Visionado: ‘X-Men: Primera Generación’, de Matthew Vaughn. ‘El mundo y sus desencuentros, en clave mutante’

tres estrellas


Bryan Singer vuelve a la saga X Men y, por ello, estamos de enhorabuena. No lo ha hecho como director, pues otros proyectos le han mantenido alejado del acontecer diario del rodaje, pero su mano creativa, envuelta en el guante de hierro de productor, su nuevo rol en la franquicia, está en muchos de los detalles argumentales y estilísticos de la película. Matthew Vaughn (Kick – Ass. Listo para machacar), amante de los cómics, marido de Claudia Schiffer y gran amigo artístico y personal de Guy Ritchie ha sido el encargado de llevar a buen puerto esta fantástica película en torno a la cual existían muchas reservas y muchos miedos al fracaso en la taquilla.

X-Men: Primera Generación, ante todo, deja un buen sabor de boca y no sólo por la pequeña sorpresa que se nos reserva en los títulos de crédito, un fantástico tema (Love Love) de unos Take That completamente inesperados; por cierto, no son, precisamente, santo de nuestra devoción. Lo decimos, en realidad, porque durante más de dos horas hemos podido disfrutar de un auténtico espectáculo de fuegos artificiales, en forma de efectos especiales, de una estructura narrativa cuyo objetivo es mimar el interés del espectador, pero sobre todo, del morbo que suscita conocer, con mayor profundidad, la historia de esa víctima del holocausto judío, Erik Lehnsherr, alias Magneto. Lo mejor de X-Men: Primera Generación es contemplar cómo se nos va desgranando con sutileza e inteligencia el camino hacia la decisión final que llevará a este personaje a convertirse en el villano más sugerente de la factoría Marvel. Un personaje, a fin de cuentas, que no engaña, nunca traiciona sus principios ni objetivos, se mueve por venganza y protagoniza un comprensible giro hacia la intolerancia mutante. Y en esta historia de individuos ‘re-evolucionados’, como en la vida misma, mientras el miedo a la diferencia genera comportamientos humanos intransigentes y verdugos, los verdugos, aún cuando se encuentren en un estadio más avanzado de la evolución, también se gestan en sentimientos humanos como la tristeza y la desesperación. El mismo mundo y sus desencuentros. Una fantasía que nos resulta muy cercana. Más que nunca en esta película se ponen de relieve las reflexiones que sostienen el espíritu de la saga, las propuestas morales que acompañan a la trama y a los personajes desde la primera viñeta concebida.

Mientras los profanos marvellianos se dejan asombrar por la carga dramática que acompañan el pasado de los personajes y sus relaciones, los entendidos en la materia, tienen ante sí el aliciente de comprobar que sus mitos y sus identidades, las que explican sus comportamientos en las viñetas, no caen en el más espantoso de los ridículos, como le sucedió a todo un icono, Lobezno, en el spin off que protagonizó hace unos años (X Men: Orígenes).

Más allá de los pilares del filme, también ha habido muchos detalles que nos han parecido ramplones e insufribles (dada la calidad desplegada en la mayor parte del metraje) en ciertos momentos. Ahí está, por ejemplo, esa ‘pasarela’ de mutantes que se monta en medio de una fiesta teenager, donde obligatoriamente tenemos que observar y admirar sus increíbles cualidades, aun cuando los vamos a ver, muy pronto, entrando en acción. Ahí están también ciertos giros argumentales pergeñados a toda prisa y demasiado condescendientes con los fans de la saga que han de ver reflejadas buena parte de las señas de identidad de las tramas del cómic y sus superhéroes. Salvando las distancias, en algunos momentos nos acordamos de Alatriste y su vocación de condensar varios argumentos de diversas novelas en una sola película.

Por lo demás, hay que reconocer que ha sido todo un hallazgo de Singer situar la acción en los años 60 y en pleno conflicto de los misiles de Cuba. Fue buena idea la de incrustar las batallas de mutantes en plena Guerra Fría y ofrecer una explicación demasiado lúcida, dentro de la fantasía obligada, de la tensión que vivió el planeta aquellos años.

No queremos cerrar este post sin destacar el fabuloso trabajo que realizan los dos protagonistas: James McAvoy y su apuesta por un desenfadado y vitalista Profesor X y, en especial, Michael Fassbender, un reconcentrado, torturado y seductor Magneto, lleno de matices y registros dando vida a todo un ‘humanista’ que odia a la humanidad.

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2 comentarios

  1. Yo por ver a McAvoy, veo lo que sea. Desde "Expiación" es una cosa mala lo que tengo con él. Espero que me comprendáis, seais hombres o mujeres. 😉

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  2. Es posible que alguno de nosotr@s esté muy de acuerdo contigo, Marta. Este actor brilla por donde pasa. Espero que hayas visto también "El último rey de Escocia", por ejemplo.

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