Visionado: ‘The Master’, de Paul Thomas Anderson. ‘El mago de la manipulación emocional’

cuatro estrellas

Dice Paul Thomas Anderson que utilizó para The Master la película de formato de 70 mm porque su “textura le podía llevar al periodo en el que tiene lugar el filme, los años 50″. A lomos de esa atmósfera de fotograma, el realizador nos traslada a la Norteamérica que despertaba del mal sueño de la guerra para descansar en una paz fructífera y consumista. Un tiempo tan bueno como cualquier otro para el desconcierto vital, sobre todo, el que sufrían un montón de veteranos de la Segunda Guerra Mundial que, tras la contienda, deambulaban deprimidos y sin saber muy bien qué hacer con sus huesos. En ese periplo errático nos encontramos a Freddie Quell (Joaquin Phoenix), un antiguo soldado que malvive embriagado y dando tumbos de un trabajo a otro. Una noche y tras ser despedido de su último empleo, Freddie busca refugio en el yate de Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), un escritor y científico que lidera una secta denominada ‘La Causa’. El maestro Dodd ofrece a todo aquel que se le acerca pidiéndole ayuda una especie de terapia ‘seudofilosófica’  que es ‘mano de santo’ para curar los traumas del pasado… Ambos entablarán una fuerte relación de amistad.
The Master es la historia de un mentor y un discípulo, es la historia de un mismo hombre que se ve reflejado en la mirada enfrentada de dos seres opuestos: el intelectual de larga y copiosa familia y el hombre solitario, rudimentario y errante. Ambos son igualmente unos buscavidas, unos pícaros que, a pesar de sus diferencias, entienden un mismo lenguaje y comparten el rechazo de la sociedad. Es también una película compleja y misteriosa… Gran parte de su poder de fascinación reside en su capacidad de crear incógnitas. La película es una continua sorpresa, un relato impredecible que lo último que busca en el espectador es la empatía hacia sus personajes.
En este sentido, Thomas Anderson es un brillante manipulador emocional puesto que sabe perfectamente cómo despertar en los espectadores sentimientos encontrados hacia sus protagonistas. La repulsión y el extrañamiento que sentimos, en un principio, hacia Quell, un tipo ‘salido’, voraz y con maneras de animal enjaulado, va dejando paso al retrato de un hombre  que busca, por un breve instante y de forma patética, huir de la soledad y reconciliarse con sus semejantes. Utiliza el mismo conjuro cinematográfico para representarnos al farsante Lancaster. Thomas Anderson no le juzga ni le denuncia porque tampoco tiene interés alguno en comprender su naturaleza. Su historia sigue siendo la de un encuentro, la extraña relación simbiótica que establecen  dos seres humanos que se reconocen en su aislamiento.
De manera tangencial, a lo largo del relato, se  deja una puerta abierta para la reflexión sobre las sectas y su manera de devorar  la voluntad de los hombres. En concreto, deja entrever el nacimiento y posterior éxito de la Cienciología. Aunque Thomas Anderson insiste en que el creador de la secta, L. Ron Hubbard, tan sólo fue  para él un punto de partida, en The Master se pueden reconocer buena parte de los mimbres de la Iglesia de Hollywood. No faltan las reencarnaciones,  la hipnosis terapéutica, las lecciones pedantes y simplonas de autoayuda… 
Algunos de los mejores momentos de la película, de hecho, son aquellos en los que las enseñanzas del maestro caen en contradicciones. Por ejemplo, la secuencia en la que el personaje de Laura Dern, una de las benefactoras de ‘La Causa’, demuestra conocer mejor que Dodd sus enseñanzas o aquella de la fiesta de la alta sociedad neoyorkina donde uno de los invitados desmonta, con un par de argumentos lógicos, toda la farsa construida por el maestro.
La película roza la condición de obra maestra, en gran medida, por los trabajos de sus protagonistas. Joaquin Phoenix compone una interpretación desmesurada, barroca e inquietante para su papel de Freddie Quell. Ante nuestros ojos se transforma, se convierte en un medio hombre – medio animal con rasgos simiescos y actitud de abandono. Philip Seymour Hoffman, por su parte, juega en otra liga. Menos intenso y más sutil, logra, en algo más de dos horas, revestir de humanidad el carisma de un charlatán magnético. Sabe cómo darle credibilidad a un inventor de dudosas verdades, a un ‘Mesías’ de consumo rápido. 
 
El poder de fascinación que transmite la película ya se deja ver en su trailer:
 

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3 comentarios

  1. No entiendo por qué no está entre las categorías de Mejor Dirección y Mejor película. Totalmente de acuerdo con vosotros. Abrazos, cinetarios

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  2. Es curioso, precisamente ayer vimos una entrevista a uno de los hermanos Weinstein donde reconocía que no habían sabido promocionarla adecuadamente. Aquí creemos que es más cuestión de dificultad e intensidad narrativa. Y además, Paul Thomas Anderson nunca ha sido comercial, eso es así.Otro abrazo para ti.

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  3. Gran película 'The Master', la mejor del año, cine y conocimiento, sobre la naturaleza de la locura, la amistad, de la relación maestro y discípulo, sobre la vida misma. Interpretaciones geniales… y un barco que se dirige a China. a solas, para uno mismo. Un saludo!!!

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