Visionado: ‘Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte II’, de David Yates. ‘Sin miedo a nada’

cuatro estrellas


Ya nos sabíamos el final. Lo habíamos leído dos, tres y cuatro veces cuando se publicó el séptimo y último libro de la planetaria saga de J. K. Rowling. Conocemos la última frase de cada uno de los personajes que, en nuestro caso, nos han acompañado durante casi década y media, desde que un niño de once años que dormía bajo una escalera en la triste y déspota casa de sus tíos, descubrió su ascendencia mágica y partió desde el andén nueve y tres cuartos de la estación londinense de Kings Cross hacia el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Con ello protagonizó una serie literaria de aventuras convertida en referencia mundial de niños y adultos. Después pasó al cine, de manera casi natural, inevitable.

Pese a que somos capaces de contestar cualquier pregunta sobre el Quidditch, sobre las asignaturas de Hogwarts, sobre los muggles, sobre las relaciones entre cada uno de los personajes, sus debilidades, sus virtudes, pese a que sabemos cómo acababa todo, estábamos deseando ver el final. Ya nos pasó con la insuperable adaptación de la trilogía de El Señor de los Anillos, y estamos encantados de poder manifestar la misma impresión: histórico y fabuloso broche de oro. Tal y como lo vimos en nuestra imaginatio, cuando ralentizábamos la lectura de las últimas frases del libro, ahogando la emoción, intentando evitar que terminara.

De la mano del británico David Yates, que ya había dirigido las tres últimas entregas (La orden del Fénix, El misterio del Príncipe, y Las reliquias de la muerte, Parte I), tras recoger el testigo que previamente mantuvieron con dignidad Chris Columbus (La piedra filosofal, La cámara secreta), Alfonso Cuarón (El prisionero de Azkaban, nuestra favorita, por cierto) y Mike Newell (El cáliz de fuego), el episodio final es todo un espectáculo que justifica al máximo la decisión salomónica de partir en dos el último libro de la Rowling para su estreno en la gran pantalla. Así, el sabor algo sosón que se nos quedó con la primera parte, más lenta, más hipnótica, narrando de montaña en montaña la búsqueda de los horrocruxes, la calma que precedía a la tempestad, se convierte finalmente en una explosión de fuegos artificiales donde todo cobra sentido, a la manera de las grandes batallas, barriendo aburrimientos, dejándonos Petrificus Totalus. Menos cruel que el libro en algunas escenas, no por ello nos deja de mostrar las entrañas de los impenetrables laberintos de Gringotts, la desolación de Hogwarts tras el traspaso de su armazón de hechizos, la grandeza de un edificio sitiado por dementores, mortífagos y sicarios, la destrucción de una era. El apocalipsis mago, servido en bandeja, con breves pausas para respirar, para tomar posiciones, para retomar el camino, para dar a cada personaje el protagonismo que se ganó durante toda la saga.

Rompiendo jerarquías protagonistas, queremos referirnos especialmente a Albus Dumbledore (Michael Gambon), ese semi-dios antológico, el ángel de la guarda de Harry, su conciencia, su guardaespaldas, y sorprendentemente casi su verdugo. Y sobre todo, y por encima de todo, a Severus Snape (Alan Rickman), el mejor personaje de todos, en opinión de los aquí presentes, el triste equilibrista entre el bien y el mal, el atormentando mago que encierra la mayor ambigüedad, el mayor dolor, y la clave de toda la historia. Los generosos minutos que la película dedica a mostrarnos los recuerdos de Snape a través del pensadero son lo mejor de esta última entrega, la sentencia de Harry, provocada al final por el amor, cómo no, qué iba a ser si no. También magnético, villano, más carismático que nunca aparece la némesis del niño mago, el Señor Tenebroso, el terrorífico desnarizado de Lord Voldemort (Ralph Fiennes), cobrando corporeidad y maldad conforme avanza la saga, y en esta entrega soberbio y tocando el trono de los malísimos.

Tan crecidos como deslumbrantes y profesionales están igualmente los componentes del trío protagonista. Vale, se les ve veinteañeros avanzados, que a nadie engañan, pero con ello su interpretación es más perfecta, más creíble y acorde con la trama. Luchadores incansables, dueños de sus adolescencias ganadas a golpe de varita,  Harry Potter (Daniel Radcliffe), Ron Weasly (Rupert Grint) y Hermione Granger (Emma Watson) mantienen hasta el final una química aventurera y casi romántica, superviviente además (eso tiene mucho mérito) de ocho películas. Apabullantes las breves apariciones de Rubeus Hagrid (Robbie Coltrane), Bellatrix Lestrange (Helena Bonham Carter) y Minerva McGonagall (Maggie Smith). Los personajes son tantos y tan diversos que sería imposible recordar a todos, pero por ello no vamos a dejar de rendir nuestro tributo particular también a los que se fueron en algún momento de la saga, como los padres de Harry, su padrino Sirius Black (Gary Oldman), el elfo Dobby o el pobre Cedric Diggory (el crepuscular Robert Pattinson). No nombraremos por si acaso a los últimos fallen, por guardar un mínimo respeto a los despistados que no hayan leído el último libro y estén esperando descubrirlo en la butaca de cine.

Como sabemos que la pirotecnia de los efectos especiales tiene efectos secundarios desastrosos dependiendo de la manos en las que caiga, en esta ocasión, como en La orden del Fénix y El cáliz de fuego, debemos rendirnos a la sencillez de la batalla. En el cine no pueden plasmarse como en la versión impresa los dilemas de Harry, sus atormentados pensamientos, y por eso ésta última busca las panorámicas grises y rápidas, y un duelo final intenso y medido al milímetro para no cansar, solemne pero sin sensiblerías. Tenemos que reconocer que nuestro elogio viene de una base de contenidos propia de la mente  del fan cinéfilo o del lector fiel. Así que nadie se engañe: no hay sentido ninguno sin el visionado de las anteriores entregas, y apuramos, sin la lectura de todos los libros. Sin los antecedentes, sin el contexto, sin el origen, suponemos que la sensación debe ser similar a la de observar un criptograma en chino mandarín o un caleidoscopio mareante una y otra vez. 

Por nuestra parte, podemos decir que ahora nos quedamos a la deriva. Repetimos semejanza: como en los Puertos Grises donde Frodo Bolsón se largaba para siempre. Tanto es así que dos minutos después de terminar de ver la peli, y ya estamos buscando rumores sin sentido sobre posibles epílogos tan innecesarios como imposibles. Porque ya no hay nada más que saber. Harry también se ha ido y con él parte de un mundo en el que muchos buscaremos siempre un pase de entrada. Pese a nuestra triste condición de muggles, sabemos que en las aventuras del niño de la cicatriz, encontraremos la respuesta a cualquier enigma, a todo aquello que tenga que ver con la valentía, la amistad, el afán de superación, la voluntad, la honestidad, la lucha por el bien. Hoy, que tristemente observamos cómo los extremismos, la xenofobia, la sinrazón, la intolerancia, llevan a lunáticos descerebrados a arrasar con jóvenes reunidos bajo un ideal, para nosotros es un ingenuo consuelo comprobar que en la ficción mueren los malos, que la luz vence a la oscuridad, como en la Tierra Media, como en la República Galáctica, como en Fantasía, como en el Asteroide B-612, como en el País de Nunca Jamás. Gracias a ello, ya podemos pronunciar el nombre de Lord Voldemort sin escalofríos ni temores. Por eso ha merecido la pena ser Harry Potter durante casi 15 años, vivirlo hasta el final. Además, ha sido una suerte. Porque ese mundo funciona como queremos, podemos desarmar al villano a grito de Expeliarmus, y en sus contornos siempre estaremos a salvo. Así expresamos por tanto nuestro adiós definitivo, sin miedo a nada.

Como el trailer ha sido más que publicitado, os dejamos un estupendo resumen de las seis primeras películas. A lo mejor así podemos enganchar a alguno de los que han vivido todos estos años sin esta maravillosa antología de magia, tanto en la literatura como en la gran pantalla. Nosotros nos quedamos en Hogwarts, bajo su escudo protector, para siempre.

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2 comentarios

  1. Absolutamente genial vuestro tributo. Me habeis emocionado. Me faltan los libros pero me pondre. Gracias…

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  2. Gracias, Marta. Como decimos, su lectura no es obligatoria, pero descubrirás cosas sorprendentes, algunas no contadas en las pelis. Un saludo.

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