Visionado: ‘Los juegos del hambre’, de Gary Ross. ‘El pariente violento del Gran Hermano de Orwell’

 

 
 
tres estrellas


No hemos leído ninguno de los libros de la trilogía de Suzanne Collins, es decir, hemos ido vírgenes al cine y sin dejarnos tampoco intimidar por las cifras de taquilla norteamericanas que están anunciando un nuevo blockbuster.  Así que procurando acercarnos al cine sin ideas preconcebidas, hemos sido capaces de apreciar un respetable producto de entretenimiento. Aunque en la historia de Los juegos del hambre no haya nada nuevo bajo el sol. En ella nos encontramos con el concepto de espectáculo del circo romano, con la sombra omnipresente de un Gran Hermano  (remoto pariente del que ‘habitaba’ en la novela de Orwell) y con un toque de crueldad trágica que, para qué nos vamos a engañar, es en el que se fundamenta el tirón de la película. Lo más impactante de la historia es que nos descubre una sociedad en la que se retransmiten en directo los ‘sacrificios’ de unos jóvenes, con el fin de mantenerla sometida bajo el yugo del terror psicológico.
 
Los juegos del hambre parten de una buena idea, de un argumento que despierta interés, pero sucumbe en un desarrollo irregular. Cuenta la historia de Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) una joven que se ve obligada a participar en los Juegos del Hambre, un programa de televisión de culto donde 24 jóvenes tienen que enfrentarse a muerte para lograr la supervivencia. Everdeen cuenta con un compañero de peripecias y de distrito, Peeta Mellark (Josh Hutcherson), aunque los dos son conscientes de que no hay aliados que valgan en el ‘concurso’ en el que participan.
 
La película tiene sus instantes de emoción como la llamada a la rebelión de las masas de Katniss, tras la muerte de la pequeña Ruth o el tierno afán de protección de la heroína ante su hermana y una madre ‘ausente’. Cuenta además con unos paisajes naturales muy sugerentes y con una urbe de estética cool y estrafalaria. Resulta curioso el retrato de la sociedad decadente de la capital de Panem (una norteamérica futurista) que se llena de habitantes, con poses afectadas y unos trajes  muy divertidos, un cruce textil entre el estilo Maria Antonieta y el hilo anárquico de Vivienne Westwood. También es cierto que reconforta ver un personaje femenino, en una de acción, que luce inteligencia, insolencia y fuerza sin tener que pagar el peaje de vestir trajes recauchutados y adoptar una actitud sexy.
 
Sin embargo, resulta bastante simplona la manera en la que nuestra heroína sale airosa de algunas pruebas a las que ha de enfrentarse. No cuadra con la película que han tratado de vendernos, con el espíritu de supervivencia en una historia épica. Sabemos que la muchacha tiene muchas cualidades:  es sagaz, tiene una puntería prodigiosa y el temple suficiente para afrontar cualquier tipo de dificultad. Sin embargo, nos quedamos con las ganas de verla realmente en acción porque logra sobrevivir, en gran medida, gracias a su buena estrella y, sobre todo, a la intervención providencial de ciertos ángeles de la guarda que nos huele a falta de imaginación.
 
Os dejamos con el trailer oficial.
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