Visionado: ‘La dama de hierro’, de Phyllida Lloyd. ‘Thatcher se reconcilia con el espectador’

 

tres estrellas


La dama de hierro padece un ‘mal’ muy extendido en los biopic de los últimos tiempos. Tienden a mitificar, en exceso, los personajes históricos que abordan. Lo curioso es que, en este caso, se consigue este efecto en el espectador buscando el lado más humano de la dama en cuestión. Margaret Thatcher se nos perfila a partir del retrato de su decadencia. Se nos presenta senil y un tanto derrotada, en los albores de un limbo mental donde los recuerdos se tropiezan con los desvaríos imaginación. Y es así porque estando acabada es como Phyllida Lloyd, la realizadora del filme, quiere reconciliarnos con la figura de una mujer que fue brillante y fascinante, pero también enormemente polémica, pues tomó decisiones muy duras, cuestionadas por sus compatriotas entonces y también ahora, con la perspectiva que da la Historia. La fórmula no es nueva, pero el hecho de que permanezcamos tanto tiempo de metraje junto a la anciana nos suena a disculpa un tanto forzada y a una manera de darle el acabado final a la ‘leyenda’ de una trayectoria política.

Como decimos, La dama de hierro nos lleva de visita a la casa de la señora Margaret Thatcher (Meryl Streep), de 86 años. Allí, nos recibe una encantadora anciana que entretiene el tiempo en tareas hogareñas, conversaciones triviales y recuerdos que comparte junto a su marido, Denis Thatcher (Jim Broadbent), quien por cierto, hace pocos años que ha fallecido. Es un entrañable fantasma del pasado que la demencia senil se empeña en llevar de vuelta a casa. Aconsejada por su familia, Margaret tiene que enfrentarse a la tarea de seleccionar los enseres personales de Denis de los que debe deshacerse. La anécdota es el detonante de una serie de recuerdos que, a bordo de diversos flashback, le llevará a revivir algunos de los capítulos más destacados de su biografía personal y política.

La Dama de Hierro es una película que dejará insatisfechos a quienes les apasione escudriñar los entresijos del poder o la génesis de diferentes capítulos esenciales de la Historia británica. Aunque también dejará con interrogantes en la cabeza a aquellos que quieran saber más de la anciana que deambula entre sus recuerdos. La película parece buscar la indulgencia en muchas de las decisiones que adoptó la Primera Ministra; en ocasiones pasa, como de puntillas, por esos capítulos sin ofrecer un reflejo de la tensión y la gravedad con la que se vivieron los acontecimientos. A excepción de las secuencias referentes a la Guerra de Las Malvinas, que resultan realmente inquietantes. Más interesante resulta la ‘lucha de género’ que plantea el filme: la de una mujer fuerte y fiel a sus principios que no quería ver pasar su vida ante una pila de platos sucios y que trabajó muy duro para hacerse un camino en un mundo lleno de emociones y ambiciones, presuntamente masculinas. En este sentido, tienen una fuerza especial las escenas protagonizadas por una Margaret Thatcher joven (por cierto, fantástica interpretación de Alexandra Roach).

Hay una secuencia especialmente lograda en la película. Nos referimos a una de las reuniones que la Primera Ministra mantiene con su Gabinete. La señora Thatcher pierde completamente los papeles y ese momento confuso, lleno de exabruptos y de patetismo, donde arremete contra un fiel compañero de partido, nos deja completamente helados porque nos invade un desconcertante sentimiento: vergüenza ajena.

La interpretación de Meryl Streep es épica. La actriz que nunca decepciona tuvo en esta ocasión el reto de darle verosimilitud al personaje de una mujer que educó su voz para resultar convincente. Así, la película nos brinda la oportunidad de disfrutar de una Margaret de acento más suave y melifluo y de la Thatcher, que se impone con autoridad en un registro más grave. Streep está soberbia. Sus pequeños gestos, sus miradas, la manera de ladear la cabeza o de agitarla con vehemencia para enfatizar su discurso. La actriz engrandece la figura de la líder mundial y también nos la devuelve atormentada por las graves consecuencias de sus decisiones. Streep enriquece un guión con muchas lagunas.

Es imprescindible ver esta película en versión original y revisar algunas intervenciones de Margaret Thatcher en televisión para darse cuenta de la perfección del trabajo de Meryl Streep. Como aperitivo, os servimos el trailer de La Dama de Hierro en su lengua materna.
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2 comentarios

  1. En esta sí estoy más de acuerdo. De esas películas en que el personaje se lo come todo… tanto que no queda nada detrás.

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  2. Genial, Jesús. Además, nos da la sensación de que es una impresión muy generalizada sobre la película, y que ha sucedido también en otra de reciente estreno cuyo visionado publicaremos próximamente.Saludos

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