Píldoras cinetarias: el baile sin baile de ‘Gato negro, gato blanco’



Matka es un soñador. Vive con su armónica viendo pasar las embarcaciones en una población suspendida sobre el río junto a su lamentable padre. Pero Matka correrá una aventura cuando se vea envuelto en una trama de mafiosos gitanos debido a las malas artes de su padre y al chantaje de Zarije, propietario y magnate (a su manera) de unas obras de cemento. La aventura se convertirá más bien en un festín bizarro de ocas multitudinarias que aparecen por todas partes, personajes caricaturescos y barrocos, situaciones absurdas llevadas hasta el límite, resurrecciones a golpe de caídas de techos, cerdos que comen coches, orquestas que fondean el río, romances exaltados entre campos de girasoles, y una de las más divertidas y surrealistas bodas que ha dado luz el séptimo arte.


Así sucede en Gato negro, Gato blanco, esa maravilla del cine balcánico que el cineasta serbio Emir Kusturica rodó en 1998, después de haber dado su particular y enclaustrada visión sobre la guerra de su tierra tres años antes en Underground. En esta película, como posteriormente en la maravillosa La vida es un milagro y en la alegórica Todos los niños invisibles, el director de los gitanos, el amante de las fiestas sin final, que terminan en soleadas resacas encima de una mesa devastada por el alcohol, se acompañó de su The No Smoking Orchestra para llevarnos por tales derroteros.


De esta forma, no solo estamos partiéndonos de la risa con el banquete de disparates que te ofrece la historia sino que tus pies se están moviendo al mismo ritmo de esta banda, gritona, exagerada, “primitivista” y gitana con la voz desgarrada del Dr. Nele. El número de sus composiciones roza los dos centenares desde su creación en los años 80 (Kusturica se unió al grupo ya en 1986) pero hemos querido seleccionar el tema Bubamara de Goran Bregovic, porque es nuestra favorita, porque no tiene baile, solo el que nosotros inventemos, y porque acompaña a Matka en cada paso desesperado que da para conseguir su sueño final: embarcarse con su amada por su querido río junto a un gato negro y otro blanco.


El tema Bubamara va acompañado de las mejores escenas de la película. Sin exagerar, es para escucharla unas tres veces seguidas.

Y para que sigáis disfrutando de las maravillas de esta banda rendida al cine festivo de Kusturica, os dejamos también el tema Moldavian Song, que forma parte de La vida es un milagro:

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