Visionado: ‘Un método peligroso’, de David Cronenberg. ‘Perturbadora y liberadora’

cinco estrellas


Tortuosa, estimulante, oscura, liberadora. Un método peligroso es una de las películas más inteligentes e imprescindibles de los últimos tiempos. La cinta de David Cronenberg es una fascinante y temeraria incursión en uno de los mayores enigmas de la existencia del hombre, su propia psique, y lo aborda asomándose a las relaciones que mantuvieron Sigmund Freud (Viggo Mortensen), su por aquel entonces discípulo, Carl Jung (Michael Fassbender) y la paciente, luego amante de este último, Sabina Spielrein (Keira Knightley) quien llegaría a ser también una de las psiquiatras y psicoanalista más influyentes de todos los tiempos.
Un método peligroso cuenta con un guión admirable, prodigioso, firmado por Christopher Hampton (Las amistades peligrosas), que tiene la virtud de reunir con naturalidad, precisión y sentido poético algunos de los episodios más emblemáticos de las relaciones intelectuales y humanas de los padres del psicoanálisis. Tiene también la habilidad de llevarnos al nacimiento e incluso a la destrucción de algunas de las teorías más importantes que, aún hoy, siguen intentando explicar los mecanismos de la mente, los comportamientos del ser humano. Un método peligroso habla de la razón y el inconsciente, de la ciencia que nunca logrará sobreponerse al misticismo, de las pulsiones sexuales que nos conducen a la destrucción de nuestro yo para crear una nueva vida, del complejo sendero que tomamos para construir nuestra identidad. En ella se dan cita traumas infantiles, represiones civilizadas, humillaciones que despiertan el deseo, la peligrosa clarividencia de los sueños.
Es una película densa conceptualmente que, sin embargo, no abruma ni agota porque las secuencias están llenas de dolor y pasión, también de ambición, admiración y rivalidad. Llena de vida, en definitiva. Está tan bien escrita que todo el complejo engranaje intelectual que soporta se desliza a la perfección gracias a la peripecia humana y al morbo. Razón y vísceras, una vez más, en perfecto equilibrio, en eterna lucha. En la película existe un punto de inflexión brillante: la puesta en escena de un personaje casi mágico, por la libertad insultante con la que se conduce. El doctor Otto Gross (Vincent Cassel) aparece en la consulta de Jung para explicarle con dos palabras, que resuenan como dos bofetadas, de las que espabilan, la verdad sobre la naturaleza humana. Para darle el empujón que necesita su mente privilegiada y timorata, aquel que le permitirá perfeccionar su existencia y sus teorías.
Sin lugar a dudas, estamos ante uno de los mejores y más inesperados trabajos de David Cronenberg, un realizador que siempre ha husmeado en lo más recóndito del ser humano para presentarnos, como un maestro de ceremonias en un circo estrafalario, el espectáculo de nuestras ambigüedades y las de la sociedad en las que vivimos o vivieron algunos otros. Ahora, adopta una pose clásica en la narración y viste traje de época, pero sigue siendo el mismo creador brillante y desconcertante. El que se atreve a decirnos que, “a veces, hay que hacer algo imperdonable para seguir viviendo”.
La película sería perfecta si la interpretación de Keira Nightley no pecara de excesiva, al menos, al comienzo del metraje. Es peliagudo acercarse a un personaje real, del que se sabe, que era presa de innumerables tics nerviosos. Peligroso porque o bien te hace merecedor de un Oscar (la Academia cuenta con una larga tradición de premios a interpretaciones de personas discapacitadas o en situaciones límite de todo pelaje) o bien caes en el más espantoso de los ridículos. Los aspavientos y las gesticulaciones de Keyra son, sin ir más lejos, aparatosas y poco creíbles.
Como contrapartida, Mortensen y Cassel se muestran, una vez más, como dos de los mejores actores de nuestros tiempos. Pero es Michael Fassbender (omnipresente y omnipotente en la cartelera) quien se lleva el gato al agua. Camaleónico e intuitivo, apasionado y apasionante, este intérprete medio alemán, medio irlandés, es un maestro de los matices, de la actuación medida y al mismo tiempo arrolladora, visceral. Como las contradicciones del alma humana, como la mente que se empeña en mantenerla encerrada.
Os dejamos con el punto de inflexión que os hemos mencionado. Cassel/Otto Gross , paciente y ‘doctor’ de Carl Jung; también el eco de los deseos inconfesables…
A continuación, el trailer de la película, en versión original, para que podáis degustar un avance de las grandes interpretaciones que ofrece.
 
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