Visionado: ‘Blackthorn’, de Mateo Gil. ‘Un western de horizontes muy lejanos’

 

cuatro estrellas


Que nadie se espere ver al bueno de Butch Cassidy con su ingenioso parloteo y su mente inquieta. En la película de Mateo Gil estamos ante su resurrección, desde luego, ante su versión añeja pero en un plano, el Altiplano de Bolivia, donde las aventuras dejan de tener la torpe y entretenida épica del metraje de George Roy Hill (Dos hombres y un destino) para adquirir un tono más reconcentrado, que reflexiona sobre la vejez, la amistad y las últimas pulsiones aventureras.

Blackthorn nos invita a imaginar qué hubiera sido de Butch Cassidy si hubiera sobrevivido a la matanza del ejército boliviano. Al fin y al cabo, abandonamos a Paul Newman y a Robert Redford en una secuencia congelada. El guionista Miguel Barros se inventó que viviría varias décadas oculto en la selva boliviana criando caballos y ahorrando dinero para regresar a los Estados Unidos donde le espera el que quizás sea su hijo. A punto de reunir lo suficiente para poner tierra de por medio, Butch (Sam Shepard) despierta a los sueños de antaño al cruzarse en su camino un ingeniero español, Eduardo Apodaca (Eduardo Noriega), que huye de una muerte segura a manos del terrateniente más poderoso de Bolivia. Ambos iniciarán una última aventura para Cassidy donde, a pesar del paso del tiempo y sus inevitables desengaños, termina descubriendo el nuevo mundo, en su versión más descarnada, un golpe de gracia a una inocencia, algo demacrada, pero forjada en los valores y lealtades de otros tiempos.

Mateo Gil rinde un homenaje al western crepuscular, pero buscando una nueva identidad más allá de la grandeza de algunas obras cumbres del genero. Y cumple con su cometido. No es de recibo que, más de uno, haya tenido un flashback cinéfilo en pleno visionado, rememorando a Peckinpah y su fantástica Duelo en la alta sierra. A diferencia de aquella, en Blackthorn, a los personajes les sobra gravedad y les sobra reverencia hacia la mitología de antihéroes que caminan hacia el ocaso del western. Y eso puede hacerla un poco pesada. La narración de la película española es impecable, la lírica de su fotografía, una auténtica gozada (bellísima, deslumbrante la estampa de las salinas), pero los sentimientos y los impulsos vitales que conducen a los protagonistas hacia su inevitable desenlace nos resultan un tanto fríos, demasiado cincelados por un guión al que le falta un buen poncho donde recoger algo de calor humano, una nostalgia, si se quiere, más vivida, menos explicada. A pesar de la lograda ironía moral con la que se despide la película.

Y es que lo que más nos entusiasma de Blackthorn es su manera de descubrirnos dos destinos que se cruzan y se entorpecen, que se quedan desconcertados al confluir en el mismo camino. Son dos maneras de sentir la vida, fruto de dos tiempos que habitan en las antípodas de la moralidad, aderezado de forma inteligente con el fantasma del amigo desaparecido que nunca deja de cabalgar junto al protagonista, gracias a flashbacks bien dosificados.

Hay también en Blackthorn algo que huele a nuevo, la conciencia social que nos trae a un primer plano a los desheredados indígenas que reivindican su hueco en la mitología del western. Y un ser mágico, extraño, en otros tiempos enemigo. Un espectador de dos épocas que cuenta con la lealtad del viejo conocido y la sabiduría del borracho. El personaje que interpreta un actor al que echábamos de menos, el fantástico Stephen Rea. En cuanto a Sam Sheppard, toda una leyenda viva de la literatura y actor en su tiempo libre, ofrece una gran y medida interpretación. Noriega no se deja abrumar por su compañero de reparto ofreciendo una actuación más que digna.

 

Y por encima de todo, nos queda el asombro al haber sido espectadores de una producción bastante buena que cuenta con dos avales sin vuelta atrás: la acogida que tuvo en el Festival de Tribeca, en Nueva York y el interés de un escritor como Sheppard, que se vio tan intrigado por el guión de Barros (muy cercano a sus propios temas literarios) como para poner rumbo al Altiplano dejándose llevar por Mateo Gil. Un realizador a quien nunca le preguntó que había hecho antes de aquella aventura.

‘Blackthorn. Sin destino’ – Tráiler por elseptimoarte

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2 comentarios

  1. Vamos, que voy a verla, pero ya mismo.

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  2. Deberías para ver por qué territorios tan imaginativos han sabido conducir al western dos cineastas con mucha imaginación y talento.

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