diferente, así que hay personas que no entienden un amor sin sexo pero otras sí. Por último yo no hablaría del verbo "follar", aún en el caso en que hipotéticamente se produjera un contacto sexual entre los protagonistas bien podría estar basado en caricias o besos o lo que sea. De nuevo, hay una visión "coital" del sexo también muy frecuente en algunas personas pero no en otras. Saludos. Fer.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

El reino del exceso

Pantanoso website de arte, literatura, cómics, cine y algo de porno. En las ondas en Radio en Exceso.

todocinemaniacos

Blog dedicado al Séptimo Arte

El Tío del Mazo

Un blog de amigos y para amigos del ciclismo

Actualidad Cine

Críticas de películas y estrenos de cine

Extracine

El mundo del cine en un blog

A %d blogueros les gusta esto: