Atado en corto: ‘Binta y la gran idea’, de Javier Fesser. ‘Incluso los niños tubab’

Un día Javier Fesser conjugó el norte y el sur en 30 minutos. Acunó los valores más universales entre centro y periferia, puso su creativo pulso al servicio de la igualdad, la solidaridad y el derecho a la educación, y plasmó como nadie el sentimiento más necesario pero menos global: la tolerancia. Se trasladó durante seis meses a Casamance, en el sur de Senegal, y dejó que se fuera contando la fábula luminosa de una niña cuyo padre quiere que le escriba en una carta una gran idea para solventar los males del codiciado primer mundo. En paralelo al viaje de su padre para que su plan llegue a altas instancias, se cuenta la historia de su prima Soda, a la que su progenitor impide ir a la escuela. Con ello, desmontó de una atacada de sinceridad todos los tópicos del mal llamado Tercer Mundo.
En este filme, nominado como Mejor Cortometraje en los Premios Oscar de 2005, este cineasta inclasificable y genio publicitario, se atrevió a contraponer morales mediante un cóctel de escenas cotidianas, de humor y de magia pegada al terreno, que se incluyó dentro de un conjunto de historias que formaron la película En el mundo a cada rato, en colaboración con Unicef, para concienciar sobre la situación de la infancia en todo el mundo. Solo que en su caso fue más allá y narró, por boca de la pequeña Binta, uno de los cuentos más enternecedores ambientados en el África subsahariana.
No alabamos a Fesser solo por su sensibilidad y arrojo en un tema delicado y con enormes facilidades (que evitó con ligereza) para deslizarse por lo manido y moralista. Le alabamos porque ha sido y es un maestro del corto, maestría difícil, poco recompensada, muchas veces anónima. Desde su productora Películas Pendelton han salido a la luz auténticas genialidades, como el rompecabezas gomaespumaniano que se montó en el corto El secleto de la tlompeta, o su valentía controvertida en el ya largometraje Camino. Da igual si habla de extraterrestres gorrones y sidecars que viajan en el tiempo como en el Milagro de P. Tinto o si asume hacer de carne y hueso a Mortadelo y Filemón. Siempre está su sello personal, un tren que pasa a velocidad astronómica o alguien que se estampa contra una pared.
Con Binta y la gran idea nos dejó boquiabiertos. Recogió lo mejor de un mundo que la mayoría desconocemos, pero haciéndonos sonreir. Empleó instrumentos como las dramatizaciones teatrales que muchas ONGs utilizan para fomentar valores como la igualdad de género y la tolerancia, pero dejó un hueco para imaginar fuegos artificiales a plena luz del día, y para que entendiéramos que incluso un niño tubab puede ser feliz entre todos los que son diferentes, pero también completamente iguales. Para ello, tuvo una genial idea, la contó y queremos que se sepa. Averiguad quiénes son los tubab y el plan del padre de Binta para sostener el mundo.
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Una respuesta

  1. Maravilloso, no lo habia visto… Muchas gracias

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