Píldoras cinetarias: Destierro formal en carteles minimalistas de cine

Cuando el adorno y los abalorios sobran, siempre podemos buscar la reducción a la mínima expresión en la simbología de grandes obras maestras del séptimo arte. El vehículo que hemos encontrado para ello: una serie de pósters de cine que eliminan la ornamentación descriptiva y muchas veces adulterada de las películas que representan, y ofrecen su contenido conceptual basado en un objeto, una figura, una alineación o simplemente la nada.
Para hacernos eco de este homenaje cinéfilo al destierro formal que pionizaron los primeros trabajos conceptuales de Ad Reinhardt y Marcel Duchamp, hemos elegido como presentación del post el cartel de El resplandor, la adaptación de la novela homónima de Stephen King que Stanley Kubrick realizó en 1980 y que se convirtió en una de las películas más terroríficas de todos los tiempos, para mayor gloria de Jack Nicholson y sucesivos traumas de Shelley Duval. En el cartel, dos vestiditos: los de las dos gemelas hieráticas que un niño sobre un triciclo contempla al final de un pasillo, primero en formación y después muertas a hachazos.
A continuación os ofrecemos otros cinco carteles fruto de este experimento, y os invitamos a visitar el enlace www.listal.com/list/minimalist-posters para poder verlos todos. Alguno está tan vacío de esencia que resulta difícil encontrar su sentido, pero no deja de ser un juego de agudeza cinéfila o de protesta nihilista, según se mire.
La mezcla de cursiladas manga y gore hiperbólico de sangre y venganza en la surcoreana Old Boy  (2003), de Park Chan-wook, queda perfectamene sintetizada en una cascada rojinegra:
De los más logrados. Una mano muerta y un anillo: el desecadenante de que el apocado Victor se convierta en el marido involuntario de la fallecida Emily a golpe de gusanos y muertos de musical, en La novia cadáver (2005), de Tim Burton:
¿Con qué conseguían los personajes atrapados en la estructura de cubos infinitos de Cube (1997), de Vicenzo Natali, segregar con la boca la suficiente saliva para no desfallecer por deshidratación? Pues eso:
El eterno símbolo cinematográfico de la paz y la concordía se convierte en Blade Runner (1982), de Ridley Scott, en detector de replicantes. Si aparece en tus sueños, es posible que no seas humano. Que se lo digan a Harrison Ford:
Y continuando con la inteligencia artificial, el ojo como último resquicio de vida de la máquina apocalíptica y destructora de Terminator (1984), de James Cameron:
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