Publicaciones de la categoría: Disecciones

Disección: ‘El crepúsculo de los dioses’, de Billy Wilder. ‘Por las alturas de una gloria perdida’

elcrepusculo de los dioses

POR LAS ALTURAS DE UNA GLORIA PERDIDA

PANORÁMICA: 1950. El año despierta sorprendido por una pesadilla. El senador republicano estadounidense Joseph McCarthy despliega una hoja de papel donde dice que pueden encontrarse 205 nombres de personas que pertenecen al Partido Comunista y, además, al Departamento de Estado. Es el inicio de la denominada ‘Caza de brujas’, un estado de psicosis colectiva que llega a cobrarse un buen número de ‘víctimas’ entre los que se encontraban periodistas, funcionarios del gobierno, militares y gente del cine. Gentes que o bien perdían el empleo y quedaban condenados al ostracismo profesional o llegaban a la desesperación y se quitaban de en medio. En mayo, otra Declaración, esta vez francesa y constructiva, pone las bases de la Unión Europea. La ‘Declaración Schuman’ presentaba el proyecto de una Europa organizada y pacificada. También en el viejo continente germina otro discurso bienintencionado, la Declaración de los Derechos Humanos que había sido elaborada por la Asamblea General de Naciones Unidas. En Asia, el paralelo 38 (Corea del Sur) es invadido por tropas norcoreanas. El presidente norteamericano, Truman, anuncia que los EEUU no mirarán a otro lado ante este desafío y comienza la Guerra de Corea. Y en Israel, otra vez la palabra se hace destino para un pueblo. En esta ocasión, el judío, ya que el parlamento sionista aprueba la Ley del Retorno. Concede residencia y ciudadanía a todos los judíos que, desde cualquier parte del mundo, decidan regresar a lo que consideran su ‘tierra prometida’.

piscina

EL MEOLLO: La cámara se acerca al bordillo de una acera que señala un lugar mítico de Hollywood: Sunset Boulevard (el título original de la película), el corazón residencial de la meca del cine. Allí, en una gran mansión aparece el cadáver de un hombre en la piscina, sacado en uno de los contrapicados más magistrales del cine. Es Joe Gillis (William Holden), un escritor de guiones cuya voz en off, en una fórmula revolucionaria en ese momento, comienza a narrar los hechos que llevaron a su propio asesinato. Seis meses antes, Gillis, escritorzuelo endeudado y sin éxito que pulula por los estudios de la Paramount de los años 50, da con sus huesos en una enorme y ostentosa mansión de la famosa calle, huyendo desesperado de unos prestamistas. Allí conoce a Norma Desmond (Gloria Swanson) una antigua actriz del cine mudo que vive encerrada con su criado Max (Erich von Stroheim) y que sueña con regresar a la gran pantalla, ajena a la realidad de un mundo que se ha transformado y ha olvidado a sus viejas glorias cinematográficas. La mítica actriz, trastornada y apasionada, consigue convencer a Gillis a través de dinero y chantajes emocionales para que escriba junto a ella el guion de su regreso, estableciéndose entre ambos una destructiva relación de la que el escritor no sabrá cómo zafarse, asqueado y conmovido a partes iguales por la sombra de la diva que fue. Billy Wilder inauguró la década de los 50 con esta obra maestra en la que se atrevió a hacer una crítica de la parte inhumana del cine cuando este apenas había empezado a conocerse a sí mismo. Refrescando los métodos narrativos y del ‘flashback’ que él mismo fraguó en Perdición y llenando de guiños y cameos su oda a la época muda, el cineasta dejó para la historia este triste relato de talentos frustrados, dioses caídos y reinas olvidadas. Hasta Robert Aldrich una década después con ¿Qué fue de Baby Jane? nadie conseguiría un relato tan fresco, cruel y conmovedor sobre la cara oscura de la fama.

DETRÁS DE LA CÁMARAS:  Por primera vez repetimos director en una disección. En marzo de 2011, con motivo de nuestra radiografía de Con faldas y a lo loco, realizamos el perfil de uno de los mejores cineastas de todos los tiempos, que ahora volvemos a repetir:

wilderEn 1934, Dios llegó a Hollywood y no sólo hizo la luz sino que la proyectó sobre fotogramas creando, a partir de ella, magia, genio y oficio en películas inolvidables. Hablamos de Billy Wilder, el genial cineasta de origen austriaco, cuando “el exilio no fue idea suya, sino de Hitler”. Wilder es el autor de la mejor película de cine negro de la historia del cine (Perdición), de la crónica más desgarradora pergeñada para descender hacia los infiernos del alcohol (Días sin huella) y de la comedia que encontró la alquimia perfecta entre lo agrio y lo dulce en El apartamento, cimentado en un prodigio de guión. Y qué decir de Irma la dulce, aunque “esa es otra historia”. En El crepúsculo de los dioses nos brindó la mejor de sus creaciones para burlarse de las miserias de Hollywood y de la fama, para ser cruel, elegante y regalarnos algunas de las secuencias más fascinantes del séptimo arte. Todo ello narrado por un cadáver, de vuelta de todo, que se ríe de su propia suerte.

Y es que el austriaco tenía un sexto sentido prodigioso que se llamaba sarcasmo. Una intuición, casi visceral, para la narración cinematográfica a través de la cual lograba hacerse con la comedia de una manera inteligente, con diálogos amargamente divertidos que unas veces concebía en soledad y otras, en buena compañía (junto a los guionistas Brackett y I.A.L. Diamond). Además, hizo gala de una astuta psicología para meter en vereda los talentos caprichosos e indomables de ciertas estrellas. En Con faldas y a lo loco, se las tuvo que ver con la mismísima Marilyn Monroe, pero se lo tomó con calma, pues ya se había parapetado tras un guión fabuloso e hilarante, escrito junto a Diamond y cómicos de sobrado talento.

Leer más →

Anuncios

Disección: ‘Mystic River’, de Clint Eastwood. ‘A veces un hombre es solo un niño’

mystic-river-poster

A VECES UN HOMBRE ES SOLO UN NIÑO

PANORÁMICA: En 2003, febrero se puso de luto en Houston. El transbordador ‘Columbia’ se desintegró apenas segundos antes de aterrizar. Sus siete tripulantes desaparecieron al entrar en contacto con la atmósfera por culpa de una negligencia de la NASA. Y es que en ese año muchos sueños tocaron a su fin y Estados Unidos ejerció su imperio protagonizando titulares bélicos. Bush hizo la guerra a Irak a su antojo, contando con la triste comparsa del Reino Unido y España e ignorando el rechazo de la ONU y de una amplia población mundial que clamó contra la injusta campaña bélica. La guerra se resolvió en cinco días, pero incontables fueron y siguen siendo sus víctimas. Por su parte, Bin Laden y los suyos siguieron aterrorizando al planeta con sus atentados en diversos puntos donde se ubicaron objetivos occidentales. La famosa ‘Hoja de ruta’, que iba a dirigir a los pueblos palestino y judío hacia la paz quedó en papel mojado. Los atentados no dejaron de sucederse y en Cisjordania, un muro continuó ‘creciendo’ para paralizar cualquier atisbo de convivencia. El enigma del ADN quedó aparentemente resuelto: unos científicos lograron la secuenciación completa del genoma humano. Y en España, la tragedia tuvo nombre propio: 62 militares dejaron sus vidas en un fatal y mal gestionado accidente aéreo en Turquía. Aunque también hubo tiempo para las buenas noticias. El llamado ‘Asesino de la Baraja’ se entregó en una comisaría de Puertollano y Almodóvar volvió a alcanzar la gloria al hacerse con un segundo Oscar por el guión original de la fabulosa Hable con ella.

niños

EL MEOLLO: Tres niños juegan al hockey en una calle de una barriada de Boston. Cuando la pelota se cuela por una alcantarilla deciden entretenerse grabando sus nombres en el cemento todavía húmedo de una baldosa de la acera. Jimmy y Sean (futuros Sean Penn y Kevin Bacon) así lo hacen, pero mientras Dave (futuro Tim Robbins) todavía no ha escrito la segunda letra del suyo aparece un supuesto policía que les increpa su acción y obliga a este último a subir al coche. Ocurre algo espantoso, algo que conmociona al barrio y que marca la vida de Dave. Muchos años después, las vidas de los tres volverán a cruzarse por el asesinato de la hija adolescente de Jimmy, cuya investigación recae en el ahora policía Sean. El paso del tiempo, las dudas inconexas, las fatales coincidencias, la interpretación propia de los actos ajenos, los traumas de la niñez y un destino malparado harán que la pérdida de la inocencia quede suspendida en un interrogante eterno, en una imposible vuelta atrás. El gran Clint Eastwood abrió las siete llaves del baúl donde había atesorado todas sus grandes inquietudes sobre la moral y la justicia cuando hace más de diez años rodó esta adaptación de la novela de Dennis Lehane. Sombría, conmovedora, tramposa y emocionalmente contenida y afilada, su asombroso reparto y una dirección entregada por completo al sufrimiento del espectador, la convirtieron en una de las obras maestras del nuevo siglo y de toda la filmografía del cineasta norteamericano.

Clint EastwoodDETRÁS DE LA CÁMARAS: El viejo Frankie Dunn nos sacudió el alma cuando le dijo aquello de “Mi hija, mi sangre” (“Mo Cuishle”) a la moribunda Maggie en Million Dollar Baby. Aquel fue un instante cinematográfico tan brutalmente intenso y bello que supimos reconocer en él al genio, a la obra maestra, ese momento fugaz, inolvidable que sólo unos pocos artistas saben alcanzar. Aquella fue una película sobre boxeo, que parecía aburrida, pero que tuvo la astucia suficiente como para hablar de la humanidad que hay en la muerte. Y es que “El hombre sin nombre” de la Trilogía del Dólar (Sergio Leone), es hoy uno de los cineastas que mejor sabe retarnos con cada una de las películas que crea. Las plantea como un desafío para nuestra conciencia, un derechazo impío para nuestras emociones. Porque nadie como Clint Eastwood sabe meternos en auténticos berenjenales morales, en historias perdidamente amargas o románticas, en narraciones crudas y vigorosas que nunca pierden la calma. Si el héroe del spagueti-western era un tipo de silencios, el cineasta le sigue la huella porque el estilo de Eastwood es así, como ‘El Sucio’, de pocas palabras y apenas detalles, con personajes que cobran vida en la imaginación del espectador (pues se merecen un respeto) y de tomas que aspiran a ser únicas. “Otros ruedan muchas por la falta de confianza en lo que quieren”, fanfarronea el viejo Eastwood.

Debutó como director en 1971 con Escalofrío en la noche. Sorprendió al mundo con la biografía de Charlie Parker en Bird (1988); hizo que nos estremeciéramos mirando por un retrovisor en la romántica Los puentes de Madison (1995) y sobrevivió magistralmente a la muerte del western en Sin perdón (1992). Pero además, el fino sentido del humor de Eastwood se superó y perfeccionó el acento cínico para retratar a las gentes de Savannah. Aquella proeza la hizo en la fabulosa Medianoche en el jardín del bien y del mal (1997). Cartas desde Iwo Jima (2006) nos sumergió en un laberinto de túneles nipones para dejarnos al descubierto las atrocidades de la guerra y pasamos al bando contrario, al norteamericano, para cuestionar la épica de papel que hay tras la propaganda bélica (Banderas de nuestros padres). En los últimos tiempos, a pesar del maquillaje, logró atrapar, en todas sus dimensiones a una de las figuras clave de la historia norteamericana, Hoover, en J. Edgar, y supo sacarle partido a una anécdota histórica, un Campeonato del Mundo de Rugby donde descubrimos la grandeza de Nelson Mandela en Invictus. A la espera del estreno de American Sniper, la última película de Clint Eastwood, el cineasta está decepcionando con Jersey Boys, la biografía de Frankie Valli y su mítica banda The Four Seasons. Ha habido quien se ha preguntado qué se le ha perdido al director en un musical. Probablemente nada, pero por qué no probar. No todo el mundo tiene 84 años a sus espaldas, una carrera valiente y una creatividad que no se puede contener. Como él mismo dice, por si acaso, “nunca dejo entrar al viejo en casa”.

Leer más →

Disección: ‘Apocalypse Now’, de Francis Ford Coppola. ‘Sobre el filo de una navaja’

cartel

PANORÁMICA: 1979. España experimentaba las mieles de la libertad, gracias al ejercicio de la democracia: UCD ganó, de nuevo, las elecciones generales  y se celebraron las primeras  municipales libres tras la Guerra Civil. Pero más allá de nuestras fronteras, el mundo, por aquel entonces, era un auténtico polvorín. Fue un año de huidas hacia ninguna parte. El  sanguinario Pol  Pot y los suyos, los Jemeres Rojos, comenzaron el año refugiándose en la jungla porque las tropas vietnamitas lograron el control de la capital Phnom Penh. Terminaba así un régimen de pesadilla que se había cobrado más de dos millones de muertos en Camboya, aparte de cientos de miles personas torturadas. Por su parte, en Irán, se produce otra huida, la del Sha Reza Palevi y la entrada triunfal del líder chiíta, el Ayatolá Jomeini. Comienza así la República Islámica. En Nicaragua, Somoza huye de su país a Miami mientras los sandinistas forman parte de la Junta de Reconstrucción Nacional liderada por la viuda de Chamorro, víctima de la dictadura del tirano. En el Reino Unido, la conservadora Margharet Thatcher se convierte en la primera mujer europea que ocupa un puesto político de tamaña responsabilidad. 1979 llega a su fin con más turbulencias, pues la Unión soviética invade Afganistán. Una vez más, aquel hecho abrirá, con el tiempo, la Caja de Pandora.

napalm

EL MEOLLO: El capitán del ejército estadounidense Benjamin L. Willard (Martin Sheen) combate en dos guerras. Primero la suya interior, enfrentado a sus sangrantes y alucinantes demonios ante un premonitorio The End en una calurosa y claustrofóbica habitación de hotel. Y en segundo lugar, la Guerra de Vietnam, ese conflicto cuya derrota norteamericana ha sido la más rentable jamás pensada. En pleno delirio alcohólico, Willard recibe la misión de adentrarse en un lugar recóndito de la jungla de Camboya para apresar y asesinar a un ex boina verde, el coronel Walter E. Kurtz (Marlon Brando), que ha renegado del ejército y ha creado su propio imperio entre los nativos, quienes le adoran y veneran como un dios. El viaje que emprende por el río y la selva al encuentro de este personaje, junto con varios soldados, algunos pasados de rosca y otros enganchados a las drogas psicotrópicas, se convertirá en una travesía de transformación interior que termina afectando a la propia película, cada vez más irreal, más onírica, más sorprendente y gratificantemente incómoda, que obtiene su mejor catarsis en el encuentro entre Willard y Kurtz, un duelo interpretativo que ha pasado a ser referente del existencialismo, la angustia y el poder. Adaptación de la novela de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas, Francis Ford Coppola cambió el África colonial del siglo XIX retratado en el libro por la jungla vietnamita (aunque rodada en Filipinas), creando una de las películas bélicas más asombrosas del séptimo arte, objeto de miles de lecturas y engalanada en 2001 con una versión etiquetada como Redux a la que se añadieron 49 minutos de escenas eliminadas de su montaje original de 1979. Con multitud de premios, entre ellos la Palma de Oro de Cannes, Apocalypse Now, con un reparto completado –en porciones- por Robert Duvall y unos jovencísimos Lawrence Fishburne, Dennis Hopper y Harrison Ford, sigue siendo un auténtico descenso al averno, de esos de los que despiertas sudando y con las manos temblorosas después de casi haber sentido su apología del miedo.

Francis_Ford_CoppolaDETRÁS DE LAS CÁMARAS: De Michigan al cielo de su éxito y al infierno retratado en sus primeras películas. Hablar de Francis Ford Coppola es entrar de lleno en la historia del mejor cine de todos los tiempos, siendo como fue dueño de toda la década de los 70 del siglo pasado. Sin haber cumplido los 30 años, y tras haber estudiado cine en Los Ángeles, este estadounidense de ascendencia napolitana, enfermo infantil de poliomelitis y adicto a las marionetas y al cine de John Ford (por el que se inventó su primer apellido), llamó la atención de una industria en pleno aperturismo de géneros como asistente personal del genio Roger Corman. Tras una historia olvidada de mediometrajes eróticos, fue esta relación de amistad y devoción la que le permitió rodar su primera película, Dementia 13 (1963), hoy en día catapultada a los altares pese a su bajísimo presupuesto y su escasa factura. A partir de ese momento comenzaron a aflorar en largometrajes como You’re a Big Boy (1966) o The Rain People (1968) algunas de las cuestiones clave de su cine como la juventud, el sometimiento emocional y los traumas existenciales. Todos ellos confluyeron de manera definitiva en el oscarizado guion que redactó junto a Edmund North para la fabulosa Patton (1970), dirigida por Franklin J. Schaffner.  Su total incursión en el cine bélico, no obstante, todavía se haría esperar, puesto que el siguiente encargo que recibió de la Paramount Pictures fue la adaptación de El Padrino, novela homónima de Mario Puzo –con el que escribió el guion- que prácticamente se acababa de publicar, que terminaría convertida en una soberbia trilogía  y que le consagraría como uno de los cineastas más influyentes del mundo. Su trabajo con Marlon Brando, Al Pacino o Robert Duvall resulta todavía absolutamente perfecto, como el que añadiría con Robert de Niro en El Padrino II (1974). Entre medias de ambas entregas y en pleno éxtasis de inspiración rodó La conversación (1974), una bellísima y triste historia de espionaje y saxofones protagonizada por Gene Hackman que todavía hoy no consideramos suficientemente reivindicada.

De cualquier forma, el gran éxito en taquilla y público le hizo prácticamente millonario, lo que abrió las puertas a su valiente y muchas veces desinteresada faceta como productor, siendo entonces el mecenas de su amigo George Lucas en American Graffiti y posteriormente de Akira Kurosawa en Kagemusha. Pero tras muchos años de darle vueltas y algún que otro desánimo derivado del miedo al fracaso, Coppola decidió casi a finales de la década que había llegado el momento de dar un paso más por delante de sí mismo, dejando anonadado a medio mundo con Apocalypse Now (1979). El cineasta quiso embarcarse en este proyecto como homenaje a los intentos frustrados de Orson Welles de realizar esta adaptación de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad años atrás. El rodaje y el resultado hicieron saltar la línea roja de todas las estadísticas. Interpretaciones majestuosas, traumas reales de sus protagonistas, banda sonora de vértigo, escenas demenciales, rodaje traumático, presupuesto disparado y problemas de posproducción merecieron al final la pena de su tesón. Muchos apuntan que Coppola nunca pudo recuperarse del esfuerzo titánico que le supuso esta película, y que su carrera posterior fue una auto-cura de humildad y un regreso a cuestiones más urbanas y melancólicas, como reflejó en La ley de la calle (1983), en la generacional Rebeldes (1983) y o en la siempre infravalorada Cotton Club (1984). Ya en los 90 destacó por su (libérrima) adaptación del Drácula de Bram Stoker y la tercera entrega de El Padrino, y en el presente siglo, por la irregular pero sorprendente Youth Without Youth (2007) y la incomprensible y surrealista Tetro (2009). Hoy en día, mantiene la tutela de numerosos cineastas, entre ellos su hija Sofia Coppola, y su oronda sombra de gran hombre del cine, solo compartida con su hermano italo-americano Martin Scorsese. El capitán Willard afirma al principio de Apocalypse Now que nunca querría otra misión como la que le es asignada al buscar al coronel Kurtz. Al igual que nos pasó a nosotros con Coppola tras ver esta película.

Leer más →

Disección: ‘Memento’, de Christopher Nolan. ‘No me acuerdo de olvidarte’

Memento

NO ME ACUERDO DE OLVIDARTE

PANORÁMICA: El planeta se levantó con la resaca del ‘efecto 2000’ sin que ninguna catástrofe apocalíptica se llevara por delante los sistemas informáticos. Es más, en ese contexto la empresa Microsoft se atrevió a lanzar su sistema operativo Windows 2000. Más allá de la esfera virtual, nada nuevo bajo el sol. Muchas cosas fueron un reflejo similar de ciertos acontecimientos de nuestros días. Así, mientras el ejército ruso invadía Grozni, la capital chechena, el partido de Helmut Kohl, la Unión Cristiana Democrática, tuvo que pagar 18 millones de marcos (3500 millones de pesetas) por haber cometido irregularidades contables. Este fue también el año en el que se perfilaron los futuros acontecimientos que sacudirían, tiempo después, el mundo. Por un lado, Saddam Husein impidió que el Consejo de Seguridad de la ONU enviara aquellos inspectores que debían buscar las ‘presuntas’ armas de destrucción masiva. Por el otro, George W. Bush ganó las elecciones en Estados Unidos tras un polémico recuento de votos en el estado de Florida. En nuestro país, sin embargo, el panorama era diferente, aunque también se vivían tiempos agridulces: y es que España fue la nación que más empleo y riqueza creó en la Unión Europea, pero también fue un año en el que no dejaron de sucederse atentados de la banda terrorista ETA que sumaron 24 nuevas muertes.

lenny tatuado

EL MEOLLO: Leonard (Guy Pearce), antiguo agente de seguros, no puede guardar nuevos recuerdos a causa de un brutal golpe recibido en la cabeza. A modo de epitafio, su memoria se ha detenido en un hecho trágico: la violación y muerte de su esposa. El suceso le dejó atrapado para siempre en el dolor y en el odio. Por eso, aunque corra el riesgo de no poder acordarse de ello, Leonard sabe que tiene que vengar el crimen. Para ello crea un complejo sistema de pistas, que se va dejando a sí mismo, y que le permitirá recordar los avances de su investigación. Anotaciones, Polaroids, tatuajes en la piel y los automáticos ‘condicionantes’ son los únicos apoyos que tiene para lograr su objetivo sin que las mentiras de la gente que le rodea, ni siquiera las suyas propias, reescriban sin piedad su patética historia, una y otra vez.

DETRÁS DE LAS CÁMARAS

NolanCHRISTOPHER NOLAN: La memoria inventada, los sueños escarbados dentro de otros sueños, las conciencias angustiadas, la realidad desenfocada, la culpa como único respiradero o el amor perdido. Estos y muchos otros temas son los habitantes de la imaginación oscura, lírica y febril del director británico Christopher Nolan. Las constantes artísticas de un director joven que cuenta con 10 películas en su haber (11, si contamos la que está realizando en estos momentos, Interstellar) y que, sin embargo, se ha convertido en uno de los creadores más apasionantes de la industria del cine de todos los tiempos. Dicen que la necesidad de contar historias le viene de niño, de aquellos momentos en los que realizaba películas caseras utilizando juguetes y una cámara Súper 8 de sus padres. Más tarde, mientras estudiaba literatura inglesa, se aventuró a realizar sus primeros cortos hasta que en 1998 emprendió su primer largometraje, Following. Se trataba de una película corta de suspense sobre un escritor sin ideas que intenta encontrar a su “musa” en la calle persiguiendo a la gente que encuentra en ella. Después vendría Memento (2000), su debut en los circuitos comerciales más amplios y un rotundo éxito de crítica que le permitió acceder a grandes estrellas (Al Pacino, Robin Williams) y producciones de mayor fuste. Así, pudo rodar la alucinada y deslumbrante Insomnio (2002).

Fue la antesala para que la Warner le confiara a una de sus más preciadas criaturas: la adaptación, una vez más, de las aventuras de Batman. Nolan, al fin, hizo justicia con el personaje de DC Cómics al presentarlo al gran público oscuro y atormentado, un traje que siempre debería haber llevado. Con Christian Bale como artífice de esta afortunada puesta en escena, el director realizó tres catedrales fílmicas sobre el superhéroe: Batman Begins, El Caballero Oscuro y El Caballero Oscuro: La leyenda renace. Entre medias, Nolan volvió a colaborar con su hermano Jonathan como guionista, para realizar El truco final (El Prestigio, 2007) la emocionante y original historia de una letal rivalidad entre ilusionistas a comienzos del siglo XX. En 2010, el realizador se colaría para siempre en nuestro subconsciente dejándonos la semilla de una fascinación, la película de culto Origen, su obra maestra. Escrita, producida y dirigida por el realizador británico, nos llevó por los caminos tortuosos de los recuerdos que se confunden con los sueños y nos presentó a un ladrón de secretos empresariales que se ocultan en lo más remoto de la mente. En noviembre de este año, el director regresará a los cines con Interstellar, con guión firmado por él mismo y su hermano Jonathan y con la que viajaremos a otra dimensión, ahora sí, más allá de nuestra mente. Al otro lado de un agujero de gusano junto a un reparto de lujo encabezado por Matthew McConaughey, Anne Hathaway y Jessica Chastain.

Leer más →

El reino del exceso

Pantanoso website de arte, literatura, cómics, cine y algo de porno. En las ondas en Radio en Exceso.

todocinemaniacos

Blog dedicado al Séptimo Arte

Extracine

El mundo del cine en un blog

A %d blogueros les gusta esto: