Visionado: ‘The Company Men’, de John Wells. ‘Extraordinario triángulo de lunes al sol’

cuatro estrellas


Un día el sueño americano es posible. Y al otro no. Un día tienes un cochazo, un abono trimestral a un campo de golf, una casa blanca de dormitorios inhabitados, y contadas contribuciones y apariencias para poder mantenerte en la clase alta. Y plof, se acaba. Estás despedido. Hay crisis. Y se te queda cara de tonto. Concretamente la misma con la que Bobby Walker (Ben Affleck), un director de ventas de una gran empresa naval, deja churruscarse la cena mientras comunica a su mujer (Rosemarie Dewitt) que está sin trabajo. Seguirán después su camino en los reajustes de plantilla otros compañeros con más rodaje, edad y riesgo: su mentor, Gene McGlary (Tommy Lee Jones), cofundador de la empresa y último en enterarse de los despidos; y Phil Woodward (Chris Cooper), con inquietantes problemas para asimilar lo ocurrido.
A partir de ahí, The Company Men abre con gran maestría y asombrosa naturalidad dos frentes que convierten esta película en una de las más certeras del nuevo cine social de la superpotencia: el drama humano centrado en los procesos de aprendizaje, depresión o redención, que cada uno de los tres personajes emprende para hacer frente a su situación, y el análisis de la ética empresarial, repleta de una crítica aguda, sólida, pero nada discursiva ni rimbombante, del capitalismo global. La evolución de la relación entre Bobby y su cuñado Jack (Kevin Costner), su descenso en la escala social convirtiéndose en un “simple gilipollas con currículum” venido a albañil, el agrio despertar de Gene tras 30 años destruyendo los astilleros que él mismo construyó, o la desesperación de Phil cuando se da cuenta de que su vida se ha ido a la mierda pero todo sigue igual a su alrededor, como si nada. Un triángulo de historias que convergerán en algún punto, cuando sea justo y necesario, cuando haga falta un castigo o un premio, o una decisión final.
A la estupenda sensación de buen cine, de soberbio y contenido guión, de estructura sencilla y ganadora, contribuye sobre todo la dirección de actores. Hacía mucho tiempo que no veíamos una película norteamericana donde todos los personajes estuvieran tan extraordinariamente interpretados. De los veteranos Tommy Lee Jones y Chris Cooper no nos sorprende tanto tras disfrutarles de la mano de los hermanos Coen, Spike Jonze y Sam Mendes, pero del señorito Affleck como que no espérabamos tal nivel de desato interpretativo, solo sobrepasado por las estupendas secundarias: Rosemary Dewitt y Maria Bello parecen haber sido siempre quienes son en esta historia. Mención especial para Kevin Costner (aunque en el cartel aparezca con un traje que no luce en toda la película) y para la crucialidad de su personaje. Compramos un cuñado así desde ya.
Por cierto, para los que no sepan cómo funciona el mercado inmobiliario en Estados Unidos, los seguros de trabajo o las coberturas por indemnización, esta historia se convierte en todo un libro abierto para los curiosos de las economías domésticas estadounidenses, nada que ver con las nuestras. Si alguien recuerda la supervalorada Up in the air, en ella se atisbaban algunas explicaciones con buena intención pero con cierto miedo a no ser leal a la patria. Pues bien, The Company Men las explica con sencillez y claridad, para que veamos que no todo son barras y estrellas.
También salimos del cine absolutamente convencidos de que John Wells, que se estrena con este fabuloso, fresco y esperamos que trascendente largometraje tras dirigir series de éxito como Urgencias, vio en su momento Los lunes al sol. Encontramos lo que primero pensamos que eran coincidencias, pero luego intuimos como guiños a la obra magna de Fernando León de Aranoa. Ahí están tanto los astilleros como el tránsito de Phil hacia una existencia fingida y un despido no asimilado. Aquí no hay tanto tinte social, sindical y libertario, pero sí el espíritu de realismo de los que perdieron la partida. El hecho es que The Company Men guarda entre sus entrañas la inteligencia de mostrar un problema global, que también importamos en Europa, junto con las Nike y los McDonald: el rasero financiero por el que todo vale para medir el beneficio bruto de las empresas. Wells lo ficciona y explica, pero sin solución mágica, sin llorar. Sabemos que hay algo ingenuo en el mensaje de esta película, pero al final termina dando igual, porque la conclusión es que si te caes, o comes cemento para siempre o te levantas. No queda otra.
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