‘Dogville’, de Lars Von Trier: ‘Pueblo espejo del mundo’ vs ‘Fantasía absurda de pizarra’

PUEBLO ESPEJO DEL MUNDO

El pueblecito de Dogville está en lo alto de una colina. Apartado de todo, allí sus escasos habitantes llevan una vida tranquila, organizada y liderada por la labia incontinente de Tom (Paul Bettany) que conoce a todos, sabe sus virtudes y defectos, y se dedica a la vida contemplativa y a reflexiones intelectuales de gran calado. Pero para el espectador, en Dogville no hay paredes, ni puertas, ni árboles. Solo un escenario con líneas marcadas en blanco para indicarnos los límites de cada casa, de su paseo central, de sus pequeños jardines y de la caseta del único perro del pueblo, también dibujado. En Dogville prima la tranquilidad, la organización, la convivencia y el pacifismo, un microcosmos de moral intachable donde todo rima y es armónico hasta la náusea.

Pero a Dogville llega una noche Grace (Nicole Kidman), una joven que huye de unos gangsters y a la que Tom esconde y encubre. Desde ese momento, su afán será conseguir integrar a la forastera asustada en el pueblo, presentándole a cada uno de sus habitantes, e incluso organizando una asamblea para votar si se queda o no con ellos. El pueblo la respalda pero para ello tendrá que ayudar un poco a cada uno, a cambio de su complicidad. Esa tarea será grata al principio para la buena y dulce Grace, dispuesta a arañarse sus manos burguesas, y a descubrir poco a poco sus innumerables talentos escondidos, mientras estrecha su relación con el filosófico y magnético Tom.
Lo que pasa es que Dogville no existe. El director danés Lars Von Trier se lo inventó en 2003 para salirse de su Dogma y alumbrar la que para nosotros es su película más devastadora y fascinante hasta la fecha. Recreó en un gran plató este pueblo sin paredes para enseñarnos una lección, la misma que aprende Grace conforme el carácter de sus afables vecinos va cambiando. Cuando la policía les visite preguntando por ella y avisen de que está en busca y captura, Dogville seguirá acogiendo a la fugitiva, pero a cambio de mayores dosis de esfuerzo, denigración y humillación para Grace, quien pagará cada vez más caro el silencio de sus armoniosos habitantes. Así caerán poco a poco sus caretas, le harán creer que ella es la culpable del estado al que ha sometido al pueblo y se irá convirtiendo en objeto de su ira, de su frustración, de sus vidas anodinas, de su lujuria contenida, de su maldad nunca antes mostrada. Grace hace brotar en Dogville una moral desnuda, despojada de todo, y aceptará su destino, violada, traicionada o encadenada, con tal de no volver a su desconocido pasado. Será en las terribles consecuencias de la traición final de Tom donde toda la película –dividida en fragmentos con títulos de avance narrativo- se desborde, y donde la última careta en caer sea la de la propia forastera, con el destino del pueblo en sus manos.

Por eso Dogville es humana, está desnuda y es una de las obras maestras del nuevo siglo. Porque simboliza la esencia del mundo al compás de una voz narradora que te habla como en un cuento, de esos fallos de racord tan intencionados que descolocan la faceta lineal de la historia, de las notas de Vivaldi recreando la tragedia agónica de Grace, su destrucción moral, su completa aniquilación mental. A todo ello unió el cineasta danés un reparto que nos dejó a todos con la boca abierta, desde sus dos conocidos protagonistas hasta las maravillosas apariciones de los “dogvillianos” Lauren Bacall, Ben Gazzara, Patricia Clarkson y Clohë Sevigny; junto con la aparición estelar y final de un James Caan absolutamente perfecto.

No le perdonamos todo a Von Trier. Sabemos que su excentricidad, verborrea y perfeccionismo ha hecho que casi ningún actor haya querido repetir con él, y que sin embargo, los grandes intérpretes, todavía vírgenes de su mano dura, le piden el protagonismo en siguientes proyectos. Eso demuestra que uno de los artífices del renombrado movimiento Dogma sea tan odiado e idolatrado a partes iguales. Siempre ha sido un exagerado convencido, desde que en Rompiendo las olas traspasara todos los límites del sufrimiento humano. Su cámara no ha dejado de hacer lo mismo y con la misma maestría hasta que decidió ponerse estupendo con Melancolía. Por eso Dogville significa tanto para muchos de sus fans. Creemos que en ella, y más concretamente en ese plano cenital imposible del final, reside todo el contenido de su cine. Que se encerró entre las cuatro paredes de un plató para que nada le distrajera de su visión transgresora, incendiaria y violenta de un mundo deshumanizado.

El conmovedor tráiler de esta película se convirtió en su momento en uno de sus principales reclamos, aunque guardando el secreto de su inhabitual localización:

DOGVILLE (2003) Official trailer por myfilm-gr

 

 

FANTASÍA ABSURDA DE PIZARRA

Dogville es una fantasía absurda proyectada sobre una gran pizarra. Tan pretenciosa como el autor que la inventó, un cineasta, Lars Von Trier, que tiene la maldita manía de identificar la transgresión con la creatividad. Y lo cierto es que Dogville mata del aburrimiento. El planteamiento de su historia está hueco, carece completamente de interés, la narración está labrada con metáforas petardas y cuenta con una voz en off que no puede ser más omnipresente. Se empeña en contarnos muchas cosas: todo lo que es incapaz de explicarnos Von Trier con imágenes y diálogos inteligentes. Los personajes, en especial el protagonista, un escritor que no escribe, un pedante espiritual en posesión de la verdad, forman parte de una galería de friquis sin brillo de primer nivel. Ni siquiera el talento de Paul Bettany pudo hacer algo por su pobre Tom Edison.

Muchas son las preguntas que nos hacemos cuando nos acercamos a este filme. ¿Es Dogville realmente un retrato, una disección convincente del alma humana, con todas sus vergüenzas al aire? ¿O no es más que una colección de topicazos sobre la capacidad del hombre para manifestar su crueldad, revestidos de celuloide que se hace pasar por obra de teatro? Esa manera de rodar, cámara en mano, con frecuentes cortes en una misma secuencia, ¿pretende dar verosimilitud a una historia incoherente? Reconocemos que no estamos capacitados para reconocer la ‘grandeza’ de este cineasta danés, pero mucho nos tememos que recarga de artificios su precioso cuento (ese escenario desnudo, pintado en tiza) para que olvidemos completamente la historia hueca que nos está contando. Su estilo es insufrible y toda intención experimental, poco revolucionaria.
El argumento no tiene desperdicio. Grace (Nicole Kidman), una cándida rubia que escapa de una pandilla de mafiosos, da con sus huesos en Dogville, un pueblo rural de EEUU. Los habitantes de la aldea permitirán, en un principio, que la muchacha pueda esconderse de sus perseguidores integrándose en la vida comunitaria. Encontrará su lugar en el pueblo realizando para sus lugareños todo tipo de actividades absurdas, de aquellas que creían, nunca les había hecho falta. Pero resulta que sí. (El buenismo infantil de Amelie sobrevuela la película). Con el tiempo, la novedad aburre y por ello, y no tanto por una recompensa que se difunde para que alguien desvele el paradero de la mujer, Grace cae en desgracia, en un giro argumental desconcertante.

Entonces, empieza a sucederse un festival de tropelías y aberraciones. Los habitantes del pueblo comienzan a chantajear a la refugiada, quien, para no ser delatada y porque quiere que los lugareños “la ajunten”, aceptará ser explotada laboral y sexualmente hasta convertirla en un guiñapo sin rastro de dignidad. Sin embargo, ¡ahí!, todavía nos reserva una sorpresa el desenlace. Inesperado, pero por tratarse de un auténtico insulto a la inteligencia. Grace, la encarnación de la generosidad, la Santa Teresa yankee con ‘cencerro al cuello’, quien tiene una capacidad sin límites para disculpar la crueldad humana y una paciencia que nada alcanza, se torna en menos de cinco minutos en una histérica mesiánica que provoca un genocidio. Se supone que la voz en off nos explica el por qué de tal transformación. En pocas palabras: cae en la cuenta de que “todos son muy malos y, además, iguales”.

Lo que, sin lugar a dudas, sigue causándonos siempre asombro es contemplar el maravilloso reparto de esta película (Lauren Bacall, James Caan, Ben Gazzara, Patricia Clarkson). No comprendemos muy bien cómo grandes e inolvidables actores, que han trabajado con algunos de los mejores directores de la historia del cine, se dejaron embaucar por un guion tan inconsistente. Quizás porque, en otra ocasión, Von Trier, fue capaz de crear una película bella y definitiva, al menos en su filmografía. Rompió las olas y se echó a dormir.

Os dejamos por último con otra de las promos de la película. El director les puso a los actores un confesionario dentro del plató para que se desahogaran. Eso ya lo dice todo. Y además después lo enseñó:

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7 comentarios

  1. Qué maciza estaba Nicole Kidman, albricias.

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  2. Raúl, bienvenidos sean tus sesudos comentarios. Con lo profundo que te pones a veces… ;-)Un saludo cinetario.

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  3. Bueeeeeeeeno, por alusioooooones 😉 Vi esta película hace una década (año arriba, año abajo), y me pareció en general estar muy bien hecha. Recuerdo fundamentalmente lo buenérrima que estaba Nicole Kidman, como ya mencioné anteriormente; y por supuesto mi memoria guarda un especial del personaje del novio, dado que siempre he tenido un especial cariño por los pringaos. Entrando en temas secundarios, la característica principal de Grace no es, como pudiera parecer a simple vista, la bondad; sino la cabezonería. Se nos da esa información muy claramente cuando interactúa con el personaje de James Caan. Grace no se deja explotar y humillar por ser una buenaza (a pesar de estarlo, como ya indiqué): se deja tratar así porque lo contrario equivaldría a darle la razón a su padre y quitársela a sí misma. Así que, como buena cabezota, va a demostrar que quien tenía razón era ella. Por sus güebos. Desconocemos los detalles de la pugna que tuvo con su padre antes de huir y esconderse en el pueblo; pero sí sabemos que implicaba opiniones opuestas con respecto a la responsabilidad y la naturaleza humanas. Mi sospecha es que Grace defendía una postura relativista (“si YO estuviera en los zapatos de otro, haría lo mismo que él”), y lleva su teoría hasta sus últimas consecuencias dejándose esclavizar en el camino. Su momento de epifanía es filosóficamente brillante: no le da la razón a su padre, porque no es necesario. No le hace falta abandonar el relativismo, sino cambiarle la dirección: si ELLOS estuvieran en mis zapatos, no dejarían títere con cabeza.

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  4. Para el Autor del articulo:Bueno, si eres fanatico de Star Wars o Harry Potter, es obvio que no vas a entender este tipo de cine. Asi como a mi me parece estupido que Chewbacca gruña (perro en 2 patas), o que un sombrero hable como Muppet (Harry Potter)¿?, es muy probable que tu no entiendas el contenido de este film…Al menos a mi me parecio brillante el mensaje que intenta comunicar el film. Una idea al fin, pero muy bien llevada en tiempo y espacio. Definitivamente mas entretenida que cualquier pelea entre orcos o stormtroopers.¿o debiera pensar que los arboles que caminan en The Lord of the Rings tienen cerebro?, quizás no, porque eso no es importante, lo importante es que pelean con o contra los orcos?En fin, en TODAS las peliculas de ciencia ficcion tienen la obligacion de pelearse, ¿porqué?, ¿no es eso aburrido y predecible?Para Raul: Muy buen comentario

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  5. Hola, Anónimo.No estamos seguros de que hayas leído las DOS críticas que aparecen sobre esta película ni si habrás podido comprobar que una es favor y otra es en contra, como hacemos con películas que consideramos grandes clásicos.Obviamente tu punto de vista es más que respetable, y es evidente que Dogville te gustó, por lo que quizás te identifiques más con la primera crítica (que no sabemos si leiste) que con la segunda.En cualquier caso, hablamos de un género para nada comparable con la ciencia-ficción, y creemos por tanto, que no puede (o no debe) utilizarse como referente. Desde ese punto de vista tendríamos que cuestionar todo el cine de ficción (no solo de ciencia) desde sus inicios. ¿No te parece?Gracias por tu comentario, y un saludo.

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  6. Realizar una crítica utilizando términos como "pretencioso", "pedante" y "aburrido" nada más comenzar el primer párrafo os situa a la altura de la puxarra general de la críticas del pueblo en FilmaffinitiyOjito a eso.

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  7. Hola, MillsComo bien te habrás dado cuenta, se trata de dos críticas contrapuestas, así que esperamos que para realizar tu comentario hayas leído las dos. Incluso en ese caso, respetamos que te gusten las críticas sin adjetivos, ese tipo de palabra que tanto nos gusta en el castellano y sin los cuales, en nuestra humilde opinión, sería imposible realizar ninguna crítica en condiciones. Pero allá cada cual. Pese a todo ello, en Cinetario nos acogemos a la siempre malograda libertad de expresión, dejando que sean los lectores quienes decidan si ejercemos esta libertad de mala o buena manera. En tu caso, vemos que no hemos acertado, y aunque respetamos tu opinión (que se basa en esa misma libertad, por cierto) no podemos evitar sentirnos orgullosos de formar parte del "pueblo". El gran pueblo.Por lo tanto no consideramos que debamos echarle un "ojito" a eso, y sí te emplazamos a ti a que se lo eches a las críticas que llevamos haciendo dos años y medio, que las hay para todos los gustos y colores. A lo mejor alguna te sorprende.Gracias por tu comentario, y un saludo.

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