Visionado: ‘El topo’, de Tomas Alfredson. ‘El desencanto de un espía retirado’

 

tres estrellas


George Smiley no es un espía al uso. Fue enviado a una ‘prejubilación’ forzada tras haber fracasado en una misión secreta en Hungría, turbio asunto que le convirtió en la vergüenza de la mítica MI6. Smiley es un hombrecillo gris, de pocas palabras, extraordinariamente inteligente, con la actitud algo encorvada. Un tipo, en palabras de John Le Carré, “al que olvidarías inmediatamente”. Así lo concibió su creador, el escritor británico, otrora también espía, y así le da vida un Gary Oldman en auténtico estado de gracia en la película El Topo, del director sueco Tomas Alfredson.

En El Topo, Smiley ha de ‘desenmascarar’ a un traidor, alguien que filtra información a los rusos y que ostenta un cargo de relevancia en las alturas del Circus, designación que recibe el MI6. Calderero, sastre, soldado y espía son los nombres en clave de cuatro individuos, entre los que se mueve la sospecha, aunque ésta también se cierne sobre el propio protagonista. Fuera del sistema, Smiley investigará en las entrañas del servicio secreto en compañía de un joven y astuto agente, el perfecto gentleman británico, Peter Quillam (Benedict Cumberbatch).

El topo nos sumerge en plena Guerra Fría y en la primera línea de fuego de aquella época de incertidumbres donde los combatientes se encontraban, principalmente, entre las filas de los servicios secretos. Podría haber sido una película de acción, pero se trata de un filme a puerta cerrada; la mayor parte del metraje transcurre en despachos taciturnos porque esa es la historia que quería contar un escritor que siempre anduvo más preocupado por el perfil humano y el viaje interior del ‘antihéroe’ que por las tramas complejas y ‘clasificadas’ en las que se desenvolvía. Y que, por cierto, siempre han sido fascinantes. En El Topo, los personajes adquieren relieve gracias a sus contradicciones y a sus debilidades, a sus frustraciones, traiciones y deseos ocultos. Hay también mucho de Le Carré en el pilar central de la película: su visión desencantada y viciada del mundo del espionaje y, por supuesto, de la naturaleza humana.

Sin embargo, Alfredson no se limita a ser un mero intérprete de la cosmovisión del escritor. Tampoco adopta una actitud complaciente siguiendo la estela de la célebre serie que preparó la BBC, Tinker, Tailor, Soldier, Spy (John Irving, 1979), sobre la novela de Le Carré y donde Sir Alec Guinness interpretaba magistralmente a Smiley. Más allá de contribuir a la eficacia de la narración, el director sueco también deja su impronta en la película con ciertos recursos estilísticos que refuerzan el misterio que envuelve a los personajes y, sobre todo, la tensión del argumento. Especialmente efectiva resulta esa cámara alejada de los protagonistas, en ciertos momentos cumbre de intercambio de información, un distanciamiento forzado que produce nerviosismo, cierta sensación agorera de descontrol y de peligro. Ahí está también la sabia elección de la textura densa de la fotografía, donde las imágenes juegan con los claroscuros, son claustrofóbicas, atmósferas cargadas donde parece ahogarse hasta la ceniza de las colillas. Mantiene una estética deliberadamene añeja, como si las secuencias se hubieran proyectado, precisamente, desde una televisión de los años setenta.

El plantel de actores es, en sí, un espectáculo. Encontramos a los solventes y misteriosos Clarán Hinds (Bland; soldado) y Toby Jones (Alleline; calderero), a un inquietante y seductor Colin Firth (Bill Haydon; sastre) así como aun intermitente John Hurt (Control), quien a pesar de contar con escasos minutos en pantalla, deja una huella indeleble. Como sorpresa, descubrimos a un joven actor que aparece en pantalla con fuerza y sin dejarse intimidar por los pesos pesados que le acompañan, Benedict Cumberbatch.

Sin embargo, El Topo es la película que nos muestra a Gary Oldman, de nuevo, encarnando a un protagonista. Un actor que tenía el papelón de estar a la altura de la interpretación que hizo del complejo Smiley Sir Alec Guinness, pero que supo encontrar su propio camino, el matiz perfecto que le da otra vida. Alfredson dice que el actor trabajó tan esforzadamente que en muchas de las escenas fue capaz de “expresar todo lo que quiere decir el personaje sirviéndose solo de la nuca”. Y es completamente cierto: es una nuca que respira tensión y que desconfía.

El trailer de El Topo imprime un ritmo al planteamiento de la trama que nada tiene que ver con el real de la película, mucho más acertado. Entendemos que son cosas del formato. Sin embargo, ofrece la oportunidad de disfrutar de otra asombrosa banda sonora de Alberto Iglesias.

 

 
No hemos podido resistir la tentación de mostrar otro trailer de otros tiempos. Esta vez pertenece a la serie de la BBC Tinker, Tailor, Soldier, Spy.
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Una respuesta

  1. Es una de las mejores pelis del año. Gary Oldman a los Oscar, ya.

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