Píldoras cinetarias: el regreso de Polanski y su genio escapista

Clooney, llegó, encandiló y convenció con inteligencia con The Ides of March. Madonna dejó ver su ambición rubia, a bordo de vaporetto, pero su película W.E. aburrió y se diluyó hasta quedarse en mera anécdota del día. Cronenberg fascinó y desconcertó a partes iguales llevando a concurso Un método peligroso. A Roman Polanski, ni se le vio, pero venció, al menos entre la critica y el público que acudió a ver su película en la Mostra de Venecia. Ya veremos qué dice el jurado.

Como siempre, están las luces y las sombras de un Festival como el de Venecia que extiende la alfombra roja bajo sus góndolas con la esperanza de mantener el perfecto equilibrio entre el glamour del estrellato y la calidad de las películas que se llevan a concurso o completan el menú cinematográfico. Y mientras Clooney era un producto perfecto para estos menesteres, puesto que además de galán encantador presentaba un nuevo filme político dotado de un reparto espectacular y una cuidada producción; la reina del pop se empeñó en redimir la figura de Wallis Simpson (la mujer por la que renunció al trono Eduardo VIII), en su segunda película como directora. Cronenberg rompió esquemas planteando con narración contenida, un perturbador encuentro entre Sigmund Freud, su discípulo Carl Jung y una joven con la mente trastornada.

Más allá del revuelo de flashes y del vocerío, propios de un festival de cine, Polanski estuvo más presente que nunca en su ausencia. El cineasta, maldito, pero por la justicia norteamericana, dio a conocer Un dios salvaje y nos recordó lo innegable, que quizás sigue siendo el mejor cineasta de nuestros tiempos.

Su nueva obra maestra se encierra en las cuatro paredes de un salón de un hogar de clase media acomodada. En ellas sirve un drama con el ácido del sarcasmo, pues tiene mucho de comedia con mala baba que sabe tensar las cuerdas del thriller psicológico. La trama parte una anécdota: dos matrimonios se reúnen para intentar resolver la tensión propiciada por la pelea de sus respectivos hijos. El encuentro destapará la caja de los truenos, cada cual abandonará su pose civilizada y dará rienda a suelta a sus miedos, a sus frustraciones y a su lado más falsario, rudo y, por supuesto, salvaje. Todo ello para que, quizás, el cineasta ajuste cuentas con la hipocresía de la sociedad. O quizás no. Se le puede echar más o menos imaginación a la génesis de la obra, pero lo cierto es que el cineasta ya había acordado con la escritora Yasmina Reza llevar a la gran pantalla su obra de teatro antes de su detención en Suiza. De hecho, la dramaturga y el cineasta escribieron juntos el guión ‘bajo arresto domiciliario’. Pero Polanski se había guardado un as en la manga: su toque escapista. Situó sus cuatro paredes en un imaginario Brooklyn y cuatro de los mejores actores del momento (Kate Winslet, Christoph Waltz, Jon C. Reilly y Jodie Foster), se dejaron encerrar, en cuerpo y alma, en su proyecto. Dicen que todo, en conjunto, funciona con la precisión del mecanismo de un reloj, pero con un ritmo de claustrofobia. Reza explicó que Polanski quería distanciarse del desenlace pesimista concebido por ella y deja un final abierto, que bien pudiera ser una concesión al optimismo. No era su propia visión de la historia, pero ella también se rindió al talento y al universo del cineasta.

Polanski no acudió a la Mostra para presentar su trabajo, de la misma manera que no recogió el Oscar en 2003 por El pianista. Tenía miedo de volver a enfrentarse con la justicia. Han pasado tres décadas desde que cometió su pecado en la casa que Jack Nicholson tiene en Mulholland Drive. La joven a la que el cineasta presuntamente violó, hoy mujer entrada en años, dice haberle perdonado y pone en entredicho que hubiera abuso, pero el delito contra la menor no prescribe. Nunca se conocerá realmente lo que ocurrió. Justo o injusto, moralmente aceptable o reprobable, lo único que podemos pensar es que el hombre puede quedarse atrapado en su condición de salvaje, pues su obra estarCursivaá por encima de cualquier juicio de valor que no sea artístico. Es el único reflejo por el que quizás se asome algo de divinidad. La redención quizás le llegue con el paso de los tiempos. Quién sabe, qué importa. Lo que es seguro es que Polanski sigue escribiendo con pulso firme en la Historia del Cine y se hablará de él durante mucho tiempo.

Nosotros, por lo pronto, sólo esperamos que llegue mediados de noviembre para dejarnos embaucar por Un dios salvaje. Lo dicho, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

 

Os dejamos con el trailer con el que se presenta la película en todo el mundo.

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2 comentarios

  1. Este señor es el mayor genio contemporáneo vivo y merece homenajes y homenajes.— Es lamentable lo que ha pasado, aunque no queramos disociar la vida de la obra.

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  2. A lo mejor solo que hay que dar tiempo al tiempo, pero tememos que todo su merecimiento sea póstumo. Un saludo.

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