Visionado: ‘Super 8’, de J. J. Abrams: ‘Gracias por la nostalgia’

cuatro estrellas


Un refrito de sueños. Un recopilatorio de lo mejor de los 80. Un tributo cinéfilo y nostálgico de una época que no volverá. Este mismo argumento puede servir tanto para poner la película a caer de un burro como para defenderla frente a las invasiones bárbaras. Y es que casi todo el mundo sabe ya lo que hay en Super 8. Mucha memoria recluida en un cofre desempolvado que solo tiene de nuevo el argumento, pero que se saborea tan bien como solo alguien con algo de mirada melancólica puede hacerlo. Así ha sido en nuestro caso, que desde el segundo minuto de esta historia nos teletransportamos hacia un momento en que todo era posible, cuando éramos niños, y queríamos vivir algo emocionante que buscábamos en el cine por saber ya que en los confines de nuestro barrio no había extraterrestres, ni barcos piratas, ni encuentros en ninguna fase.
 
Steven Spielberg fue nuestro facedor de quimeras fantásticas, y ahora regresa con una pandilla de niños que, en 1979, tras ser testigos del descarrilamiento de un tren mientras ruedan una película con una cámara Super 8, se ven envueltos en los extraños acontecimientos que se suceden. A partir de este momento, se inicia un “grandes éxitos” sin parangón y para gran regocijo de los aquí firmantes, encontrando entre sus frases, sus tomas y sus personajes multitud de homenajes que conforman un solo tributo a lo mejor de una década. Gordos y bocazas que compiten en bobadas y carreras en bicicleta como en Los Goonies o Una pandilla alucinante, ocupaciones militares y seres de otro mundo como en E.T., alucinantes y luminosos finales de retorno como Encuentros en la tercera fase, o destrozos apocalípticos como en La guerra de los mundos. Y a todo ello se añade el propio cartel de la película, inspirado en los emblemáticos y conocidísimos carteles que el ilustrador Drew Struzan hizo a mano para Blade Runner, Indiana Jones o Star Wars
 
El rey Midas, emperador de Hollywood, todopoderoso señor de la gran pantalla, nos hace un regalo sin engaños, y nosotros le damos las gracias por la nostalgia, por este sobresaliente y necesario regreso al pasado. No vemos ninguna trampa en ello. Y menos si en manos del televisivo J. J. Abrams, que debuta en el largometraje, se convierte en una historia con alma propia, en un cuento de personajes tan ingenuos como pensantes y sintientes donde solo algunos atractivos secundarios quedan al final tristemente difuminados. Tras dejar su marca Perdidos en algunas secuencias absolutamente fascinantes como el descarrilamiento del tren (tras estrellar el avión de los lost, ya solo le falta el hundimiento de un transatlántico) o como el monstruo-alien desconocido, que solo se intuye hasta el final de la cinta (por un momento veíamos una especie de humo negro), el director no concede apenas pausa, y además realiza un estupendo contexto de época y demuestra un evidente pulso con los niños, siempre tarea difícil. Conmovedores y entregados los pequeños Joel Courtney (Joe Lamb)  y especialmente Elle Fanning (Alice Dainard), ésta última ya tintineando para una posible nominación al Oscar.
 
Super 8 fluye y se deja hacer como un juguete, homenajea a la inocente y temprana pasión por el cine y nos lleva por los caminos del drama más simple pero también más humano, hasta un desenlace espectacular y detallista, pero sin epílogos llorosos. En realidad, nos vemos en la obligación de avisar de un final después del final. Y ya no decimos más. Simplemente, nos os levantéis de la butaca antes de tiempo. Y si podéis, abrid oídos de par de par, para descubrir una banda sonora que no vamos a equiparar a las maestrías de John Williams en los 80, pero que sí tenemos que destacar, por el estupendo trabajo de Michael Giacchino, en estado de gracia desde la maravillosa composición que hizo para Up.
 
La película ha recibido lo suyo de veneno crítico, sobre todo del que más nos duele, del de la gente, del popular. Y no terminamos de entenderlo. Hay hordas calificando esta historia de ñoña, cursi e inverosímil. Al final, tras mucho trasegar, hemos llegado a la conclusión de que no falla la película, sino la edad de quien la ve con ojos adultos (¿o adulterados?). A los ochenta nos remitimos. ¿Acaso tenía entonces sentido que un grupo de niños salvara a su pueblo con un puñado de diamantes encontrados en un barco pirata escondido? ¿Era más creíble que Elliot hiciera estampas en la Luna con el entrañable E.T.? ¿Formaba parte de la rutina diaria que las naves extraterrestres se llevaran a bordo a nuestros amigos? ¿Y por qué treinta años después pedimos coherencia siendo incoherentes con lo que entonces nos fascinó? También se refleja con ello el egoísmo de generaciones de treintañeros y cuarentones criticando que se les trate como a niños como si su infancia hubiera sido la única y ya no existiera en el mundo. Super 8 supone ahora todo un prodigio para un público pequeño, ilusionado, y ya muy alejado de nosotros. No seamos crueles. Si la pastilla para soñar no funciona, puede que no sea culpa del alquimista sino de algo que perdimos por el camino, o que se convirtió en desidia. Por todo ello, concluimos sentenciando que Super 8 sea el chequeo de muchos para medir si acaso el paso del tiempo les ha cortado las alas.
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4 comentarios

  1. Que rotundos al final, cinetario. Espero que me funcione el chequeo que a todo esto, no la he visto, pero miedo me da…

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  2. La pasión por un determinado tipo de cine nos ha llevado a esa conclusión, pero porque no nos queda otra. Nos machaca que se saque una expectativa 15 de una película 8, solo por su firma.

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  3. A mi super8 me parece un quiero y no puedo. Un intento de aproximarse al espíritu de películas ochenteras del estilo ET o los Goonies, pero se queda en eso, en un intento.La historia está manida hasta más no poder y los personajes de los niños son arquetípicos hasta la nausea: el gordo listillo, el pequeñajo cabroncete, el prota que acaba de sufrir una desgracia y la chica guapa.Entretenida es, pero desde luego, cualquier comparación con las ya mencionadas ET, los Goonies o Cuenta Conmigo, por ejemplo, es un auténtico insulto.

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  4. Super – 8 una pelicula que realmente te hace recordar viejos tiempos, y no defrauda, me gusto un monton y la volveria a ver muchas veces más. Un exito.

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