Visionado: ‘El legado de Bourne’, de Tony Gilroy. ‘Mientras puedan seguir huyendo’


tres estrellas

 
Un hombre boca abajo en el agua es la escena inicial de El caso Bourne, la primera película de esta entretenidísima y adrenalítica saga, que tiene millones de fans en todo el mundo y que ha supuesto una nueva forma de hacer cine de acción para público inteligente. Ésta es también la primera escena de la cuarta entrega, El legado de Bourne, ya sin Matt Damon y cogiendo las riendas de las cámaras el guionista de la trilogía anterior, Tony Gilroy, con Paul Greengrass (director de las dos últimas entregas), dicen algunos entendidos, en la retaguardia pero no en los créditos. Del mismo modo, el argumento sigue estando inspirado en el universo Bourne del escritor estadounidense Robert Ludlum.
 
Con un estupendo arranque en tiempos paralelos, la historia nos sitúa en los acontecimientos de la tercera entrega, El ultimátum de Bourne. Un hombre, alias Aaron, interpretado por Jeremy Renner, realiza un duro entrenamiento en las montañas nevadas de Alaska de un programa de inteligrencia que desconocemos, mientras que en Nueva York comienza a destaparse toda la trama en torno a Jason Bourne. Esto provocará que se ponga en peligro la existencia y ramificaciones de otro sistema de reclutamiento diferente a Treadstome (el ya destapado en las anteriores películas). Se trata de Outcome, que no entrena a asesinos despiadados pero sí a espías especializados mediante modificaciones conductuales y neurológicas y medicación de última generación. La mejor manera de solucionarlo no será otra que eliminar a todo aquel que tenga alguna relación con el programa: reclutados, entrenadores y médicos.
 
El argumento, por tanto, es del todo previsible. Renner escapa de la emboscada en Alaska y va en busca de la doctora que realizaba sus revisiones entre misión y misión, interpretada por Rachel Weisz, que, curiosamente, también ha escapado de la escabechina que los jefes de inteligencia han liado en el laboratorio donde trabaja. A partir de este momento, los dos huyen, huyen y huyen, en busca de la medicina que le han insuflado en su entrenamiento y que sigue necesitando el nuevo héroe para no convertirse en una ameba. Sin mover un dedo desde Nueva York, los jerifantes del Outcome, capitenados por un Edward Norton tan perfecto como odiable, les siguen la pista. Servido está el pastel que triunfó en las tres primeras entregas: escapadas de último segundo y huidas espídicas a toda velocidad, mientras en paralelo, de nos hacen guiños al descubrimiento de la trama Bourne.
 
La película tiene algunas cosas que envidiar a sus antecesoras, pero casi es perdonable por lo entretenida que resulta al final. Por eso solo queremos mencionar lo mucho que hemos echado de menos a Matt Damon. Digamos que este actor supo imprimir tal carisma a su personaje durante tantos años que resulta difícil no encontrártelo apostado en una esquina, mirando de reojo, apuntando con su arma, o tratando de recordar. Es duro que no aparezca, se hace cuesta arriba. Renner realiza un estupendo trabajo, nos encanta este actor desde que le vimos en la soberbia En tierra hostil, pero es la Weisz quien le hace ser más grande, en un papel de sufridora y redentora que le va al pelo. Tampoco entendemos dónde se encuentra el “legado” del que habla el título, si más bien es una “coincidencia” que se desarrolla en paralelo a Jason Bourne, y por tanto no hay nada que legar.
 
El caso es que Gilroy tampoco realiza un trabajo desdeñable. Tras haber visitado Moscú, París, Berlín, Madrid y Tánger durante la trilogía, Alaska y Manila (Filipinas) son los escenarios de esta cuarta entrega, que, en eso sí, mantiene el nivel de sus antecesoras en panorámicas, ambientación y huidas al límite. Hoteles de mala muerte, escapadas imprevistas, tejados, carreteras, railes y derrapes imposibles hacen que el espíritu de Jason Bourne parezca haberse infiltrado en Aaron. Aunque sepamos que no, que el otro está reconstruyendo su pasado a base de mensajes cifrados con Pamela Landy (Joan Allen) en Nueva York. Y lo mejor (o no) de todo: que no termina. ¿Por qué? Porque aquí también consiguen huir.  Así es la saga Bourne. Mientras sigan huyendo, sean quienes sean ya los agentes y aunque exista algún tercer (o cuarto) programa de reclutamiento que desconozcamos, da la impresión de que esta historia nunca terminará.
 
Os dejamos el tráiler, y a continuación, uno de los elementos que más nos han gustado de la saga, y que Gilroy mantiene también en el final de esta cuarta entrega: el tema musical con el que la cámara se aleja de la escena y se convierte en panorámica a ritmo de Extreme Ways de Moby, una joya. 
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