Visionado: ‘No habrá paz para los malvados’, de Enrique Urbizu. ‘La esencia del silencio’

cinco estrellas


Chaplin dijo una vez, cuando se le echaba encima la ‘revolución’ del sonoro, que nunca utilizaría las palabras porque la “esencia del cine es el silencio”. Claro, hoy en día cuesta tomar en serio esta sentencia cuando uno recuerda los maravillosos tiras y aflojas de Bogart y Bacall en las películas de Howard Hawks, pura música celestial, (El sueño eterno) o las originales digresiones tarantinianas, o las declamaciones fascinantes del texto de Shakespeare en el Julio César de Mankiewicz. Y, sobre todo, porque el sonido facilitó la llegada de ciertos géneros imprescindibles, como el negro, el policíaco, que necesitaban ofrecer una nutrida información pues las tramas eran ciertamente complejas.

Aquellos eran otros tiempos, que se avecinaban amenazadores para muchas carreras. El propio Chaplin supo desdecirse creando obras maestras que echaban mano, y de qué manera, de las palabras. Desde entonces también han existido cineastas que frecuentan el género negro y que han sabido dar el triple salto mortal. Están especialmente dotados para contar una historia llena de callejones tortuosos y aristas imposibles con secuencias que recogen todo lo que el espectador necesita saber. Siendo, además, parcos, precisos en su empleo de los diálogos. Enrique Urbizu, nuestro realizador noir de cabecera, es uno de ellos. No habrá paz para los malvados tiene una poderosa fuerza visual y 20 primeros minutos donde la imagen lo es todo.

Con esos mimbres se nos va desgranando la historia de un policía fronterizo, corrupto y atormentado, un ‘justiciero’ de moral confusa y pasado desenfocado. Una noche de borrachera y tragaperra esquiva da un mal paso y comete un triple crimen en un burdel del extrarradio. Pero alguien lo ha visto. Santos iniciará una investigación para dar con el testigo y eliminarlo adentrándose en los suburbios de los traficantes de drogas colombianos que se enredan con yihadistas terroristas. La caza es una contrarreloj pues el policía tendrá que ser más rápido en su búsqueda que la jueza que investiga los crímenes del local de prostitución.

La esencia del cine de Urbizu se plasma en un guión sobrio, contenido, a pesar de la violencia de la trama, donde se retratan las alcantarillas de los bajos fondos de manera asfixiante, con el veneno de un callejón sin salida. Sin embargo y, con todo, no nos resulta una película redonda. Nos sorprende, por ejemplo, que el buen pulso del arranque se pierda en ciertos momentos del nudo donde el ritmo resbala y se roza peligrosamente el tedio (¿Donde estará Rashid?). Por otro lado, algunos secundarios no tienen mucho relieve y al personaje de la jueza, correctamente interpretado por Helena Miquel, le falta el carisma necesario para imponer su presencia como el antagonista que se merece Trinidad.

La interpretación brutal, epidérmica de Coronado, como contrapartida, es uno de los aspectos más destacados del largometraje. Respirando su extraño personaje de pasado que se sospecha traumático, el actor madrileño es un equilibrista de los bajos fondos con placa y un punto macarra que, en una mala racha, busca la redención de su mal fario intentando ocultar un crimen torpe.

A No habrá paz para los malvados le falta la doliente humanidad de los personajes rotos de La Caja 507 o los protagonistas derrotados y la tensión sexual de La Vida Mancha. Aquellas fueron películas que nos dejaron huella. No habrá paz para los malvados es otra historia; se reconoce en ella el don de Urbizu para la narración, pero no se nos da ninguna tregua, es descarnada y valiente.

La esencia del cine, quizás aquella de la que hablaba un Chaplin despechado, es una imagen poderosa de una mano que se aferra a un gatillo en un gesto final imposible.

A continuación, el trailer, que le hace justicia.

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Una respuesta

  1. No alcanzo a entender las grandes críticas y contínuas recomendaciones que recibe "No habrá paz para los malvados".Es una buena historia sí, pero muy mal contada, sin explicar las motivaciones del único protagonista, Santos Trinidad y con unos secundarios no sólo insulsos, sino prácticamente inexistentes. Un guión más trabajado y una mayor profundidad en los personajes hubiese hecho de este film algo realmente extraordinario.

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