Visionado: ‘The Artist’, de Michel Hazanavicius. ‘Nacida como clásico’

 

cinco estrellas


De vez en cuando pasa. La pupila se dilata, el pulso se acelera, las manos te cosquillean y el mundo deja de existir. De vez en cuando encontramos en una película un estallido de emoción que desde el principio hasta el final nos deja sin respiración, sin constancia de uno mismo, y sin voz, como los personajes de The Artist, esta joya ya nacida como clásico, del director francés Michel Hazanavicius, que se ha convertido en una de las grandes sorpresas del año tras ir cosechando premios por donde pasa. Sí, es muda (aclaramos, es casi muda, y ahí lo dejamos), y por eso está recubierta de emociones, de buen gusto, de seducción, de elegancia y de todo aquello que hizo que el cine, antes y después de El cantor de jazz que obligó a hablar a los actores, hoy sea lo que tantos amamos: un sombrero de copa lleno de magia.

La historia es tan sencilla como el apogeo y posterior descenso a los infiernos de un actor llamado George Valentin (sí, puede que nos hablen de Rodolfo Valentino, pero podría ser Douglas Fairbanks perfectamente), que ve cómo la llegada del cine sonoro a finales de los años 20 acaba con su carrera, mientras sube como la espuma la de Peppy Miller, una joven a la que él ayudó en sus inicios. Y sobre este guion (también de Hazanavicius) se sostiene el divertimento, el espectáculo de imágenes, y la partitura inabarcable y asombrosa de Ludovic Bource, que junto a los personajes cada vez se va humanizando y descaricaturizando. Porque es así como pasa. George y Peppy en sus trayectorias divergentes, cada vez se hacen más humanos, abandonan la mueca, se convierten en actores del siglo XXI atrapados en una cápsula del tiempo, clásicos y mudos, solo cruzándose y bailando.

Y es que la música es el auténtico líder de esta historia. Aunque es en su perfeccionada producción donde vemos su asomo de modernidad, las partituras creadas por el compositor francés son genuinas, chispeantes, conmovedoras, reinas absolutas de la película. Y cuando finalizan, en breves instantes, para tomar aire, descubrimos en los silencios los mejores fotogramas fijos: a Peppy haciendo una pantomima con el traje de George, a George recordando tiempos mejores delante de un escaparate, al entramado de escaleras de los ficticios estudios Kinograph, y a George y su perro mimetizados en uno. En el ámbito de artista invitado tan solo aparece la estupenda pieza de charleston Jubilee Stomp de Duke Ellington.

Cuando la imagen se mueve, es la inmejorable selección de los actores, un remix franco-americano, la que conforma su perfección. Jean Dujardin es un prodigio de asimilación al cine de oro y Bérénice Bejo el rostro del duelo entre la fama y la compasión. Junto a ellos, simpatiquísimas y tan clásicas como si entonces hubieran existido, las apariciones del adorable John Goodman como productor, del polifacético James Cromwell como el chófer de Valentin, de la triste Penelope Anne Miller como su mujer, así como un brevísimo y humoresco cameo de Malcolm McDowell (el Álex de La Naranja Mecánica)  Nuestra mención aparte para el perro (de nombre real Uggie y con un curioso historial de hiperactividad detrás), el mejor detalle de la película, compañero fiel y salvador de Valentin.

Aunque nos faltó la orquesta en la sala de cine para sentir de verdad hacia dónde estábamos viajando, una vez calmados los ánimos de su sorprendente final es cuando realmente sentimos lo que esta película representa. Es algo más que un homenaje del cine francés al cine americano, a una época difícil que acabó con las carreras de muchas estrellas hoy casi desconocidas, y que también se retrató de manera inmortal en Cantando bajo la lluvia. The Artist es una piedra filosofal, la manera de regresar al eterno clasicismo, de recuperar la comedia ligera y aventuresca que agonizaba a finales de los años 20 junto con la economía mundial. Y aunque huele a Oscar por todas partes, a nosotros nos gustó por su golpe de genio y de suerte: el de sus protagonistas al final, el que nos deslumbrará y hará que cinéfilos y no cinéfilos queramos, ipso facto, volver a repetir la secuencia.

A continuación el tráiler, magnífico pero tramposo en algunas escenas:

Y para finalizar, la pieza Waltz for Peppy de Ludovic Bource, de las mejores de la película:

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2 comentarios

  1. Es bastante buena… aunque no marcará un referente para el cine actual. Esperemos que, al menos, las americanadas aprendan a dar un podo mas de profundidad a sus personajes y a la trama. http://blogdecineparaulaviva.blogspot.com/2011/12/artist.html

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  2. Pues sí KEN'AY, es posible que expresemos más un deseo que una realidad. Desde luego en nuestra lista de clásicos ha quedado marcada para siempre. Tiempo al tiempo. Gracias por tu comentario, y un saludo cinetario.

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