Visionado. ‘Salvajes’, de Oliver Stone. ‘Un ambiguo giro al infierno’

tres estrellas

Oliver Stone ha intentado ‘hacer negocios’ con la fórmula cinematográfica que encumbró su carrera (violencia, paraísos artificiales, corrupción, sexo) pero sin mojarse del todo, al menos con la pasión con la que solía hacerlo en otros tiempos.
Salvajes es una adaptación de una novela del celebrado autor norteamericano Don Wislow y nos sitúa en Laguna Beach, paraíso en la tierra californiana, donde nos encontramos con un trío muy bien avenido.  O, Ofelia (Blake Lively), es una rubia, made in Hollywood, que está enamorada del hombre perfecto, es decir, de la suma de dos tipos antagonistas. Comparte amor y sexo con Ben (guapo y crecido Aaron Johnson), un antiguo estudiante de empresariales de Berkeley, budista, experto botánico y un filántropo en su tiempo libre y también con Chon (Taylor Kitsch). Este último es un ex – combatiente de la guerra de Irak, sin mucho trauma, pero con la ‘pipa’ y el puñetazo siempre a punto, de pocas palabras, pero de buena madera. Ambos se han convertido en millonarios, sin apenas esfuerzo, gracias a un negocio de venta de marihuana. Y ambos viven en la inopia… hasta que un cartel mexicano decide abrir su sucursal en el norte. Lo regenta una bella e implacable ‘Doña’, Elena (Salma Hayek), una madre dolorosa que echa mano de secuaces desalmados como Lado (Benicio del Toro) para conseguir sus propósitos.
La película parte de una reflexión, con cierto regusto taoísta, sobre el alma del ser humano, dividida en dos, oscilando entre su lado bueno y su lado más inquietante, sin embargo, los propios acontecimientos de la película acaban confesándonos que pensar en algo así es tan sólo una explicación más del universo y sus habitantes.  Porque no hay redención posible, el ‘hombre es un lobo para el hombre’ y, si nos apuran, todos acabamos comportándonos como unos salvajes. Sin ir más lejos, esta imagen nos la proporcionan los dos protas: idealismo y espiritualidad, el uno, carnalidad y puro arraigo, el otro, que acaban realizando juntos su propio viaje hacia el lado oscuro convirtiéndose en un par de asesinos despiadados que saben jugar sucio cuando les duele la herida.  Stone se acerca a todo ello con el tono desenfadado y cruento con el que siempre ha sabido tratar la falta de moralidad y la violencia, aunque de manera menos delirante y jugando al despiste.
Y esa misma dualidad, curiosamente, se repite, como un patrón extraño, a lo largo del metraje, pero de múltiples y, a veces, accidentales maneras. Así, mientras nos encontramos a unos actores carismáticos y arrebatadores, observamos a otros languidecer en interpretaciones blandas. Ahí están unos espléndidos Salma Hayek y Benicio del Toro (curiosa y fascinante relación la que mantienen estos dos) frente a la insufrible Blake Lively y uno de sus novios, Taylor Kitsch… Y frente a algunas secuencias logradas (la cena que comparten Elena y su cautiva, O; la conversación entre el agente de la DEA, interpretado por Travolta, y Del Toro) la película nos brinda algunas ingenuidades, propias de un guionista, cuando menos, primerizo (el secuestro de la dulce y confiada Ofelia).
Este yin y yang, para qué negarlo, un tanto pelmazo, también se apodera del principio y del final de la película de una manera desconcertante. Así, O, nos cuenta que va a ser la narradora de nuestra historia, lo que no quiere decir que acabe viva y llegando al clímax nos damos cuenta de que no estamos precisamente ante una gran estratagema cinematográfica, a lo Billy Wilder, pero que a la joven no le faltaba razón.
En cualquier caso, la película se llena de vida y de oficio con algunos rasgos muy buenos en la composición de ciertos personajes. Nos gustan, especialmente, la odisea vital de Elena, una madre despechada, o la catadura moral de un ‘sumiso’ perro de presa, el viejo Lado.
El filme hace alarde además de un buen montaje, dinámico, vibrante, con sentido del ritmo, pleno de forma y muy propio de un cineasta como Oliver Stone.
Así que haciendo gala de la ambigüedad omnipresente en la película, como valoración final, sólo nos cabe decir que el filme se deja querer, aunque se arrincona fácilmente en la memoria. Quizás esta no fuera la historia más adecuada para que Stone regresara a su época dorada dando su particular giro al infierno. 
 
 

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